Menú Portada
¡Qué fuerte!

Defensores de lo indefendible

Junio 20, 2013

Siempre me he preguntado si un abogado que defiende a un asesino confeso o condenado, puede dormir por las noches y tener la conciencia tranquila. Partiendo de la premisa de la presunción de inocencia, mientras no se demuestre lo contrario, y de que todos tenemos derecho a una legítima defensa, está claro que prejuzgar es un error en el que casi todos incurrimos alguna vez. Pero cuando todos los indicios apuntan a que el presunto delincuente es culpable, la razón y la lógica pasan a un segundo o tercer plano, apoderándose de ellas lo visceral y la indignación. La pregunta del principio me la hice en el caso del asesino de Sandra Palo, por ejemplo, declarado culpable y ya en la calle gracias a un abogado que hizo bien su trabajo. Igual me ocurrió con Miguel Carcaño: un joven que se declara culpable pero que, quizás asesorado por su abogada, miente cien veces y da cien versiones diferentes de cómo la asesinó y de dónde está el cuerpo de Marta del Castillo. En estos dos casos los personajes ya están condenados y declarados culpables, de ahí que mi pregunta sobre la conciencia de los que defienden y luchan, si no por su libertad, al menos por una condena lo menos dura posible, no pare de rondarme la cabeza.

Juicio de José Bretón

Estos días estamos asistiendo, por fin, al juicio de José Bretón sobre la desaparición y presunto asesinato de sus hijos, Ruth y José. Todos los indicios apuntan a que José asesinó a sus hijos, pero ninguna prueba es concluyente como para poder afirmarlo y condenarlo. Bretón dice que perdió a sus hijos en un parque pero las cámaras de ese parque no grabaron en ningún momento a los niños. Justo esos días fue al psiquiatra para que le recetara pastillas, con las que, presuntamente adormeció a los niños, pero en la segunda declaración afirmó que fue el psiquiatra quien se las ofreció. Es mucha casualidad que después de la desaparición de Ruth y José, él hiciera una hoguera en su finca para quemar apuntes de su ex mujer, apuntes que la policía encontró en la casa de Las Quemadillas el día del primer registro. Más casualidad todavía es que comprara dos garrafas de gasoil con la excusa de que le salía más barato. Y la casualidad más rotunda es que en esa hoguera no quedaran restos identificables de ser humano debido a las altas temperaturas alcanzadas en la hoguera que, curiosamente, pueden conseguirse gracias al combustible. No me dirán que no es para pensar lo peor. Y ya no sólo por esto, sino porque, además, Bretón se ha mostrado impasible, e impertérrito ante la desaparición de sus hijos: no ha flojeado, no ha llorado, no ha dado una mínima muestra de dolor, pena o desazón. Todo esto unido al difícil y complicado carácter del presunto asesino -maniático, controlador, manipulador, rencoroso, etc, dicho por los que le conocen- hacen que tenga todas las papeletas para ser el culpable y sea condenado. A pesar de todo, no debemos prejuzgar ni condenar antes de tiempo. La justicia y el jurado popular darán su veredicto y así lo acataremos pero, Ruth jamás podrá volver a besar a sus pequeños por culpa de un ex marido celoso, posesivo y vengativo que los perdió en un parque. Así que, a pesar de la presunción de inocencia y del derecho a la legítima defensa, me pregunto y lo seguiré haciendo, cómo duermen los abogados defensores de tipejos mal nacidos como Bretón, Carcaño o el Rafita. Es una pregunta, sólo por curiosidad.

Rosana Güiza Alcaide