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Otras opiniones

Cuando la periodista se convierte en personaje

Abril 15, 2010

Es la nueva Campanario, o eso cree. Ataviada con colorido vestuario, medidas de infarto y una verborrea algo insípida pero con color, Beatriz Trapote, la actual novia de Víctor Janeiro, se ha convertido en una especie de personaje naftalínico que ha encontrado en la violencia verbal, el enfrentamiento y la sande. Ella, que tanto alardea de ser periodista (pero no por ello está en los programas de televisión), debería lamentarse de haberse convertido en un personaje ciertamente anodino. Durante mucho tiempo he tenido gran cariño hacia la Trapote. Parecía otra cosa. Creí que Beatriz era una chica humilde que buscaba hacerse un hueco en el mundo de la televisión. Pensé que pretendía crecer a nivel profesional pero que siempre guardaba las formas, incluso en las situaciones más comprometidas y violentas. Hasta que se sentó por segunda vez en el ‘Sálvame’ de Jorge Javier Vázquez. De repente, Beatriz se convirtió en una especie de esqueleto viperino, con un envoltorio excesivo y destilando prepotencia. Su comportamiento en plató me sorprendió sobremanera. Los constantes ataques que profirió a diestro y siniestro me hicieron cambiar de opinión. Una decepción total. De repente, esa que parecía sensata y coherente se ha vuelto rara, mercantilista y bastante distante. El plató la ha cambiado. Casi la prefería cuando mendigaba que alguien le diera una oportunidad. En aquella época, todo eran sonrisas y sinceras. Ahora ya nadie sabe que pensar. Calla, pero habla por detrás. Acusa a los miembros de ‘Sálvame’ de haberle hecho más de una encerrona. Insiste en que ese espacio, líder de las tardes, se le queda pequeño. Asevera que no le hace falta ser colaboradora para subsistir, pero sigue apoltronada en la silla. Suerte que como reportera no lo hace tan mal y da momentos históricos en el ‘Vuélveme loca’ que dirige la guapa Sandra Fernández las mañanas de los fines de semana. Es lo que le salva. Allí no está ni tan superficial ni tan acartonada. Con Jorge Javier se lo tiene demasiado estudiado. Incluso utiliza el facebook para dirigirse a unos fans que todavía no tiene. Parece Thalía cuando habla a sus seguidores, cual juglar. Nadie entiende esa obsesión por alcanzar la fama de una forma tan rápida y tan poco sosegada. Lo peor es que ha pasado de ser una niña de mirada dulce, a ser uno de los personajes más sórdidos del colorín. O tal parece. Ya no es la periodista que es, sino la que un día detestó ser. Quien muerde la mano de quien le da de comer, demuestra quien es.
 
Entiendo, y hasta apruebo, que no quiera pronunciarse en contra de María José Campanario por ser vos quien sois, pero resulta patético que quiera ocultar su animadversión o falta de cariño hacia la de Castellón. No será la primera y la última vez que ha espetado alguna palabra en su contra. Ya vale de falsas morales y de cinismo. El mundo del corazón es lo que es. No hay que darle más vueltas.  
 
Por Saúl Ortiz (saul@extraconfidencial.com)