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¡Qué fuerte!

Culpables del alcoholismo juvenil

Noviembre 11, 2016
san-martin-de-la-vega

A veces, hasta que no pasa algo grave que trasciende en las noticias, no damos importancia a las cosas. Porque las cosas suceden igual, se conozcan o no, lo que pasa es que, algo que ocurre de vez en cuando sólo se convierte en escándalo cuando los medios se hacen eco, entonces se crea una alarma social, saliendo más casos a la luz, como si de repente se hubiera convertido en una moda o fuera una mera casualidad. Pero no es así. De toda la vida ha habido niños que se han emborrachado. En todas las generaciones que conozco ha habido juergas donde más de uno ha salido perjudicado, durmiendo la mona en un rincón o amargando al resto de los que controlaban o no bebían para cuidar de los que se pasaban. Todos la hemos liado alguna vez, salvo rara excepción, en alguna ocasión nos hemos colado con el alcohol y hemos jurado no volver a probarlo, aunque no siempre esa promesa se haya cumplido. Los hay con suerte, la de haber sabido entender que el alcohol no te hace mejor amigo, ni más divertido, ni más guay. Incluso los hay que no lo prueban porque no lo necesitan para pasar una noche divertida entre amigos. Lo que pasa es que a veces llegar a entender esto cuesta años, o no se llega a entender nunca. Entonces te conviertes en un alcohólico social, o de fin de semana, que bebe porque todos beben y siempre que sale.

Vivimos en un país en el que beber alcohol está bien visto, es una especie de norma social que hay que seguir siempre que se queda con alguien, ya sea para salir de fiesta o para una reunión de trabajo. Desde pequeños vemos las botellas en nuestras casas como si fuera leche e incluso utilizamos a los niños para hacer bromas con el tema incitándoles a beber un sorbo, hacer una foto como si estuvieran bebiendo, etc. Cuantas veces no habremos oído eso de “¡venga!, ¡tomate una más!, ¡no seas maricón!”, odiosa comparación que jamás he llegado a comprender, por otra parte. Y por no parecer maricón, la cosa llega a acabar en coma etílico con la famosa B12 en vena.

¿Quién tiene la culpa?

Con suerte, la época de borracheras de fines de semana pasa con los años y nos convertimos en personas razonables que sólo beben de vez en cuando. Con mala suerte, se acaba siendo alcohólico y sin poder prescindir de unas cervezas diarias, como mínimo.

¿Quién tiene la culpa de que muriera esa niña de 12 años por coma etílico?, ¿quién la tiene de los nuevos casos que después se han conocido a lo largo de esta semana en adolescentes de 12 a 14 años sin llegar a la muerte? No la tienen los padres, que no se han ocupado de dar la educación correcta, porque quizás si la hayan dado, aunque haya caído en saco roto. No la tiene tampoco la escuela por no concienciar sobre las graves consecuencias, aunque lo hayan impartido en sus clases. Tampoco la tiene la Policía, las instituciones y las leyes, que hacen la vista gorda con los botellones, aunque estén prohibidos y no se pueda vender alcohol a menores. No la tienen esos anuncios exóticos de bebidas alcohólicas que nos venden una vida maravillosa de fiesta, alegría y buenos ratos mientras nos empinamos una copa o una botella, aunque después te aconsejen un consumo responsable. La culpa la tenemos todos, padres, escuela, amigos, instituciones, en definitiva, la sociedad en general, porque nos tomamos a risa la primera borrachera, porque incitamos a tomarnos la última y porque llevamos una vida en la que asociamos los buenos ratos a salir de cañas y de copas. La culpa la tenemos todos.

Rosana Güiza

rosana@rosanaguiza.com