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Los puntos cardinales

Daniel el Travieso y los de Palacagüina

Marzo 15, 2011

Hay iconos de la izquierda que con el paso de los años acaban mutando en malas caricaturas de sí mismos o de los valores que en su día representaron. Les propongo repasar la trayectoria política de Daniel Ortega, el hombre que capitaneó la revolución nicaragüense hace más de treinta años y que se convirtió en la enseña del poder soberano del pueblo frente a la tiranía de la saga Somoza. Recuerdo incluso haber visto al líder sandinista, con su pañuelo rojo y negro al cuello, interrumpido por un clamor de aplausos en una rueda de prensa. Eran tiempos en los que los colegas iberoamericanos jaleaban al compareciente.

Claro que de eso hace ya más de veinte años. Tal era el magnetismo del guerrillero que hasta Alfonso Guerra, entonces vicepresidente del Gobierno español, dio plantón en los actos oficiales de la visita a Madrid de Ronald Reagan para participar en el corifeo de los amigos de la causa “nica” porque la agenda de ambos mandatarios coincidió. Las trovas de Carlos Mejía Godoy y los de Palacagüina pasaban por ser himnos de libertad y buen rollo, y las guitarras subrayaban el ideario social de sandinismo, aunque musicalmente eran del todo insufribles.

 

Las influencias de Hugo

 

El paso del tiempo deja huellas en lo material. Mejora el buen vino, como rejuvenece con los años Jennifer Aniston. Sin embargo, los principios de Sandino han acabado por pudrirse como se pudre la comida al sol.

Ortega podrá ser candidato por sexta vez gracias a los juegos malabares del servil Tribunal Supremo de Nicaragua, pese a que la Constitución del país centroamericano lo impide. Los amigos de Hugo Chávez se dejan abducir con sospechosa facilidad por los malos hábitos.

Las peligrosas travesuras de Daniel le han hecho, voluntaria o involuntariamente, confundir el partido y sus intereses particulares con las instituciones del Estado, de tal manera que su esposa, Rosario Murillo, ha pasado a ser el factótum de Nicaragua. Nada se hace sin el escrutinio de la primera dama, que no tiene empacho alguno en confirmar que sus hijos forman parte del séquito en los viajes oficiales porque también desempeñan su misión, sin aclarar cuál.

Precisamente hay un gravísimo asunto familiar que debería de haber ensombrecido las aspiraciones del candidato pero que no ha tenido consecuencia alguna. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos se ha interesado por las denuncias de abuso sexual hacia la persona de Zoilamérica Narváez, la hijastra de Ortega que desde los once años fue presuntamente víctima de ese acoso por parte de Daniel.


En la sección de la semana pasada subrayábamos que la Historia se repite. Pues en este año, y han transcurrido ya veintiuno desde de 1990, Ortega volverá a competir en las urnas contra un empresario de comunicación. Si entonces fue Violeta Chamorro, ahora es Fabio Gadea, un anciano católico y conservador. Las hojas del calendario no se arrancan en balde y, salvo raras excepciones como Jennifer Aniston, acaban por hacer que provoquen náuseas hasta las más perfumadas esencias iniciales.

 

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe de Internacional de Onda Cero