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A renglón seguido

Daniel el travieso y el “alunizaje” a la sede del PP

Diciembre 23, 2014

Al ritmo que van los acontecimientos de nuestro día a día, y a no mucho tardar, la República Italiana acabará por reclamarnos en términos monetarios los posibles derechos correspondientes al uso y explotación de su marca Génova, dada la cantidad de veces, y no para bien, que se encuentra en boca de muchos, sobre papel de a diario, en las ondas, o a toda pantalla.

Eso si no nos lleva también ante algún Tribunal supranacional, arrogándose un supuesto derecho de compensación por el deterioro que pudiera sufrir el nombre y la imagen de su ciudad, vinculada nominalmente con la posición geográfica de la sede central del partido de gobierno en Madrid, que pasa por albergar a una pléyade de presuntos corruptos con carnet, afectando también la putrefacción a la remodelación del propio edificio a través de fondos tipo “B”.

Al estilo de los aluniceros

La última cabecera de noticias que ha traído de cabeza a sus inquilinos la ha protagonizado Daniel, un travieso joven –37 años- de Bronchales (Teruel) que ha querido poner su particular broche al fin de año “abrochado” con las pulseras de la ley, al erigirse como juez y parte en actor, dirigiendo como Berlanga –su apellido-, y aprendiz de especialista de cine; al estilo de los “chocantes” aluniceros perpetradores de robos con violencia.

Un ser anónimo en la colectividad; ciudadano cero de la gran urbe que ha querido estrenar su “corto” en lugar de sala de la Gran Vía, sobre el salón de la acera de doble vertiente del cerúleo y cabalístico cuartel general del Partido Popular –Génova, “13” y “siete” plantas-, con un guión revestido de violencia, ruido y destrozo de película de serie “B”.

 
 
Su minuto de gloria

Parece que el detonante ha podido ser el desencanto y la desesperación en que, como muchos otros ciudadanos, se ha visto sumido. Lo que nadie le podrá arrebatar, es su minuto de gloria; ese que otros, aletargados, querrían para sí, pero que encorsetados por el miedo a las consecuencias derivadas de su punible actuación, y no por falta de ganas, les impide arrancarse con este tipo de forma de protesta.

¿Habrá creado un preocupante precedente que anime a partir de ahora a otros a convertirse en émulos de este turolense? Sabemos que “después de visto todo el mundo es listo”, pero es una escena que se veía venir, y que tarde o temprano tenía que llegar. No se puede jugar eternamente con la paciencia de los contribuyentes; especialmente con la de los que no contribuyen, excepto para engrosar la orla del desempleo.

Salir del armario de la indignación

Ha buscado “atentar contra la clase política española” provisto de un automóvil de conocida marca francesa que dio nombre a una famosa película de Gracita Morales. En su interior no viajaba monja alguna, ni se acompañaba de “filipinos” bombones, sino de dos bombonas de butano con las que pretendía cocinar el siniestro –junto con fertilizante químico-, y servirlo como desayuno a primera hora de la mañana a los itinerantes comensales que pudiera haber en el interior del hall del edificio.

Se atrevió a salir del armario de la indignación para ir a empotrarse contra las cristaleras del escaparate de la inoperancia, incapacidad e insensibilidad mostradas por el actual equipo de gobierno, que nos trata como “micro” con sus cifras “macro”; muy útiles para los foros de estadistas en los que se reúnen para felicitarse por lo bien que a partir “del año que viene” –siempre la misma cantinela- nos va a ir.

Paco de Domingo