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Los puntos cardinales

Dejen que el Líbano se libere de Siria y elija su futuro por sí mismo

Octubre 30, 2012

A finales de Mayo en esta misma sección les contábamos que se comenzaban a registrar movimientos armados entre partidarios y detractores del presidente sirio, Bashar El Assad, en Beirut y otras ciudades del Líbano. Desgraciadamente, era la consecuencia lógica de lo que estaba pasando en Siria, el país que en su día llegó a la pequeña nación de los cedros como fuerza árabe de paz y acabó por quedarse como ejército de ocupación durante casi treinta años. 
Ahora, el Líbano vuelve a ser el polígono de experiencias donde los sunnies respaldados por Arabia Saudí y los chiítas de Hizbullah, que ejercen de satélite o franquicia de Irán, disputan influencia, tanto política como religiosa. Las comunidades sunníes del norte libanés han venido ayudando a los grupos rebeldes sirios con alimentos, armas y medicinas. Hay un enorme sentimiento de odio hacia el clan de los Assad que se inició en la época de Hafez, el padre de Bashar, quien a base de ser visto tanto desde Occidente como desde Israel como un elemento estabilizador acabó por convertirse en el auténtico poder en el pequeño país vecino, con un contingente militar superior a los treinta mil soldados. Muerto Assad en el 2000, cuatro años más tarde la ONU resolvía que Siria no podría seguir ocupando por más tiempo el Líbano en calidad de fuerza pacificadora. Libre el país de las tropas sirias e israelíes, la cuna de los fenicios podía por fin iniciar la búsqueda de su propio futuro. Pero apenas un año más tarde la persona en cuyos hombros descansaba la reconstrucción del país, Rafik Hariri, moría destrozado a las puertas del lujoso hotel Intercontinental Phoenicia de Beirut, donde se erigió una estatua de bronce en su recuerdo. La investigación del magnicidio, repleta de trabas, apuntaba a los servicios secretos de Damasco. Ahora, siete años después, el asesinado ha sido el responsable de la inteligencia libanesa, Wisam Al Hassan, un sunní que dirigió los trabajos para esclarecer quién estaba realmente detrás del atentado contra  Hariri.

Riesgo de fragmentación
Desde las principales cancillerías occidentales se ha advertido del riesgo de que el pequeño país vuelva a fragmentarse, cuando toda una generación hace esfuerzos encomiables para recuperarse de las heridas y los terribles efectos de su guerra civil. Los líderes políticos libaneses se han propuesto mantener reunidas todas las piezas del complicado puzzle, pero son conscientes de que su tarea choca con las voces de la calle, con barrios divididos por barricadas y patrullas de civiles armados hasta los dientes, porque hay demasiados arsenales sin control en este país.
Quizá el grupo más importante de todos los que configuran el mapa multicolor libanés sea la milicia chiíta de Hizbullah, con respaldo de Irán y de la Siria baazista de los Assad. Tengamos también en cuenta que la inteligencia está dirigida por un equipo sunní contrario al régimen siro mientras que el directorio de seguridad nacional mantiene estrechos lazos con Hizbullah y, por ende, con Damasco y Teherán.
No nos atrevemos a predecir cuál será el futuro del país, pero sí cabe pensar sin temor a equivocarnos que estará inexorablemente unido al de su vecina Siria. De manera que la historia se repite contra de los libaneses, otra vez incapaces de ser los únicos dueños de su destino.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.