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Otras opiniones

Cuando lloran los elefantes

Abril 17, 2012

Pocas personas que convivan o hayan convivido con animales dudarán de los sentimientos de éstos, expresados a lo largo de episodios conmovedores e inolvidables para sus dueños. Un etólogo prestigioso, el canadiense Jeffrey M. Masson, al que entrevisté cuando publicó “Cuando lloran los elefantes”, me decía que sería poco científico reducir la conducta animal sólo a términos de hormonas, porque sustancias como la oxitocina, la epinefrina, la serotonina y la testosterona -todas las cuales se cree que afectan a las acciones y sentimientos humanos-, se encuentran también en los animales.

Los estudios de campo de este etólogo demuestran lo que la mayoría de la gente que trata con animales ha creído siempre: que aman y sufren, lloran y ríen, que su corazón se eleva con la esperanza y cae con el desánimo. Se sienten solos, se enamoran, aprecian la belleza, sufren decepciones o sienten curiosidad, miran atrás con nostalgia e intuyen la felicidad futura. Este científico me mostró estudios impresionantes de muchos animales, no sólo de los más usuales domésticos, como el gato y el perro. Por cierto, destacaba al perro por su sensibilidad, decía que los perros sienten más que cualquier otro animal, incluyendo a los seres humanos.

Las ratas por encima de los cerdos

El etólogo tenía estudios asombrosos sobre el comportamiento de todo animal, desde arañas, lobos, loros, monos, cocodrilos,  ratas… Las ratas, por ejemplo,  son muy sociables, capaces de adoptar conejos, gatitos y también polluelos; son también tan limpias como los gatos, están continuamente atusándose. Lo de la higiene de las ratas lo comprobé en el Hospital Ramón y Cajal, de Madrid, en cuyos sótanos las crían para ensayos con importantes trasplantes, pues su organismo es muy similar al humano. Prefieren a las ratas sobre los cerdos por su higiene. El primer trasplante de intestino completo realizado en España, en este Hospital, se ensayó con ratas.

Uno de los factores investigados es el miedo, una emoción que define la mayor expresión de la sensibilidad en personas y animales y que algunos de estos últimos pueden revivir incluso en sus sueños. En un orfanato de elefantes de Kenia, un informe se refiere a elefantes de corta edad que habían visto como cazadores furtivos mataban cruelmente a sus familiares y les arrancaban los colmillos; los animales se despertaban chillando y llorando por la noche. Manson me decía que eran pesadillas por el trauma de la matanza. Otras veces el miedo se intuye, es una sensación inconcreta, algo que todo el mundo ha experimentado. En el parque nacional de  Hawange, en Zimbabwe, todos los años se lleva a cabo una matanza selectiva de elefantes con motivos comerciales: matan a todos menos a las crías, pero es horrible verlas corriendo de un lado para otro buscando a sus madres inútilmente.

La solidaridad de los elefantes con otras razas

Una guía que se encontraba en una reserva, a unos 140 kilómetros, observó que el día de la matanza de Hawange, 80elefantes desaparecían de los lugares que frecuentaban; los encontró varios días después escondidos en el lugar más alejado de la reserva. Manson relacionaba este episodio con el descubrimiento reciente de que los elefantes se comunican desde lejos por medio de ondas subtónicas, sonidos de baja frecuencia que el oído humano no puede percibir.

Sobre los elefantes y su sentido de la solidaridad con cualquier otra raza tenían un episodio  impresionante con grabaciones y testigos. Durante un safari en África, como ese al que acudió el Rey de España, cuando se dio el zapatazo en la cadera, un grupo de animales -jirafas, elefantes, rinocerontes…-, huían en tropel por la sabana africana, perseguidos por los coches y los tiros de la cazadores, como si fuera la guerra del fin del mundo.

Durante la huída, un pequeño rinoceronte quedó atrapado en una vaguada, sin posibilidad de seguir al grupo. Los furibundos perseguidores se quedaron de piedra cuando vieron que un elefante, que iba el último, se volvió alargó su trompa y lo rescató de la jauría perseguidora. Manson estaba  aún más asombrado porque dice que el rinoceronte es el único enemigo natural del elefante.

En otro estudio con elefantes, le llamaba la atención que uno de ellos, en observación, encerrado en un almacén, dejaba  sin comer un puñado de los alimentos que le ponían cada día. Le extrañaba el comportamiento del elefante porque no parecía  por falta de apetito ya que le volvían a alimentar y comía con ganas delante de los etólogos. Al final, colocaron  una cámara para observarlo y comprobaron las razones de su extraña conducta: en el almacén vivía también un ratón y siempre le dejaba una parte de su comida a su pequeño compañero.

Solidaridad a cambio de nada, lección para humanos, esos -como el Rey de España-, que son capaces de hacer miles de kilómetros y pagar dinerales por la ilusión de matar elefantes alegremente.

Sebastián Moreno