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Otras opiniones

¿Cuántos años cumplirá José Bretón en la cárcel? ¿Tiene posibilidades su defensa?

Julio 23, 2013

Sin duda, a estas alturas sabrá usted que José Bretón ha sido condenado a 40 años de cárcel por el asesinato de sus dos hijos, Ruth y José. El caso ha conmocionado a la sociedad y por eso no me resulta extraño que se me acerquen personas, incluso en la cola de la pescadería, a preguntarme cuántos años pasará realmente el condenado en prisión. Es relativamente sencillo, le explico, por si usted no lo sabe. El artículo 76 del Código Penal dice que en el caso de dos penas de “hasta 20 años” (40 la suma), el límite máximo de cumplimiento será de 25 años. Ya sabemos, por tanto, que ese será el tope de la condena.

Y de esos 25, ¿cuántos realmente cumplirá? Fácil: los 25 íntegros porque ya no existen las redenciones. Otra cosa es, ¿cuántos cumplirá pisando las baldosas de la cárcel? Le explico: en España la pena (la limitación del artículo 76 SÍ, y además SÍ en mayúsculas, se configura como pena resultante) esta orientada a ser cumplida progresivamente, digamos en cuatro partes (salvo excepciones que no vienen al caso). Es decir, aunque a partir de la primera cuarta parte (no es el caso) se “pueda” acceder a permisos, el condenado sigue obviamente cumpliendo su pena, de la misma manera que seguirá haciéndolo, aunque de manera diferente, cuando haya alcanzado el tercer grado o la libertad condicional. Entonces, permítame el cambio y en vez de formular la pregunta de ¿cuántos cumplirá?, lo correcto es cuestionarse ¿cómo los cumplirá? Aquí la respuesta ya no es tan simple. Es imposible de predecir, porque depende del juez de vigilancia penitenciaria que lleve su caso.

Sin embargo sí le puedo aclarar varios aspectos. Por sentencia, José Bretón no podrá acceder al tercer grado penitenciario hasta que haya cumplido la mitad de la pena impuesta. Realmente no es cosa del Juez ya que a éste se lo impone el artículo 78 del Código Penal. Al igual que le impone el haber añadido en su sentencia (y se le ha olvidado) que tampoco podrá acceder a permisos hasta cumplida esa porción. Y a este respecto ¿estamos hablado de la mitad de la pena que consta en los papeles (40 años) o de la mitad del límite máximo (25 años)?

No caben las dudas
Para resolver la duda, en la que garantizo que no caben interpretaciones, hay que leer con detenimiento el artículo 78 del Código Penal, pero hay que leerlo y comprenderlo que parece que a algunos les cuesta. No le aburriré con las trascripción porque es un poco farragosa. Si quiere lo busca usted en internet y lo lee. La conclusión sólo es una y, nada más que una, insisto no caben interpretaciones: doce años y medio. Ese será el tiempo que pasará seguro a la sombra, sin poner un pie en la calle. A partir de ahí, es cosa del juez de vigilancia penitenciaria, que puede obligarle a cumplir los 25 años durmiendo cada noche en su catre carcelario o permitirle airearse en libertad si cumple los requisitos para darle algún permiso. ¿Cuáles son esos requisitos mínimos? Sencillo, estar clasificado en segundo grado y no haber sido amonestado con partes o sanciones. Además de estos, hay otros no recogidos en la Ley, que son los que se utilizan cuando cumplidos los mínimos legales no se quiere otorgar permisos. Pero imagínese que José Bretón, una vez cumplido el requisito temporal (en su caso doce años y medio) y con un comportamiento ejemplar, sin partes ni sanciones, y siempre y cuando sea clasificado en segundo grado (una vez firme la sentencia) cae en manos de un juez de vigilancia (o en su defecto de una Sala de la Audiencia Provincial que resuelva en apelación) que acogiéndose a los famosos parámetros seguidos por la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Madrid, le concede los permisos. ¿Cuántos días podría estar libre? Hasta 36 días al año, agrupados como mucho de seis en seis. Luego llegaría el tercer grado y la libertad condicional, pero no quiero cansarle con cálculos matemáticos que le reconozco que a mi me ha costado algún tiempo aprenderme. No se la razón, pero en mis clases de derecho penitenciario me atasqué y mezclaba. Tuve la suerte de contar además con clases particulares, así que acabé asimilándolo. Aclarado este aspecto, que alguna controversia ha suscitado en los últimos días, le explico que no lo digo yo ni lo defiendo porque se me ocurra, sino que es lo que está escrito en la Ley, porque humanamente, para mí, como si no sale nunca.

Cansado, pero con sentido crítico

Le reconozco que he tenido un fuerte debate interno sobre si trasladarle mis pensamientos tras analizar la sentencia. Estoy cansado (y seguro que a usted le agotará oírme decir esto una vez más, pero necesito verbalizarlo) de que se interprete que cuestionar una sentencia es hacerle la defensa a José Bretón. Lo que me pasa es que en un país democrático tengo el derecho a analizar y cuestionar (si lo merece, sino no) las sentencias que en mi opinión estén mal construidas y denunciarlo. Si hay errores, yo creo que es mejor verbalizarlos y hacerlos públicos, para que quien tenga que tomar nota lo haga y no vuelva a meter la pata en el futuro, porque esos errores pueden dejar a un capullo integral en libertad y a un inocente meterlo en prisión. Quizá algún día veamos a Miguel Carcaño salir de la cárcel siendo inocente del asesinato de Marta. No lo sé, pero si llegase ese día querría que se depurasen responsabilidades. O podemos pensar que como que es un cabrón y ha mentido mucho se merece pasar toda su vida en prisión. Elija usted. Pero si tenemos que meter en la cárcel a todos los mentirosos cabrones de este país, vamos a la quiebra pagando su vida carcelaria.

En el caso concreto de José Bretón, tras cinco lecturas, he encontrado fallos, si son serios, nimiedades o garrafales lo dejo a su criterio. Yo sólo le explico algunos de ellos, por falta de espacio, porque le garantizo que la sentencia la tengo subrayada de una enorme cantidad de fluorescentes y de notas escritas a mano. Vamos con el primero: según los hechos probados de la sentencia, José Bretón le dio las pastillas Orfidal y Motivan a sus hijos o en el camino de casa de sus padres a las Quemadillas o ya una vez que llegaron a la finca. El jurado popular se sintió incapaz de concretar en cuál de los dos lugares.

Unas pastillas polémicas

Llegaron a esta conclusión en base a que los medicamentos fueron recetados, José Bretón los compró y no ha podido explicar de forma razonable dónde están. De hecho, se ha contradicho en alguna ocasión. Además, se puso nervioso cuando la policía encontró la receta y el posicionamiento del teléfono acredita que hizo una parada entre dos y cinco minutos en el trayecto.

Hete aquí, que el juez en su sentencia, en función de los mismos indicios utiliza la razón e infiere algo diferente. En los Fundamentos de Derecho de la sentencia (mire la página 10 sino me cree), y a pesar de que en los Hechos Probados no se aparta del jurado popular, el magistrado decide concretar algo que a los nueve ciudadanos de Córdoba les ha sido imposible y afirma taxativamente que José Bretón dio los medicamentos a sus hijos en el trayecto de coche. Descarta, por tanto, que se los diese en las Quemadillas. ¿Y esto en la praxis qué significa? Pues que el abogado defensor puede alegar en su recurso que se ha vulnerado la presunción de inocencia de su cliente por ausencia de razonabilidad en la inferencia probatoria llevaba a cabo por el jurado y plasmada por el juez. En los hechos probados no se determina en qué lugar se dieron las pastillas y en los fundamentos de derecho sí. ¿Cómo es posible que se llegue a diferentes conclusiones en base a los mismos indicios?  Pues amigo mío, esa es una cagada del magistrado, que ya podría haber hecho mejor su trabajo para no dar un hilo de esperanza a José María Sánchez de Puerta, letrado de Bretón.

Otros errores

Yo sospecho que Bretón le dio las pastillas a sus hijos, pero  perdóneme usted, es mi creencia, porque lo considero un auténtico malnacido. Sin embargo, si analizamos sin sentimientos los indicios que antes le he enumerado, me parece un atrevimiento mayúsculo concluir que el condenado obligó a sus hijos a ingerir Motivan y Orfidal. Otra cosa sería que hubiese un informe de toxicología positivo (imposible por la ausencia de cuerpos) o restos de las pastillas en las botellas de agua o incluso en los asientos del coche. Entonces, en mi opinión, si habría razonabilidad en la inferencia probatoria. Y este es un fallo atribuible al jurado popular, cuyo proceso de deducción ni es lógico ni conforme a las “famosas reglas de la experiencia” , pues en esa “inferencia” cabrían otras posibilidades a modo de conclusión.

El juez, por su parte, ha cometido el error que le he narrado antes y alguno otro. Por ejemplo, en los juicios con jurado popular está vedado que el magistrado valore la prueba, eso le corresponde a los nueve ciudadanos. Sin embargo, él, delante del jurado popular, valoró la declaración de la perito policial Josefina Lamas. Al punto que le dedujo testimonio delante de los nueve ciudadanos para saber si había mentido. Semejante actitud es ilegal e improcedente porque al cuestionarla está influyendo en el criterio del jurado popular lo que, sin duda alguna, es un hecho susceptible de ser recurrido. Tanto por vulneración del derecho a un proceso con todas las garantías como por un quebrantamiento de forma.  ¡¡Ahí es nada!! ¿No se podría haber callado? ¿No podría haber esperado a la sentencia para deducir testimonio si lo consideraba procedente?

Más que dudas

El magistrado reconoce en la sentencia: “No podemos saber cuál fue el mecanismo concreto de la muerte (intoxicación medicamentosa, calcinación), pero sí podemos afirmar con rotundidad, como expuso el profesor Etxeberría y ratificaron los demás peritos, que la etiología de la misma fue violenta homicida”. Cuatro líneas que no se sostienen por ningún lado.

Primero, porque es rotundamente falso que todos los peritos apoyasen la teoría de Don Francisco Etxeberría. Hubo incluso quien dijo que era incapaz de conocer la etiología de la muerte. ¿No le parece a usted una auténtica vergüenza que el magistrado se invente cosas que no han sucedido? ¿No debería haber tenido más cuidado en la redacción de los argumentos?

Segundo, porque si no se conoce la causa de la muerte, no se puede afirmar taxativamente que fuera violenta homicida. ¿Cabe la posibilidad, desde un punto de vista estrictamente jurídico y en puridad, que fuese una muerte imprudente? En mi opinión sí, y que después quemara los cadáveres por miedo, porque pensó que nadie le iba a creer. Mi parte humana intuye que los mató, pero la racional tiene dudas. ¿Estaríamos entonces ante un homicidio imprudente, una profanación en su caso (para mi sería, únicamente, conciencia forense) y una simulación de delito? Me dirán que no porque compró gasoil y leña y los testigos han narrado que era malo, “un psicópata frío”, y que dijo: “Esto va a acabar mal” y cosas parecidas. Pues mire usted, a mí me parece que todo ello puede parecer muy sospechoso pero también creo que inferir de una manera lógica, a partir de todos esos indicios, hasta el mismísimo momento en que Bretón concibió matar a sus hijos y quemarlos en un hoguera, me parece mucho inferir. Y no digamos ya dar por probado que cuando Ruth no le cogió el teléfono decidió seguir con su plan criminal, como se afirma en la meritada resolución. Esto no tiene que ver con el proceso de deducción lógico a través del cual, a partir de ciertos indicios, se llega a una conclusión. Esto tiene que ver con un proceso sobrenatural de adivinación. Y aquí lo dejo, que esta carta que le escribo me va a costar unas cuentas hostias en twitter y yo ya estoy de vacaciones.

 
Nacho Abad