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Otras opiniones

Cuarenta y veinte

Mayo 30, 2010

Somos el centro de todas las miradas a la salida del cine, cuando caminamos de la mano por el paseo marítimo, mientras cenamos a la luz de un par de velas. Miradas y murmullos, caras extrañas, sonrisas, en definitiva situaciones incómodas inevitables a las que estamos condenados por querernos.

¿El problema? La diferencia de edad. Parece mentira que en pleno siglo veintiuno tengamos que llevar a cuestas la desagradable sensación de vivir un amor prohibido. Prohibido porque le doblo la edad, porque peino canas mientras ella despierta a la vida.

Y todas esas voces y murmullos dicen que somos amantes, que es mi poder y mi cartera mi única atracción, que me acabará dejando. Mujeres que la tachan de buscona y a mí de depravado mujeriego, hombres que alaban mi conquista y otros tantos jovencitos que pretenden robarme el amor.

Parece ser que creen hacer una buena obra intentando ofrecer su juventud a mi mujer, lástima la ceguera que les nubla. Ella vino a mí huyendo probablemente de prototipos estándar inexpertos, buscando un poco de intensidad.

Un otoño frente a una primavera. El amor no tiene edad, dicen. Sin embargo la mayoría no practica el dicho. Vivimos en una sociedad llena de prejuicios, y si sales un poco de la línea de tendencia eres carne de cañón para la crítica.

El caso es que somos felices, y probablemente si de alguna forma pudiera medirse la madurez, no física, ella me ganaría con creces. Somos uno, con los mismos sueños, las mismas ilusiones, un proyecto en común, un objetivo que cumplir.

Estoy seguro que no dejaremos nunca de encontrarnos artículos en los cuales pretenden enseñarnos a querernos, simplemente porque ella tiene una edad y yo otra. “El obstáculo de la diferencia de edad”, y yo me pregunto… ¿Cuál? ¿Acaso estoy ciego? No, simplemente me enamoré de una persona.

Quisiera ahora invitar al lector de estas líneas a una pequeña reflexión. Si renunciara al volcán de sentimientos que tengo, pensando en la dificultad del futuro juntos, y al cabo de x años ella sufriera una grave enfermedad, o un accidente mortal. ¿De qué nos habría servido el sacrificio?

No somos dueños del tiempo, no podemos manejar el futuro porque lo único que tenemos es este preciso instante, para vivirlo, para sentirlo. La edad… ¿qué es la edad? ¿qué mide la edad? Nuestros años sobre este planeta que es la Tierra.

Una vez mi amigo Juan Salvador Gaviota dijo: “Si nuestra amistad depende de cosas como el espacio y el tiempo, entonces, cuando por fin superemos el espacio y el tiempo, habremos destruido nuestra propia hermandad! Pero supera el espacio, y nos quedará sólo un Aquí. Supera el tiempo, y nos quedará sólo un Ahora.

Y entre el Aquí y el Ahora, ¿no crees que podremos volver a vernos un par de veces?”

Tan sólo deberíamos cambiar amistad por amor. Y después, intentar ser un poquito más libres. Aún me quedan muchas críticas por escuchar, pero también o al menos eso espero, el apoyo de quien me quiera. Y lo más importante, el amor de mi vida.

Y es que ya lo decía la canción, cuarenta y veinte, es el amor lo que importa y no lo que diga la gente…