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No me moverán

Crisis: Eurócratas versus Políticos

Abril 19, 2010

La crisis de 2007-2010 ha derivado en problemas para la financiación pública de muchos países. En la UE los PIGS (Portugal, Italia, Grecia y España –Spain-) y otros estados, como los bálticos, tienen sus cuentas bajo sospecha. La razón: el exceso de gastos públicos, por subvenciones y gastos corrientes, y la caída de los impuestos por reducción de la actividad económica. Problema que ha derivado en la posibilidad de que la UE tenga que acudir en su ayuda aportando avales o fondos financieros.

A la vista de que la UE tenga que realizar este esfuerzo, se ha propuesto la posibilidad de que, en el futuro, la Comisión Europea pueda vetar la aprobación de presupuesto anual de un Estado. Esto se produciría si los eurócratas consideran inadecuadas sus cuentas.

Pero, hay muchas voces partidarias del actual sistema de soberanía de cada Estado sobre sus presupuestos; quieren mantener el papel de la Comisión en recomendaciones generales como: situar el déficit por debajo del 3% del PIB o la deuda pública menor al 60% del PIB.

Entre estos extremos puede haber otras modalidades de actuación de la Comisión Europea: a) realizar un informe, preceptivo, pero no vinculante, sobre los presupuestos de cada Estado de la UE a modo de consejo; b) si el Estado miembro no sigue las recomendaciones podría tener sanciones como la retirada de fondos europeos.

Si se tomase alguna de estas medidas, sería una transferencia de soberanía a la UE. Los parlamentos son la expresión de la democracia y en ellos la ley anual más importante es la de Presupuestos. Permitir cualquier actuación directa de la UE en la aprobación de las cuentas públicas es una cesión de soberanía en la esencia de la democracia ¿Qué sería mejor para el ciudadano europeo de cada Estado? ¿Dejar la decisión presupuestaria en manos de su parlamento nacional o permitir algún tipo de intervención de los eurócratas?

La discusión está servida. La razón para apoyar la intervención europea es: si los Estados quieren que, en caso de crisis de sus finanzas públicas, la UE les ayude, deben permitir que ésta actúe preventivamente. Por ejemplo, si Alemania aporta dinero a la UE para poder corregir los problemas de Grecia, la UE debe tener la oportunidad de estudiar, opinar o corregir la aprobación y la ejecución de los presupuestos helenos. Un europeista convencido podría decir que: no hay un mal que por bien no venga; esta cesión de soberanía sería avanzar en la construcción de la UE.

Razones para rechazar cualquier intervención de la Comisión Europea en los presupuestos nacionales son: a) los Estados no firmaron ninguna cesión de soberanía presupuestaria en su adhesión a la UE; b) además, los países con aportación positiva a la UE son los más desarrollados, especialmente Alemania, y parte de su prosperidad se debe a la existencia del mercado único europeo. Las ayudas a países con dificultades en finanzas públicas son el coste de esa prosperidad.

El ciudadano europeo se puede preguntar: ¿en quién confiar más, en los eurócratas o en los políticos de su nación? La realidad es que a la vista de los argumentos y, sobre todo, de los resultados actuales la respuesta no es fácil. De todos los PIGS, sólo Irlanda ha demostrado tener un gobierno realista, capaz de tomar medidas impopulares y rápidas. Los irlandeses pueden confiar en sus políticos ¿Y los españoles?


José Ramón Pin Arboledas es Profesor del IESE y Director del Executive MBA Madrid