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A renglón seguido

De la panza sale la danza

Septiembre 9, 2015

Bueno, pues ya estamos concluyendo nuestro canicular recorrido por el calendario poniendo fin a los meses estrella no lectivos, durante los cuales hemos hecho un alto en la estación del descanso; excepto los agotados de buscar con denuedo una ocupación, que, y siempre según el DRAE, también disfrutan, paradójicamente, de su particular vacación: Descanso temporal de una actividad habitual. El que no se consuela, es porque no quiere, mientras pilotan la nave de la desesperanza laboral convertidos en esforzados astronautas del lado oculto de su particular luna de inactividad.

Pero de entre los más afortunados, hayan descansado o no en las volcánicas islas, el problema que se les ha planteado, al margen del siempre exiguo tiempo de ocio, ha sido el del poco estético sobrepeso que se pone de manifiesto al desvestirnos de Adán y Eva en los múltiples arenales que perfilan la costeña piel de toro.

Molesta adiposa compañía

¿Y cómo eliminar esta molesta adiposa compañía de nuestro cuerpo del delito de gordura? Pues muy sencillo, acudiendo al buen criterio deontológico de nutricionistas, endocrinos y dietistas, quienes, con la fórmula magistral del buen saber y mejor hacer hipocrático, orientan de forma profesional a los aspirantes a perder el trono lipoideo que se manifiesta visualmente cada vez que se enfrentan al felón espejo. ¡Y no digamos a ojos del vecino de toalla!

Sabemos que comer sensatamente, es tan fácil como dejar de fumar: muchos lo han conseguido centenares de veces. No habría problema, si no fuera por un único inconveniente: el enfrentamiento a la incontinente reincidencia con la pertinente recaída en los sabrosos hábitos que nos procura la costumbre. El principal ingrediente de los que pasan por nuestros dientes es la suma excesiva de calorías, denominadas kilojulios incluso en pleno Agosto y durante el resto del año, que, a diferencia de las bicicletas, no sólo son para el verano, sino para todo el año; incluido el invierno, en el que, deduzco, un régimen será a base de restar friorías.

Cierto componente lúdico

La disminución de peso no deja de tener un cierto componente lúdico, al existir las llamadas dietas “yo-yo” que te ‘descienden’ al cielo y te ‘suben’ al infierno. Otras como la del “cucurucho”, que no voy a describir aquí por estar en horario infantil de lectura, resultan mucho más placenteras. Existe, asimismo, un claro perfil de idietas que se inclinan ante el reclinatorio de las dietas vaticanas, más conocidas como “milagro”, y que actúan en el organismo como nos recuerda el código alimentario del boca a boca: “los hombres mucho prometer hasta…, y después de haberla…, se acabó lo prometido”. Te levantan la pasta, y no la de sémola precisamente, y si te he visto, no me acuerdo.

Propongo rescatar la práctica de menos plato y más zapato, y trasladar un pequeño catálogo alimentario, enemigo de la séptima letra del griego clásico, orientativo para venusinas y apolíneos: No panceta, no croqueta, no chuleta, no paleta, no gallineta, no salseta, no galleta…, pero sí de pescado caldereta y los chipirones de guadañeta (bien frescos para no irse de vareta), coronados al fin y “a los postres” con el hipocalórica práctica deportiva de más bicicleta y menos Lambretta.

Hasta la Navidad, la desengrasa Montoro

 ¡¿Qué fue de aquellos tiempos en los que “ellos las preferían gordas y apretás” (Gurruchaga), o susurrábamos con fruición “la Ramona” (Esteso) –previas ambas a las Supremas de Móstoles-?! O nos divertíamos con la presencia del orondo cómico Roscoe –su nombre lo dice todo- Fatty (gordito) Arbuckle. ¿Y qué hubiera sido de Stan Laurel –algunos están como él por su afición al condimento- sin la compañía de Oliver “pesadito” Hardy inmortalizados, inversamente, como ‘el Gordo y el Flaco’? Pero que no cunda el pánico, no corre peligro el jugoso “Gordo” de la Navidad al que desengrasa Montoro con sus retenciones de líquido al cobro en origen.

Menos mal que siempre nos quedará París. Y la panza, de donde sale la danza; eso sí, siempre en detrimento de la entrañable tripa y acolchada barriga.

Paco de Domingo