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Mi Tribuna

Daniel, una vida empotrada contra la clase política

Diciembre 21, 2014

No sé si este hombre, Daniel Pérez Berlanga, era un empresario arruinado o, simplemente, una persona con un cruce de cables tal que decidió arremeter contra la sede del Partido Popular como si fuera un alucinero de tres al cuarto. No sé si pretendía culpar a la clase política de sus males o de una situación al límite de su aguante. Lo que sé es que su argumento de culpar a los políticos en general se ha convertido ya en un clásico del hartazgo común por todo lo que está pasando alrededor de nuestros representantes.

Daniel era un hombre desesperado el viernes y ahora está detenido y acusado de un delito que finalmente no ha sido calificado como acto terrorista. Total, una vida arruinada quizá por una enajenación pasajera pero que lleva un trasfondo político porque, sencillamente, la gente está harta.

La dimisión de Eduardo Torres Dulce

Harta de ver como la clase política manipula la justicia de tal forma que fuerza la dimisión del Fiscal General del Estado, Eduardo Torres Dulce, cansado de recibir presiones. Harta de que esa justicia no sea igual para todos y tenga en la calle a la familia Pujol al completo después de reconocer públicamente su fraude fiscal. Harta de ver como dimite una ministra incapaz y su partido le regala un puesto en una comisión parlamentaria que lleva añadido un plus de 1.000 euros mensuales.

Daniel quería atentar contra la clase política y eligió la sede del PP para empotrar su frustración. Su ira no tiene justificación, ni sus intenciones ni el objetivo final con esa munición de fabricación casera que podía haber tenido como diana cualquier otro partido o institución. Pero el espíritu de su acción esconde la lejanía entre los políticos, sus actos y la calle.

¿Las mejores navidades de los últimos siete años?

Los paisanos aragoneses de Daniel no entienden nada. Atónitos, asisten incrédulos al protagonismo que les ha regalado su vecino. Y los partidos políticos se solidarizan entre ellos denunciando estas actuaciones delictivas sin un guiño hacia la sensibilidad del pueblo, sin una gotita de autocrítica por todo lo que está sucediendo, sin un discurso sincero que obvie frases como “estas serán las mejores navidades de los últimos siete años”, cuando la cifra de parados en España es escandalosa. Simplemente, un poco de respeto hubiera sido suficiente.

Daniel es un pobre hombre asfixiado por unos años de penurias y descrédito político. Un pobre hombre que acaba de estrellar su vida pero lo más triste es que nadie piensa qué le ha podido llevar, más allá de su esquizofrenia personal, hasta un acto que, precisamente, no le va a regalar “las mejores navidades de estos últimos siete años”.

 
Félix Ángel Carreras

Director de Tribuna Valladolid