Menú Portada
Mi Tribuna

Del espíritu de la transición al altavoz de la traición

Enero 18, 2016
bescansito

Desde hace años, los españoles presumimos de nuestra joven democracia alardeando del espíritu de la transición y la capacidad de entonces para mezclar diferentes sensibilidades políticas en torno a una nueva idea de España. Aquella conjunción de ideas, con la generosidad de los que más renunciaron, propició un nuevo Estado que disfruta de un régimen de derechos, deberes y libertades. Presumíamos también de nuestra madurez y seriedad en el respeto a las instituciones por encima de otros pensamientos o banderas.

Por entonces no nos imaginábamos un Parlamento con escenas como la protagonizada por la pornodiputada Cicciolina en Italia, literalmente a pecho descubierto, ni comprendíamos como podía colarse en la vida política Beppe Grillo, un personaje equiparable a tener en nuestro Congreso, con todos los respetos, a Ozores, Parajes o Esteso. Eso era otra cosa, decíamos, porque en España nos tomábamos la política en serio.

El numerito de Carolina Bescansa

Han llegado los nuevos tiempos para instaurar el pasen y vean. Un show en toda regla donde prima el pintoresco espectáculo y se olvida la verdadera esencia de por qué estos señores ocupan los diferentes escaños. El numerito de Carolina Bescansa puso al Parlamento español en la órbita de la prensa internacional con las formas por encima del fondo real, eclipsando la trascendencia y el significado de la composición de una Cámara decorada con palmeros, banda de música y actitudes antes impensables.

Pero hay cuestiones todavía más insultantes que atentar contra aquellos padres que no pueden llevar a sus hijos a su centro de trabajo que, además, dispone de un servicio de guardería. Como estamos en una absoluta indefinición política sin precedentes, el préstamo de diputados que ha realizado el PSOE a los independentistas catalanes es otro ejercicio de deslealtad al momento que vivimos. Aunque haya sido una práctica habitual y se considere un gesto de cortesía política practicado a lo largo de la historia por diferentes partidos, precisamente ahora es necesario cuidar determinados movimientos que pueden llevar a la confusión. Dar voz en el Senado a quienes están empeñados en romper la unidad de España no es la mejor tarjeta de presentación de una fuerza política cuyo líder ambiciona el poder a costa de pactar con el diablo.

Envueltos en esteladas

Ese diablo no viste de Prada, está envuelto en una estelada y dispone ahora de los mayores y mejores recursos que supone contar con grupo parlamentario propio gracias a la cortesía socialista. Poder conformar un grupo significa estar fuera del entramado complicado del grupo mixto y ver aumentados los recursos económicos para dotar de mayor infraestructura tanto técnica como personal a la formación correspondiente. Es decir, que el PSOE ha subido el volumen del altavoz independentista en la Cámara Alta porque también aumenta el tiempo de intervenciones, posibilita las comparecencias públicas de quien asuma la portavocía y puede presentar proposiciones de ley o no de ley con la única firma del portavoz correspondiente, así como formular enmiendas a la totalidad. Vamos, una gracia que debería llamarse traición eso de la cortesía parlamentaria con aquellos que, precisamente, quieren despedazar ese Parlamento.

¿Qué nos espera por delante? Una incertidumbre absoluta que no aclara nada del futuro y la sensación de que, podría ser, a algunos les interesa estirar la tensión hasta el abismo de unas nuevas elecciones que perjudicaría a quien quede señalado como culpable de no haber facilitado el tránsito normal de la vida pública, aunque sea entre bebés, préstamos y toda la jarana que se ha instalado en nuestro Congreso de los antes llamados Diputados.

Félix-Ángel Carreras Álvarez

@fcarreras68