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¡Qué fuerte!

Cuando la broma se convierte en pesadilla

Diciembre 13, 2012

Hace unas semanas unos locutores australianos gastaron una broma telefónica a Kate Middleton, haciéndose pasar por la Reina de Inglaterra y su hijo el Príncipe CarlosCatalina estaba ingresada en un hospital por problemas con su embarazo y la enfermera que desgraciadamente atendió el teléfono, pasó la llamada a un compañero que reveló información sobre la paciente limitándose a decir cómo estaba y qué había tomado, sin sospechar en absoluto que se trataba de una broma radiofónica. Jacintha Saldanha, la enfermera, se ha suicidado después del revuelo que ha causado la noticia. Se ahorcó con un pañuelo en la puerta del armario de su habitación y antes de hacerlo dejó tres notas dirigidas a su familia. Nada más saberse su muerte, los dos locutores salieron en la televisión arrepentidos por el nefasto desenlace de lo que en principio iba a ser sólo un rato de risas. Destrozados, desolados, llorando y afligidos, hombre y mujer pidieron disculpas y perdón a la familia de Jacintha.

Superando límites

La que se ha montado no tiene precio ni nombre. Scotland Yard está investigando lo ocurrido y algunos anunciantes han tomado represalias contra la emisora de radio y sus locutores. Pensándolo bien, por haber pasado una simple llamada de teléfono a una habitación, aunque sea la de una princesa, no es motivo para que alguien se suicide. Seguramente la pobre enfermera no estuviera muy bien de antemano ya que es una consecuencia desfasada a un acto, si me permiten, hasta gracioso. Por supuesto que lo ocurrido no es motivo para suicidarse, pero si que pudo ser la gota que colmó el vaso de una mujer con problemas. Este caso ocurrido en Londres ha hecho plantearse a la sociedad si este tipo de bromas deberían estar controladas de alguna manera. Aquí mismo, en España, es una moda en las emisoras musicales. Algunos programas matinales de las emisoras de radiofórmula tienen bromas de este tipo. Una llamada anónima a un hombre de una mujer supuestamente enamorada de él, provocadora y sensual en la que el machote termina por picar el cebo con la consecuente bronca y ruptura de la novia en antena. Todo tramado por la novia para comprobar la fidelidad de su chico, mejor dicho, para confirmar su infidelidad. Realmente esto es vergonzoso y no tiene ninguna gracia. Llegan a ser situaciones verdaderamente comprometidas, incluso violentas que forman parte de la vida privada de una persona y que no tiene por qué enterarse media España.

Otra broma consistía en montarse en un taxi y cabrear hasta el extremo al taxista, al extremo de tener que frenar al conductor cuando este está a punto de bajarse y pegar al provocador. Cuando ya lo tienen al límite, entonces lo paran y le dicen que es una broma. Pues es una broma sin gracia, la verdad. Pero no creo que sea necesario que esto se regule de alguna manera. Ahí está la ética profesional. Esta es la que debe controlar este tipo de cosas. Es la propia persona la que debería tener cierta ética profesional para poner sus propios límites. Hay bromas divertidas, sorpresas y mil cosas que se pueden hacer para crear audiencia y enganchar a la gente, mejor que cabrear a alguien, ponerlo al límite o ridiculizarlo delante de una audiencia. Pero, desgraciadamente, lo que es provocador y vergonzoso para algunos, es divertido para otros.  

Rosana Güiza Alcaide