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¡Qué fuerte!

Cosas de crios

Abril 8, 2010

Estaba una noche disfrutando del fresquito del verano y la calma de la noche, música agradable, un buen libro y un refresco. Entrada ya bien la madrugada y sin que el sueño me venciera, en el silencio oscuro, escuché gritos de chicas. Estaban asustadas y escandalizadas ante una pelea de dos amigos. No sabían como separarlos. Ellos se pegaban sin parar, rodando por el suelo, los separaban y se volvían a unir para darse más y más puñetazos. Las amenazas entre ellos eran constantes; “te tengo que matar” “te voy a matar” “no te vas a salir con la tuya” y el típico gesto del cuello cortado cada vez que las sujetaban. La noche no acabó mal del todo, una ceja rota que tuve que curar rápidamente improvisando mis dotes enfermeras con un poco de algodón, agua oxigenada y paracetamol. Todo esto por culpa de una chica. Porque uno está con una y el otro quiere a la una. En fin, cosas de críos para la mayoría de la gente.

Cuestión de educación

Hoy, a unos días ya del asesinato de Cristina en Seseña, cuando las cosas ya no están tan calientes, me sigo preguntando que puede llevar a una persona a pegar a otra y no digamos ya a matarla. La agresividad puede justificar la pelea, que tampoco, pero, ¿qué justifica una muerte? Nada. Sólo el odio sin medida, el rencor desmesurado, la envidia enfermiza y una cabeza trastornada, imagino. El año pasado casi 30.000 menores fueron juzgados por casos de violencia en España. Adolescentes que maltratan a sus padres, que se pelean con otros o que destrozan el patrimonio. ¿Por qué? ¿Quién tiene la culpa de esto? Siempre he pensado que es una cuestión de educación, nada más y nada menos. Son los padres los que tienen que educar a los hijos dentro de unas normas de convivencia cívicas, dentro de unos valores y creencias. Hay que educarlos para que tengan ilusión en la vida, algo por lo que luchar y en lo que creer, que merezca la pena y que sea constructivo y enriquecedor. Pero ahora muchos padres quieren ser “amigos” de sus hijos, “colegas”. Compran materialmente a los niños y les dan excesiva confianza para suplir el sentimiento de culpa por no poder pasar más tiempo con ellos por motivos laborales. Permiten que los niños presencien como se pone en duda la autoridad de un profesor. Dan la razón a sus hijos por encima de todo y sea lo que sea. Consienten que falten al respeto a otros mayores sin atajarlo desde el principio, incluso que les falten al respeto a ellos mismos.

Un día, alguien le comentaba a mi madre la pena de un chico que, como se había criado sin padre, había que entender su situación y sus muestras de violencia para llamar la atención. A lo que mi madre contesto, que ella también se había criado sin padre y no era violenta, nunca le había pegado a nadie ni le había faltado al respeto a nadie. Por lo tanto es, fundamentalmente, una cuestión de educación y de manera de ser, aunque la vida y la situación social y familiar también influyan. En la vida hay dos caminos a elegir, el bueno y el malo. A casi todos se nos han puesto delante los dos pero, depende de cómo tú seas y de cómo te hayan educado, eliges uno u otro, el bueno o el malo.

Debate otra vez abierto

Cristina está enterrada. Su asesina confesa estará en un centro de menores, como máximo, cinco años y otros tres en libertad vigilada. Pero Cristina está muerta. Los padres y la familia de la asesina podrán verla, pero a Cristina no podrán volver a verla sus padres, su familia ni sus amigos. La asesina podrá volver a pasear por cualquier calle de cualquier ciudad. Cristina nunca más volverá a pasear por Seseña. Y si no, que se lo pregunten, por ejemplo, a la madre de Sandra Palo, que tiene que ver al asesino de su hija en la calle, sigue delinquiendo y su hija está enterrada. O a los padres de Marta del Castillo, que tiene que ver como el presunto asesino de su hija se cachondea de la justicia y de España entera. El colmo de todo esto es que, además, estos asesinos se han convertido en ídolos juveniles y superhéroes de muchos adolescentes. ¡Qué fuerte!

Pasan estas cosas y se reabre el debate. Pero el debate se queda ahí, como estaba, y hasta que no vuelve a pasar no se vuelve a reabrir, y así una vez y otra. Se intenta preservar el derecho a la intimidad e imagen de las menores, tanto de la víctima como de la asesina y la custodia y defensa de la menor expedientada. La menor, con 14 años, sabía muy bien lo que hacía pero ahora nadie puede ya defender y custodiar a la víctima porque está muerta. Si a la menor le hubiera faltado un mes para cumplir los 14 no le habría pasado nada. ¡Qué fuerte! Claro, así, este tipo de menores saben que no les va a pasar nada y pueden hacer lo que quieran. Pues hay que legislar, en caliente o en frío, pero legislar, pero mejor que se haga en caliente porque en frío está demostrado que no se hace nada.


Rosana Güiza

rguiza@extraconfidencial.com