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Mi Tribuna

De Europa para abajo, hacer sencillo lo que parece difícil

Septiembre 7, 2015

El drama de los refugiados ha servido para destapar las vergüenzas solidarias de más de uno.  Europa necesita una revisión profunda y no mirar hacia el lado del desinterés en función, paradójicamente, de lo que más le interesa. Lo hemos visto con la crisis generada por Grecia y lo estamos viendo ahora, cuando se necesita una acción enérgica para ayudar a personas desamparadas por la guerra en su país; no cruzan fronteras como inmigrantes ilegales en busca de una valla salvadora o aferrados al milagro de una patera. Dejan atrás vidas, hogares y familias simplemente porque les matan. Y es necesaria una solución política global que borre de un plumazo estaciones de trenes repletas de desesperación, con imágenes que inevitablemente nos trasladan a otras épocas. Es precisa una reflexión con la foto del niño ahogado encima de la mesa de los políticos que se reúnen y tardan una eternidad en accionar mecanismos de respuesta a la altura de las urgencias.

Se nos llena la boca a la hora de presumir de alianzas internacionales, pero esta vieja Europa, afincada políticamente en Bruselas, ha permitido un espectáculo irrisorio cuando el ex presidente griego lanza un órdago a todos los países miembros con la retahíla de la deuda; que si pago o no pago para finalmente acabar pasando por un aro que le obliga a pagar y a dar explicaciones en forma de nuevas elecciones. Todo un número. Alexis Tsipras es el fetiche de Pablo Iglesias, pero ya hemos visto cómo se desinflan los dos. Uno porque no puede cumplir con sus promesas y Europa le obliga a pasar por caja. Otro porque su tinglado propagandístico se desmorona  cada minuto que pasa en una política que no es política, en un revuelto de siglas y nombres, de idas y venidas. Lo que unos llaman populismo es falsismo, porque los programas electorales de Iglesias tienen tantos matices como sus intereses.

Al menos, parece que Europa tiene las cosas claras en cuanto al desafío soberanista que España le ha dejado plantear a Artur Mas. Hace tiempo que esta broma debería haberse terminado, pero el sentido pusilánime del gobierno español ha dejado que una pequeña bola de nieve se haya convertido en todo un glaciar.

Reforma a toda prisa

La cuestión ahora está en la reforma del Tribunal Constitucional como una amenaza para aquellos que no cumplen la ley. Está bien eso de tener que aplicar modificaciones express porque los políticos se saltan las normas. La pregunta es, ¿a qué vienen esas urgencias cuando sabíamos que Mas había hecho oídos sordos con todas las sentencias que ponían en entredicho sus políticas separatistas? El presidente de Cataluña practica el chantaje como estrategia y, hasta la fecha, le han dejado hacer hasta crecerse en el convencimiento de que es intocable. Planteó un referéndum cuando le dijeron que no podía hacerlo, pero lo hizo plantando en la cara de Rajoy una consulta ilegal. Ahora llega con este plebiscito y las amenazas de sus consecuencias. Artur Mas sabe que, internamente, le da igual el resultado de las elecciones partiendo de una premisa clara: ganará o no, pero obtendrá un importante respaldo.  Sin embargo, ya ha lanzado un debate o reto acerca de la cuestión catalana que nunca estuvo tan candente. Europa, y volvemos a su utilidad, le ha advertido de las consecuencias de una secesión.  Le importa poco en su desafío.

El caso es que las locuras de Mas se han convertido en un gran negocio para muchos. Sin ir más lejos, el periódico La Vanguardia no ha dudado en ponerse al lado del independentismo teniendo en cuenta que solo en el año 2014 recibió nueve millones de euros reconocidos en forma de subvenciones directas desde el Gobierno de Cataluña. No está cuantificada la cantidad añadida en forma de publicidad, pero no es difícil imaginar que la cifra será sensiblemente mayor. Tal y como está el mercado publicitario, y mucho más la pronunciada curva descendente de la prensa impresa, sale rentable ser leal a una deslealtad.

Pero bueno, empezamos el curso como lo acabamos, con una sensación de estar sometidos a los caprichos de los que mueven los hilos como si el resto fuéramos marionetas de su guiñol. La sensación es de liar demasiado esta madeja. De Europa para abajo, una política firme no hubiera permitido el cachondeo de Tsipras, el éxodo sin control de los refugiados en forma de un futuro mejor y esta pasión de catalanes que es el culebrón de Mas y sus deseos soberanistas.

Félix Ángel Carreras

@fcarreras68

Director de Tribuna Valladolid