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A renglón seguido

Cristo está perfectamente, no necesita defensa

Julio 3, 2012

Hace unos pocos días se ha levantado una polvareda fundamentalista por un vídeo doméstico de Javier Krahe, en el que recrea de forma culinaria, muy sui generis, la figura del Hijo de Dios bajo el epígrafe de ¿Cómo cocinar un Cristo para dos? Por supuesto que no han tardado en salir al escenario de la protesta los protectores y defensores de la imagen del agraviado –Rey de los Judíos-, atribuyéndose la representación de los intereses del leso en la tierra.

La iniciativa -querella-, ha partido del llamado Centro de Estudios Jurídicos Tomás Moro, quien ha llevado ante los Tribunales al cantautor por la relación con el soporte visual, en el que, con lindezas de recursos estilísticos de nuestro aconfesional lengua, se sal pimenta el plato de la creatividad magnetoscópica, al parecer, de forma un tanto irreverente, no apreciando por parte de los ortodoxos solicitantes de castigo pecuniario, las características vídeo-organolépticas del contenido tan necesarias para un saludable y equilibrado consumo óptico.

Un Juez con apellido judío

El Juzgado encargado de emitir una resolución al respecto, ha desestimado la petición solicitada, que pasaba por reclamar una multa de 144 mil euros a la “voz cantante” en calidad de -paradójicamente-, “derechos de autoría” del hecho y como corresponsable de atentar contra los sentimientos religiosos, derecho protegido por el artículo 525 de nuestro Código Penal. El fiscal solicitó la absolución, porque, si bien entiende que puede ser ofensivo, no constituye delito.

No ha sido probado que concurriera en el acusado la intención de menoscabar, humillar o herir los sentimientos religiosos de terceros […] hay en el corto emitido un inequívoco sentido satírico, provocador   y

 
 
 
 

crítico, pero no el de ofender” –extracto del contenido de la sentencia del Magistrado nº 8 de lo Penal de Madrid cuyo segundo apellido –de origen judío-, es, ¡por los clavos de Jesucristo!, Levi.

Colectivo de clamantes

Uno -que soy yo-, se pregunta dónde se encontraría este colectivo de clamantes,  que  reclama humana justicia  con proclamas castigadoras del peculio del enemigo para desagraviar la divina figura del altísimo por las máculas inferidas contra él, cuando fueron conocedores de las históricas recetas desarrolladas por la Iglesia de Roma -principal albacea del testamento oral y escrito del Hijo de Dios-, asando en la hoguera, para purificarlos, a sus conciudadanos locos de cordura, brujos, no conversos y demás descarriados.

La representantes del Santo Oficio, coetáneos de Savonarola, hacían prácticas culinarias de tostado sobre cama de brezo con la mayor impunidad, y libres, obviamente, de indemnización  alguna  para  los más allegados, dado que aquéllos eran los impulsores y supervisores de un extraño recetario moral, sin constar en manual alguno que fuera refrendado ni sancionado por El Jefe Supremo de la Creación; es decir, el padre del precocinado.

En mi segundo turno de preguntas -tipo brindis al sol– planteo, a la sazón, ¿para cuándo un manifiesto claro y contundente de los abogados del crucificado contra los episodios de paz y amor tridimensionales proferidos por los herederos de la figura de San Pedro y  depositados sobre la superficie corporal de sus párvulos y adolescentes  contra la voluntad de éstos?

Acaso por el fraseo de las Sagradas Escrituras en el que “reza”, según San Juan Bautista: “He ahí el cordero de Dios” –Agnus Dei-, como  ofrecimiento  de Jesucristo

 
 

comensales, per saecula saeculorum, para no profanar la figura del bautizado en el Jordán.

La espina del pecado en sus conciencias

Quizá se abstendrán a su vez, de ingerir  pescado alguno, no importa su presentación, para no faltar al religioso respeto de la representación del vástago de Jehová en el antiguo cristianismo bajo la simbología encriptada del pez IKHTHYS (Iesoús Christós Teoú Yiós Sotér), evitando así clavarse con la espina del pecado en sus conciencias.

Invito -esta ronda es mía-, a los escandalizados querellantes, a relajarse a través del solaz musical, disfrutando, si se lo permiten sus creencias, al escuchar la canción de los Doobie Brothers titulada Jesus is just alright     (Cristo está perfectamente); no necesita defensa. Entretanto, me voy con la música a otra parte.

Paco De Domingo