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A renglón seguido

Con sumo Pontífice

Enero 9, 2012

No está tipificado en los Códigos Civil y Penal españoles que tanto la ingenuidad como la candidez se consideren eximentes o atenuantes a la hora de tomar una actitud de pensamiento u obra en la vida de cada uno de nosotros; más bien se han convertido, no en su nacimiento, en agravantes para el después, que es el intervalo de tiempo transcurrido entre el uno de Enero del año 2002 y su homónimo del 2012; es decir, un decenio.

Este año se cumple el X aniversario de la transformación de nuestras renacuajas pesetas en euros y”nos salió rana”. Fue una metamorfosis nada natural forzada por el sistema político-económico monetario, que unos mantienen que nos aprietan y otros que nos vienen grandes para la medida de nuestras posibilidades  crematísticas, ya que no damos la talla para enfundárnoslos, además de habernos pillado con el pie cambiado.

A remojo informativo

Por si no estábamos duchos en aritmética para convertir las pesetas en euros, nos pusieron a remojo informativo durante unos meses, previos a ser sumergidos en una olla a presión que nos pusiera suficientemente tiernos y así crear el caldo de cultivo idóneo para poder ser engullidos a su satisfacción por el nuevo y paradisíaco sistema monetario al que fuimos ofrecidos en bandeja acompañados de once países más.

Uno de los coparticipantes fue el diseñador de los billetes, quien en su reverso instaló una estampa de diferentes puentes construidos en su imaginación con un curioso paralelismo respecto de Su Santidad de Roma, ya que este último tiende los puentes, en su papel de Sumo Pontífice -siempre preso de algodones y aquél los extiende sobre papel siempre de algodón-, impreso para el consumo.

Ahora que nuestro primer ministro pretende hacer desaparecer “los puentes” del calendario laboral de los trabajadores, habría quizá que revisar el concepto metonímico papal y el envés del papel moneda.

No sabemos si a los ojos del Creador –si es que dispone de fe ciega-, el presente del euro es de recibo, pero a los de los puentes habrá que graduarles la vista para ver su escaso futuro poco esperanzador, antes de recibir la caridad de los mercados en forma de especulación desestabilizadora y desintegradora de la moneda.

Hasta la fecha, solo la muerte tiene un precio

Según la OCU la vida se ha encarecido –hasta la fecha solo la muerte tenía un precio-, desde su aparición en nuestros bolsillos de forma sensible. La cesta de la compra ha subido “la leche”… un 48%, el pan el 49%, los huevos el 114%, las patatas el 116%  y el salario, que hace frente con el sudor de la de cada uno a lo anterior y más, el 14%.

Lo que se nos vendió, o mejor dicho canjeó, como una panacea remediadora de los malestares económicos por parte de los alquimistas ad hoc, ha acabado por enfermar nuestros particulares “canuts”. Se redondearon los precios y empezamos a despreciar los céntimos. Cierto es que hemos pasado de recoger del suelo las pesetas, a menospreciar –y nuestra economía por los suelos-, el cobre; en especial, las monedas de uno y dos céntimos, siendo el contravalor de éstas superior. Pase que “doblar el lomo” para trabajar, pero ¿para apañar euros? Pobres y, además, mal informados.

Pues no, nada de eso; España es el país de la llamada zona euro donde se da cobijo a la mayor presencia del billete de 500 (Bin –ya fin- Laden), quizá porque nosama; aunque eso sí, nadie los ha visto, paradójicamente, como al interfecto, de ahí su “alias”. Quizá sea porque miramos hacia otro lado, especialmente si somos poseedores de algunos fajos alojados, a buen recaudo, en el refajo, viga, o doble tabiquería, lejos de la detección de los zahoríes de la inspección de la Agencia Tributaria.

Conservamos aún 250.000 millones de pesetas, contantes y algunas sonantes, en calidad de refugiadas, al abrigo de las posibles inclemencias económicas que, ante una hipotética salida del sistema del euro, nos darían una exigua liquidez inmediata para no perecer atropellados por la falta de circulante en el mercado.

Supondría poco más de “mil duros” por cabeza, pero ya se sabe que Dios provee siempre, o no.

Paco de Domingo