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Otras opiniones

Consumía parte inherente de su buena personalidad

Noviembre 27, 2014

En un tiempo fue lo contrario, sacaba lo mejor de ambos. De unas semanas a esta parte, la tendencia había invertido su polaridad. Con acierto pusieron fin a tiempo.


SINTONÍA

Sentados inicialmente a noventa grados en la mesa de la heladería, estaban ya casi frente a frente. La conversación había ido por buen cauce y las posiciones se habían acercado mucho. Su interlocutor incluso se había frotado las manos en dos ocasiones. No era muy distinto a un león relamiéndose cuando veía su presa. Intuía la motivación y el entusiasmo en su forma de decir “nosotros”, cuando se refería a futuras acciones conjuntas. Estaba fraguándose el núcleo de un equipo comercial que podría cubrir expectativas. O no. Podría ser que no prosperara la empresa y que poco a poco se fuera desinflando la ilusión inicial. Hasta volver a sentarse a noventa grados. Pero en esos momentos, se intercambiaron unas miradas cómplices que ya quisieran muchos enamorados.


DE VIAJE

Tenía un viaje en vistas. A un paraje natural maravilloso del que todo el mundo contaba maravillas. Y las fechas eran idóneas. En la pequeña tienda de viajes, en un sótano segundo, vendían sueños de altura, paisajes maravillosos y hoteles de ensueño. Esperó mientras la mujer introducía los datos en el ordenador. Consultaba repetidas veces el monitor mientras el potencial turista esperaba impaciente. En la pared del fondo una palmera avanzaba hacia la orilla de una playa desierta y amenazaba con volcarse dentro del agua cristalina. Levantó los ojos del teclado y le dijo:

       Viaje full day, con regreso en el día. Son 85€. Sale a las 3 de la mañana y tiene que estar en la estación 45 minutos antes.

       ¿A las 3 de la mañana?

La palmera se desplomó al mar. Los hoteles perdieron su encanto y dejaron de parecerle encantadores los paisajes.

 

QUIEN MANDA

Le esperaron durante más de media hora. La reunión estaba programada para las nueve. Pero un problema en el control de acceso impidió que así fuera. Cuando llegó a la sala sólo faltaba él. El máximo responsable presente en la reunión se lamentó de que trabajaban en un bunker y que estaban implicados en agilizar los pases de las visitas. Quién llegaba tarde se sonrió en silencio. Era la segunda vez que escuchaba eso de la misma persona. Interpretó la frase como un lamento sordo que expresa quien sufre impotente un padecimiento crónico. A él le había pasado en las dos ocasiones que les había visitado. Se preguntó si sería la tónica habitual en las reuniones con las visitas. El alto cargo insinuó que se tardaba media hora en pasar el control. El recién llegado tomó nota. Las mejoras por agilizar el protocolo de acceso a las oficinas consistían en que para la próxima reunión, acudiera media hora antes de la convocatoria al puesto de control.

 
SINSENTIDO

Se despidieron para no volverse a ver. Al menos, en una temporada. La experiencia les erosionaba a ambos. Consumía parte inherente de su buena personalidad. En un tiempo fue lo contrario, sacaba lo mejor de ambos. De unas semanas a esta parte, la tendencia había invertido su polaridad. Con acierto pusieron fin a tiempo. Unos días después, un incidente al margen los tenía conversando como el primer día. Él se preguntaba en silencio por los avatares de la vida. Ella, ¿quién sabe?, aunque de seguro que algo se preguntaría. Entre ellos no se cuestionaban por miedo a romper la magia del momento. Y ya no había a quién acudir por respuestas. Lo dejaron estar y disfrutaron de la conversación, que resultaba sugerente, como antes.

 
RESENTIMIENTO

       Con esa actitud, no haces sino amparar a potenciales terroristas. Y todo, ¿para qué? Para enfurecer a tu padre, dándole donde más le duele, en su orgullo.

       Sois inhumanos, deportando a los marginados por el simple hecho de ser ésta su condición y poder así colgaros medallas de la paz.

       El último que no deportamos se hizo estallar una bomba encima y murieron mujeres y niños.

       No todos son iguales.

       Él que estás protegiendo ahora lo es. Dinos donde lo has escondido y evitaremos muchas muertes. Confía en nosotros. Somos los buenos.

La abogada de causas perdidas quedó meditando en silencio. Cuando la cruda realidad se enfrentó a sus ojos, la vio sórdida y tal cuál era. Entonces, su vida perdió sentido, porque se dio cuenta de que no era sino eso, una ilusión creada para satisfacer algún viejo rencor con su padre.

© Javier González Cantarell