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Mi Tribuna

Del virus del ébola al virus del fútbol

Octubre 12, 2014

España está infectada, pero no solo de ébola. La afrenta soberanista se mezcla con esta crisis sanitaria que se ha politizado tanto como el perro Excalibur. Pero mientras esta civilización que llega a la luna es incapaz de encontrar un antídoto para curar una enfermedad que mata a personas, todos tranquilos porque hemos encontrado un medicamento para evitar la fractura nacional desde Cataluña: el fútbol.

No es un chiste. Más bien va en serio aunque fuera de nuestras fronteras nos tomen por unos chiflados que se azotan por no entender aquello de la singularidad catalana al tiempo que en Madrid el ébola salta del Carlos III a Alcorcón y recorre la clase política como si curar a un enfermo estuviera en manos de los políticos.

Pero vuelvo a esto de la independencia porque la sensibilidad del bloque soberanista ha quedado retratada mientras España se infecta. A lo suyo, Artur Mas y su banda de trileros políticos mantienen su pulso al Estado de espaldas a la ley, al Constitucional e incluso de espaldas al ébola. Hace tiempo que la acción política en Cataluña está absorbida por las tenazas de ERC, que tiene agarrado al gobierno de CiU por los cataplines del fracaso desde que el president convocó unas elecciones anticipadas para ganarlas y resulta que le dieron una patada en el trasero para perderlas. En ese momento, Mas transformó su mensaje y se agarró al poder de la mano de los separatistas que le llevan de cabeza al abismo del 9-N, al abismo de las encuestas y a un final político encadenando torpeza tras torpeza.

La solución del fútbol

Tranquilos. Cataluña seguirá en España. Ya veremos cómo y de qué manera. Pero esta España ingeniosa ya ha encontrado la luz al final de este túnel interminable. No sé si el fútbol responde a aquello del opio del pueblo, pero sus pasiones traspasan fronteras y nunca mejor dicho. Si el Barça no puede jugar la Liga española, ¿qué será de nosotros? Y de ellos, claro. Del Barcelona y del negocio del fútbol español en general que perdería a una de sus gallinas de los huevos de oro. Ya, ya sabemos que hay más equipos catalanes pero el Barça es una especie de Ministerio de Asuntos Exteriores con un poder infinito. Por eso es difícil entender una España sin clásicos que llenen los bares, disparen los abonados a las plataformas televisivas y paralicen un país dividido, en esto también, entre el blanco y el blaugrana.

No es cuestión de frivolizar. Ni mucho menos. La hipocresía general nos despierta la indignación o la preocupación cuando el ébola se instala en España mientras en África mueren a miles. Nos pilla lejos y el interés informativo se dimensiona de otra manera cuanto más cerca esté de nosotros. Miramos hacia el ébola con asombro y nos manifestamos por salvar al perro Excalibur mientras sus dueños luchan por salvar sus vidas. Esto del ébola no es nuevo, y tampoco la cuestión soberanista. Pero en Barcelona siguen a lo suyo de la encuesta porque su virus es diferente al que amenaza  Madrid. Si la consulta sigue adelante, el separatismo acabará estrellado en las redes del fútbol. Pero si el ébola no se detiene el problema también será político. Y de los demás, claro.

Félix-Ángel Carreras Álvarez</strong>
Director Tribuna Valladolid