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Otras opiniones

De cómo el amor y un conjuro te pueden llevar a la cárcel

Mayo 19, 2013

La vida está llena de frases y axiomas preciosos que sobre el papel brillan deslumbrantes, pero cuando cogen vida son, en muchos casos, tremendas patrañas. Algunos tales como: “Si lo deseas y luchas por ello, lo conseguirás”. Palabras vanas y vacías. Reconozco que alguna vez he llegado a creérmelas en un arrebato de positividad, pero en muchas ocasiones he podido comprobar en carne propia que son auténticas y literales estupideces.

José Laparra, un hombre supuestamente hecho y derecho, de 46 años, que había sido presidente durante años del Club Deportivo Castellón de fútbol, se enamoró. Pero como ha ocurrido millones de veces a lo largo de la historia, su loca pasión de adolescente no era correspondida. La mujer por la que no dejaba de suspirar no le hacía ni caso. Él deseaba ser amado, que ella pestañeara sin parar cuando le viera, que se entregara a sus brazos. Así que, siguiendo el consejo de una “amiga” se desplazó a Zaragoza a consultar a una pitonisa, a una vidente ducha, le dijeron, en temas de amor.

165.000 euros del ala

Vamos, que quería hacer trampa. Recurrir a la brujería para lograr el amor de otra persona significa aceptar de buen grado nublar el alma de su amada, sus sentimientos, su corazón y su mente. Todo con el único propósito de ser correspondido con todo lo que ello supone. La pitonisa, nada tonta ella, no tuvo casi que convencerlo porque él deseaba creer. Según me cuentan, le dijo que pusiera pétalos blancos en agua durante cuarenta días y luego debía lavarse con ella. Después, debía acudir a un cementerio a recoger tierra y frotarse todo el cuerpo con ella.

¡¡¡La consulta le costó 165.000 euros!!! El hombre debió irse feliz, pero pasaban los días y la amada no reaccionaba. Hasta que en su alocada cabeza brotó la idea de que le habían tomado el pelo. El “amor” no se compra… Perdón, corrijo que seguro que está pensando que la frase no es exacta. El amor con mayúsculas no se compra con pócimas, conjuros o brebajes. Al ser consciente de ello, José enfureció. El ex presidente del Castellón no debe ser una persona dada a reflexionar porque en vez de aceptar que lo habían engañado y pasar página, lleno de rabia se desplazó de nuevo a Zaragoza a “ver” a la pitonisa, acompañado de cinco personas.

Con las manos en la masa

Aquí es donde difieren las versiones. Según el abogado de José Laparra, su cliente llamó a la puerta y la pitonisa le devolvió el dinero en mano ya que el conjuro no había funcionado. Sin más. La Guardia Civil cree otra cosa. Los investigadores están convencidos de que José y sus amigos entraron por la fuerza en la casa y que la registraron con descuido en busca del dinero. Mientras que ella se escondía aterrorizada, su padre les hacia frente. La pitonisa desde su escondrijo pudo llamar al 112 para pedir ayuda. Y allí que se presentaron los agentes de la Benemérita y detuvieron a José y a sus amigos.

Al registrarlos encontraron una pistola simulada y una micro cámara de botón que llevaba puesta el conquistador estafado. El objetivo era grabar a la pitonisa para que esta reconociera los términos del contrato verbal y luego utilizar las imágenes en un juicio. Pero la situación tomó otros derroteros. Desconozco a estas horas, si Laparra entró en la casa con la cámara ya grabando, porque si lo hizo, habrá quedado registro de las tropelías que presuntamente cometieron él y sus amigotes y podrán ser utilizadas en su contra en un juicio. Vamos, el cazador, cazado.

El más absoluto de los ridículos

La Guardia Civil les leyó sus derechos como detenidos por los delitos de allanamiento de morada, amenazas con arma de fugo, extorsión y pertenencia a grupo criminal. Veremos en que queda cuando el juez les reciba en su juzgado y les tome declaración. En cualquier caso, con condena o sin ella, José Laparra ha quedado en el más absoluto de los ridículos. Y no, no ha sido estafado. El código penal establece una serie de requisitos para que la conducta de la pitonisa pueda ser considerada delito. Una de ellas es que haya engaño suficiente.

A mi me pueden prometer la luna, que no será jamás engaño suficiente, como tampoco lo es para una persona con dos dedos de frente que lavarse en agua de pétalos o frotarse con tierra de cementerio es el camino para lograr que una persona a la que le produces indiferencia acabe postrada ante ti, rogándote que la ames. Eso no es que te estafen, eso es que la estulticia corre por tus venas. Es comprensible en gente sin estudios y sin cultura, pero no de un empresario de éxito con carrera, le supongo, que a lo mejor es demasiado.

¿Y qué dice él? “Hice una inversión en la empresa que se dedicaba al tarot y a los rituales, de ahí a que yo haya pagado 165.000 euros por amor, es una barbaridad”, asegura José Laparra. Para creerle necesito beberme antes una poción “convencedora”. Y aunque lo haga y aunque luche y desee creerlo, me da que no lo voy a conseguir.

Nacho Abad

nachoabad@extraconfidencial.com