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Otras opiniones

Cuando Ariza se colaba en mi despacho

Junio 20, 2010

Cuando Aznar propinó una patada en el trasero al tándem Vidal Quadras/Ariza para llegar al poder de la mano de Jordi Pujol y les mandó al averno, Julio decidió que tenía que buscarse la vida y garantizar el pan de su prole.
Nada mejor, además de ajustar cuentas de antaño y rentabilizar agenda, que convertirse en editor y, sobre todo, editor “político”, aunque empezara en una pequeña FM. Todo el mundo se pregunta de dónde saca tanto como presume, y ya hay alguien que anda husmeando por ahí intentando tabular un libro que puede ser sabroso y escandaloso, una mezcla de El Código y El Libro del Buen Amor. Tengo para mí que, salvo algunos requiebros, lo de Ariza es más sencillo de lo que parece.
Bien, Aznar acabó con su carrera política y Zapatero resultó su gran baza y pretexto para hacerse un hueco, además, de llenar la caja. Hubo un tiempo en que este editor -¡no se habla de otra cosa!-iba de pedigüeño sin escrúpulos, ignoro si todavía practica ese libro de estilo, secundado en tal menester por un tal Diego Martínez Perán, algo así como un sacaperras inevitable, muy conocido ya en esos medios profesionales como estilete mortífero, presionando hasta el paroxismo en cuestiones publicitarias venga a cuento o por la jeta. Tengo pruebas irrefutables al respecto.
Porque estos días, al socaire de un nuevo “robo” de información a este medio por parte de Intereconomía y el aullido profesional de su director, Gregorio Fernández, recordé algunas cosas de los “Ariza boys”. Por ejemplo, cuando el gran editor en persona, al que yo apenas conocía, pidió verme en mi despacho de DIRCOM de Globalia. Se me presentó allí y, aprovechando una llamada que me hizo mi jefe, se auto presentó a Juan José Hidalgo con todo el morro y sin solución de presentaciones. El perseguía grandes cantidades. Con santa desvergüenza, como exigía el Padre. Perán haría el resto con la letra pequeña.

Sepulcros blanqueados

Escándalo tras escándalo protagonizados por sus meritorios muchachos /as, Ariza ha devenido en famoso. Su alianza con Declan Ganley, vía Miguel Durán, el inevitable, terminará por pasarle factura. Hace doce meses, cuando en una operación más que sospechosas desde el punto de vista empresarial se hizo con la histórica Radio Intercontinental, en la que yo llevaba hablando todas las mañanas desde hacía más de diez años, me entrevisté con el susodicho para ver si mantenía su palabra dada y publicada en lo relativo al medio. Resultaría falsa, naturalmente.
En esos momentos todo el país se descarallaba de risa a propósito de la becaria de Wyoming y el ridículo protagonizado por uno de los chicos que Durán le había colocado ahí y con el que estaba en deuda por informaciones publicadas en El País contra los enemigos del ciego más conocido de España y que fue pateado desde el medio de PRISA, un tal Horcajo. Ariza trató de defenderle sin mucha convicción y yo le contesté.
-Un buen periodista es antes que nada el que dice la verdad, el que no miente…Y aquí tienes dos que no dicen la verdad ni cuando firman.
¡Qué coincidencia! Sería Horcajo el que birló la información de la casa de Toxo a Goyo Fernández, en los ratos libres que le quedan de tanto conspirar contra Carlos Dávila, quien sí tiene acreditada una tarjeta de golpes profesionales y sabe de qué va esto.
El tándem Cubero/Horcajo terminará por llenar los desagües de esa Casa, aunque se utilicen todo tipo de tráfico de influencias, vía muchachita trepadora y calumniadora “a la que ya conocemos bien” (Ariza dixit), la que persigue el éxito a cualquier precio y por cualquier vía. ¡Ya veremos cuando caiga Zapatero!

Influencia

La influencia, querido navarrico, esa que tu persigues con denuedo, no se consigue con exabruptos, ni birlando informaciones a otros medios, por modestos que sean. Se consigue con rigor, y sobre todo con verdad.
Me opongo a que el Gobierno te meta un puro (¡y te lo van a meter!), por el calentón de García Serrano. Pero también me opongo a que aceptes como bueno el detritus amarillo de ese par de parillanes que tienes en nómina.
En aquella última conversación te recordé que nada que no sea verdad subsiste. Y que hay que predicar con el ejemplo, no sea que se vaya a cumplir en ti y en tu Grupo la vieja máxima evangélica que te explicaron en tus años de militancia religiosa acerca de las margaritas y los cerdos.
Graciano Palomo es periodista, analista político y Editor de Ibercampus.es