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Otras opiniones

De cómo planeó Jhonatan Moya el crimen de una bebé en Almería

Diciembre 30, 2012

Cuando me llegaron las primeras noticias de la muerte de Miriam, la bebé de 16 meses, no pude por menos que sobrecogerme y reaccionar como seguro lo hizo usted. De mi boca brotaron exabruptos de grueso calibre y amenazas incumplidas, de las que uno pronuncia sin ninguna otra intención que manifestar el horror y el odio que acumula ante la incomprensión que produce el hecho de que un ser humano pueda matar a una personita de tan corta edad.

Jhonatan Moya, de 25 años, alias el Trolas,de profesión mangante y ladrón y la madre de MiriamGema, se conocieron a través de un anuncio en Internet. Ella, tras dos matrimonios fallidos y cuatro hijos de tres padres diferentes, buscaba de nuevo el amor, el verdadero, el definitivo. Quería una pareja estable y anunciaba que tenía una hija de corta edad.

Primera fase: embaucar

El Trolas respondió al reclamo y se desplazó desde Almería a Huelva a conocerla. Su lengua blandía la mentira con asombrosa facilidad. Llegó a la casa en un BMW, acompañado de un amigo del que dijo que era su chófer. La familia de Gema le acogió calurosamente, con enorme hospitalidad y él comenzó a desplegar su red de mentiras como un embaucador profesional. No me extrañaría nada que su película favorita fuera “El Golpe”. Les contó que se llamaba Juan, tenía 32 años, era empresario, también rejoneador y que hacía numerosas obras benéficas porque sus cuentas bancarias rebosaban billetes.

De origen humilde, la familia de Gema se quedó boquiabierta. Pero no sólo por los embustes con los que les engañó, también por su enorme disposición a colaborar de forma igualitaria en las tareas de la casa. Fregaba los platos, barría el suelo del patio, ayudaba en la cocina y todo mezclado con bromas y comentarios aduladores. No tardó nada en ganarse el cariño de todos los que convivían bajo el mismo techo. Literalmente lo adoraban. Si las tuberías funcionaban mal, el llamaba al fontanero para que les hiciese un presupuesto y les prometía que él pagaría la reparación aunque nunca cumplió ni esa ni ninguna otra de sus promesas. Murió la abuela y él ofrecía su hombro inmediatamente para que cualquiera pudiera derramar allí sus lágrimas. Después de tres semanas en casa de la familia de Gema, regresó a Almería. 

Segunda fase: la trampa

A mediados de diciembre comenzó a llamar a Gema. La invitaba a pasar unos días con él en Almería, en su cortijo. Tenía que llevar también a la bebe, a Miriam. El Trolas había explicado a Gema y a su familia que su hermana era costurera y que quería regalarles un vestido para el bautizo. Un bautizo que todavía no habían podido celebrar por la difícil situación económica que atravesaban. La presencia de Miriam era absolutamente imperiosa porque había que tomarle medidas.

Se imaginará usted, que en unas fechas tan señaladas da mucha pereza separarte de tu familia. A Gema le sucedía lo mismo, pero finalmente, por la razón que fuera, decidió viajar el día 20 de diciembre con su hija a ver a Jhonatan. Él ya había desplegado días antes ante su amigo Raúl el plan. Se llevaría al bebé, probablemente para venderlo, y los dos sacarían una buena tajada.

Tercera fase: el crimen

Cuando recogió a la madre y a la hija del tren cerró el lazo sobre sus presas. Mucho habrá oído usted hablar estos días de lo que sucedió, así que se lo resumo. A Gema la ató, golpeó y violó en mitad del monte dando rienda suelta a una fantasía con la que desde hace tiempo jugueteaba en su cabeza. Luego se llevó al bebé. Durante días la Guardia Civil siguió sus pasos hasta que le detuvo. Él confesó que la niña se le había escurrido de los brazos y se había matado de un golpe en la cabeza. Atemorizado, la envolvió en papel, la metió en un bolso lastrado por un enorme peso y la arrojó al fondo de una balsa de agua.

En su confesión también señaló a Raúl, su amigo, portero de discoteca. Los investigadores sospecharon desde un principio que podía estar en el ajo, pero en vez de detenerlo inmediatamente lo dejaron moverse a sus anchas para ver si siguiendo su estela llegaban a localizar al bebé. Al final a él también le pusieron los grilletes.

Este sábado ambos fueron enviados a prisión provisional sin fianza. Entiendo que por asesinato y el Trolas también por violación. En la cárcel, sino le parten la cara, Jhonatan podrá jactarse de cómo engañó al alcalde de un pueblo de Castilla y León, al que convenció de que era un gran empresario y éste lo llevó de colegio en colegio a dar charlas como modelo a seguir por las futuras generaciones. Y si sus compañeros le prestan atención o le ríen las gracias podrá narrar como se ponía en contacto con personas trabajadoras que vendían sus vehículos. Se citaba con ellos, les enseñaba una placa falsa de policía y les pedía dar una vuelta en el coche antes de comprarlo. Nunca regresaba. Doblaba las placas y lo vendía. O cómo organizaba eventos benéficos y se embolsaba él toda la recaudación. De hecho había estado ya cuatro veces en prisión por delitos de ese tipo.

Jhonatan es un enfermo del alma, un enfermo del sentimiento. No empatiza con el dolor ni el sufrimiento ajeno. Utiliza a las personas, a cualquier ser humano, para conseguir sus objetivos que se reducen a placer y dinero. No le quepa la menor duda de que tratará de embaucar a sus congéneres carcelarios. Y puede que se convierta en un pequeño líder dentro de prisión. A no ser que haya uno más psicópata que él.

 
Nacho Abad