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No me moverán

¿Cuánto costará Sacyr y sus reformados?

Enero 6, 2014

Para los que no saben del negocio de la Obra Pública, es posible que el asunto Sacyr en el Canal de Panamá resulte un poco confuso.

Por una parte, hay quienes pueden pensar que cuando se firma un contrato hay que cumplirlo. Si Sacyr, y las empresas del consorcio que dirige, ganaron un concurso con un determinado presupuesto para construir las nuevas esclusas del Canal deben ejecutarlo. Si se equivocaron al hacer los cálculos o bajaron temerariamente la oferta para ganarla tiene que cumplir.

Por otra parte, otros dirán que si las condiciones han cambiado es lógico renegociar el contrato. Sobre todo si las pérdidas pueden incluso llevar a la quiebra a una de las partes del compromiso. Nadie está obligado a ahorcarse a sí mismo.

¿Cuál de las dos posturas es la lógica y, sobre todo, la ética?

Los reformados son una costumbre en la obra pública española

Para poder decantarse sobre una u otra de esas posturas es bueno saber una de las circunstancias que rodean la situación. Se llaman circunstancias concurrentes. En este caso: los usos y costumbres del sector de la contratación de Obra Pública en España.

En España tradicionalmente los concursos se adjudican a las ofertas más baratas, siempre que no haya sospecha de lo que se llama “baja temeraria”. La baja temeraria es la reducción del precio de la oferta sabiendo que no será posible cumplirla, con objeto de conseguir la adjudicación. Pues bien, salvo esa sospecha el más barato gana la puja.

Pero también es tradición española que cuando se ha conseguido el contrato empiecen los llamados “reformados”. Modificaciones de los proyectos que ya no pueden ser adjudicados a otras empresas, porque sería absurdo. La compañía que lleva la obra es la que puede modificarla. Entonces se negocia un reformado sin la competencia de otras empresas. En realidad es ahí donde las compañías constructoras ganan el dinero. Un contratista amigo mío me dijo una vez: cuando se cumplen los proyectos, tal como se han ganado en el concurso, se pierde dinero.

En el reformado no hay incumplimiento de contrato, porque lo que hay es la renegociación en base a un proyecto distinto. Pero esta costumbre española se ha metido de tal manera en la forma de pensar de los ingenieros españoles que cuando van a un concurso o subasta suponen que a lo largo del desarrollo de la obra habrán ocasiones para modificarlo. Y en eso debieron pensar los ingenieros de Sacyr cuando encabezaron el consorcio para el nuevo Canal de Panamá. Lo que no calcularon es la reacción de sus gestores o del Gobierno panameño. Son también latinos y, por eso, imprevisibles.

¿Qué nos costará a los españoles resolver el dilema de Sacyr con el “Reformado panameño”?

Pero en el dilema también en juego el prestigio de la empresa constructora española en general. Un sector que está consiguiendo grandes contratos en el mundo. Por eso el Gobierno español, su Ministra de Fomento, Ana Pastor, tratará de mediar en el conflicto. Si se llega a un acuerdo ¿A costa de qué?¿Qué se ofrecerá al Gobierno panameño para resolver el problema? Son 1.500 millones de dólares la diferencia entre los dos partes del conflicto ¿Cuantos pondrá encima el Gobierno español para zanjar las diferencias? ¿Cómo los pondrá? Y sobre todo ¿Por qué tenemos que pagar los españoles la falta de profesionalidad o la pillería de una empresa privada?

Esa es la cuestión.

J. R. Pin Arboledas, Profesor del IESE, Director del Executive MBA, Madrid