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Mensaje en una botella

Confesiones de un periodista vanidoso

Marzo 31, 2011

Padre, me acuso de haber pecado de vanidad. El joven ruso Daniil Korotkikh ha encontrado un mensaje en una botella que fue lanzado al mar hace 24 años. La botella fue arrojada al agua por el joven alemán Frank Uesbeck cerca de Dinamarca y ha aparecido en una playa de Rusia. ¿Comprenden ahora por qué decidí llamar así esta columna? Yo quiero ser el Frank Uesbeck de internet.

Quienes tenemos la fortuna de ganarnos la vida con las palabras, no apreciamos a veces el valor de ese mensaje en una botella que es cada uno de los artículos que escribimos. Somos casi tan inconscientes como vanidosos. Pero en el fondo sólo somos unos seres humanos que escriben para ser leídos por alguien. En la Radio siempre hay alguien oyéndote, como me enseñó José Antonio Ovies. Aquí, en internet, siempre hay alguien leyéndote (en este caso es usted, que amablemente presta atención a lo que escribo).

Aladas palabras

El día que me canse de escribir estaré enfermo o necesitaré que me entierren. No quiero ser como Ryan Reynolds en Buried, pero poco me faltará. Cada palabra que escribo vuela hacia la mirada de quien la lee igual que cada palabra proferida vuela hacia los oídos de quien la escucha. Vuelan como si fueran aves. Son aladas palabras, como las llama Homero en la Ilíada y en la Odisea.

El mérito no pertenece sólo a quien las dice, sino también de quien las oye. A veces la sabiduría de quien recibe las palabras supera con creces la sabiduría de quien las envía. Frank Uesbeck es un columnista de éxito porque ha logrado su objetivo: que alguien haya leído un mensaje que lanzó al mar hace 24 años. Su éxito es tan rotundo que probablemente tenga más mérito que cualquiera de nosotros, los columnistas que procuramos dar lustre a estas líneas reuniendo palabras que tengan sentido y que despierten los sentidos de los lectores.

Me acuso de haber pecado

Siempre quise lanzar un mensaje en una botella. Gracias a Gregorio Fernández, director del Extraconfidencial.com, puedo hacerlo cada semana desde hace 15 meses. Escribo con la intención de agradar al pensamiento, mover a la reflexión o provocar una reacción. Y a ser posible, gustar. Como cuando Julia Roberts proclama entre sollozos ante Hugh Grant en Notting Hill: “Sólo soy una chica delante de un chico pidiéndole que la quiera”.

Cada vez que alguien me dice que ha leído lo que escribo es como si me dijera que me quiere. La vanidad que cultivamos los que nos dedicamos a esto es un arma de distracción masiva. Sólo espero que mi nivel de vanidad no se dispare porque entonces pasaría a convertirse en un arma de destrucción masiva. Sí, padre: soy vanidoso y me acuso de haber pecado. ¿Me absuelve, padre?

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

jdguerrero@extraconfidencial.com