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Los puntos cardinales

Cosa Nostra y cosas de Silvio

Mayo 28, 2013

Concluye mayo, un mes con demasiada significación en las conmemoraciones de hechos y personajes relacionados directa o indirectamente con la Mafia. Veintiún años atrás era asesinado el juez Giovanni Falcone y hace tres semanas decíamos adiós a Giulio Andreotti, el hombre que más ha influido en Italia desde la segunda guerra mundial y con cuya muerte se han ido a la tumba muchos de los secretos que hoy los jueces quieren sacar a la luz. Porque mayo acaba con un proceso en una sala habilitada en la cárcel palermitana de Pagliarelli en la que magistrados se afanan en demostrar que el Estado transalpino negoció con la Cosa Nostra a lo largo de años para evitar la orgía de sangre en la que el capo di tutti capi, Salvatore Riina, había convertido su batalla personal contra las instituciones. De alguna manera puede establecerse un paralelismo entre aquellos noventa a golpe de bomba en Italia y la ofensiva del narco Pablo Escobar Gaviria contra el Estado colombiano. La principal prioridad de las autoridades de Roma era frenar aquella sucesión de matanzas.

Estado dentro del Estado

Los asesinatos del general antimafia Carlo Alberto Della Chiesa y de los jueces Giovanni Falcone y su íntimo amigo Paolo Borselino evidenciaban que, como llegó a asegurar el propio Falcone, había un Estado dentro del propio Estado con el que era imposible acabar. Se trataba, por tanto, de hincar la rodilla ante los corleoneses, un grupo de campesinos liderados por “Totó” Riina que había declarado la guerra al poder establecido. Y mientras, un magnate lombardo de la comunicación iba haciendo que sus negocios fuesen cada día más boyantes. Porque todo el mundo sabe desde los mentideros de las callejuelas de Catania a los despachos de los abogados más prestigiosos de Milán que hubo una relación demasiado estrecha entre el entorno de Silvio Berlusconi y la cúpula de la Cosa Nostra siciliana. No se trataba sólo de lograr la paz. Il Cavaliere confiaba ciegamente en su mano derecha, el ex senador Marcelo Dell´Utri, que ahora se sienta en el mismo banquillo que Riina y su gente. Para el holding propietario de Tele 5 era una ocasión inmejorable de diversificar inversiones y garantizarse la protección de quienes habían dejado bien claro que cualquier objetivo era susceptible de acabar bajo tierra, por poderoso que fuese.

Recuperar la confianza

Lo malo de esta tragicomedia es que la convulsa Italia, que intenta recuperar la malherida confianza en las instituciones a base de los esfuerzos del primer ministro Enrico Letta, invoca otra vez los fantasmas que siempre han estado deambulando por ahí. Con el paso de los años, la Cosa Nostra de Sicilia ha perdido la hegemonía entre las asociaciones criminales del país, habiendo sido superada por la N´Draghetta de Calabria o la Camorra de Nápoles. Pero lo que los jueces del Tribunal de Palermo desempolvan ahora en el estrado es la memoria de una década en la que la Mafia siciliana era sinónimo de un poder omnímodo. Eran también los tiempos en los que los italianos, en particular, y los europeos, en general, contemplábamos con cierta simpatía cómplice el ascenso imparable de un hombre que al frente de su conglomerado de empresas se erigía como una vía alternativa a la desgastada política tradicional. Se le han ido acumulado los procesos, y  Berlusconi ve con el corazón en un puño que los jueces citan a quien fue su más fiel colaborador. Los magistrados quieren demostrar que Dell´Utri era la correa de transmisión entre el propietario de Fininvest y los “hombres de honor” del emporio mafioso de Salvatore Riina. Les recomiendo que vean en cuanto puedan la mini serie “El capo de Corleone”, con la que entenderán cómo era la Italia de todos estos años y quién movía realmente los hilos. Y caigan en la cuenta de que el magnífico trabajo televisivo ha sido producido en casa de Don Silvio.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.