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Otras opiniones

Cospedal contra la vieja orden del trinke

Abril 11, 2010

En alguna ocasión he escrito en este mismo cosmos digital que se equivocan aquellos interesados, muy cercanos en el organigrama “Génovatrece”, que consideran que María Dolores de Cospedal es una caña movida por el viento, o, en el mejor de los casos, un lindo florero con el que adornar el escalafón de poder en la derecha.
 
Se vuelven a equivocar. La empresa Arenas&Mato deberían haberlo comprendido esto hace tiempo. Pero cualquier ocasión es buena para atacar a la secretaria general y ponerle en almoneda. No parece aceptar el eterno aspirante a presidir Andalucía que Cospedal fuera su subordinada en sus tiempos del ministerio de Trabajo pero ahora es su jefa. Punto y pelota.
 
Se olvidan, por ejemplo, que la “dama de rojo” no tiene armario en forma de pasado político y eso siempre es, máxime en las actuales circunstancias por las que atraviesa el PP, un dato de primera magnitud.
 
Se olvidan también que al final no pueden ganar en esta película “los malos”. Yo no sé si Luis Bárcenas ha “pillado” o no (todo indica que si y de forma apabullante), pero es un hecho cierto que sus cuentas no son “presentables”. Y esta es la doctrina Rajoy, que es, mientras no se demuestre lo contrario, el comandante en jefe de la cosa. Y esa es también la tesis de siempre de la número dos del partido.
 

Pasado contra porvenir

¿Alguien en su sano juicio y con un mínimo conocimiento de nuestra reciente historia política democrática puede subsistir rodeado de detritus? ¡Definitivamente no! Y eso es lo que predica básicamente Cospedal y parece que es lo que defiende a “sensu contrario” el intrigante Arenas (sin haber ganado en su vida unas elecciones), y su adláter gurteliana Mato, ex de Jesús Sepúlveda, y ambos edecanes de José María Aznar en Valladolid y de siempre protegidos del señor de FAES que se ha montado un akelarre en Sevilla, nadie sabe exactamente para qué, con el dinero de los contribuyentes a los que Hacienda esquilma una hora sí y otra también.
 
Lo que está en juego en el PP, como pieza básica del entramado constitucional español, es la lucha entre lo viejo y lo nuevo; entre el reformismo centrista y la derechona, algunos de cuyos miembros han trinkado y lo han hecho vehementemente.
Arenas afirmó en una ocasión ante este comentarista que dejaría la política “cuando lo deje Aznar”. Mentira. Siguen mandando, sin todavía ganar una elección.
 
Porque lo que subyace en el corazón del PP –de los dirigentes, no de sus sufridos militantes y votantes-, es una lucha sin cuartel entre la vieja orden del “trinke”, quiero decir del temple, y la nueva generación centrista-reformista que quiere enterrar el pasado como paso previo a la reconquista del poder. Voy a poner nombres: los primeros, Arenas, Mato, Mayor y toda una patulea postaznarista que no termina de querer darse cuenta de que su tiempo pasó y los segundos, Cosdepal/Feijoo..
 

Lo de Rio Grande

¡Manda carallo que Aznar haya reunido a sus deudos en el restaurante Rio Grande de Sevilla, AVE gratis incluido (paga FAES, es decir todos nosotros), para dar lecciones de honestidad.
 
Están en la dirección popular hasta el moño de éste y su botella. ¿Todavía no se ha enterado que a Matas le hizo él ministro y Correa&El Bigotes le organizaron la boda de su hija en El Escorial?
 
No hay peor corrupto que el no quiere enterarse.
 
¿Cuándo habrá alguien con un par dentro del PP que le diga una docena de cositas –en forma de nombres si quieren-, léase Gordon, Agag, Villalonga, Alvarito Pérez y demás compañeros de la cofradía?
 
Ese día la derecha empezará a cambiar. Mientras tanto, todos en el averno.
 

Graciano Palomo es periodista, analista político y Editor de Ibercampus.es