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A renglón seguido

Con su coña y letra

Noviembre 30, 2011

Según los últimos datos el 26% de las familias españolas tiene dificultades para llegar a fin de mes, que no es ninguna estación término, sino doce incómodas paradas a lo largo del año en las que se no se apean de la escasez y, en algunos casos, de la inanición, dado que tienen luz verde continuada y estrictas órdenes del Puesto de Mando de la fatalidad para continuar viaje hacia una interminable desesperación.

Por otra parte el 22% de otras son declaradas pobres, ya que no les queda resuello para hacerlo por activa ellos mismos. Su penúltimo hálito lo emplean en no perder posiciones en el ranking hasta alcanzar la AAA de la “pauperrimidad”; esta vez sin la valoración de las Agencias de Calificación.

Con la tripa llena se lubrica el pensamiento mejor y de forma más rica. Su hermana pobre la imaginación hace acto de presencia ante la ausencia del “pan nuestro de cada día”, con ocurrencias de almidón para las carencias alimentarias a base de: patatas viudas, patatas “a lo pobre”, patatas… con patatas… etc. ¡Para sí las hubieran querido en la postguerra!.

Asimismo dos millones de jóvenes menores de dieciocho años comparten mesa y mantel con las anteriores estadísticas, recogiendo el testigo de sus mayores en la larga carrera hacia la máxima de “¡Virgencita, Virgencita!, que me quede como estoy”, por aquello de que “no hay situación que se encuentre tan mal que no sea susceptible de poder empeorar”.

Alrededor de quinientas mil personas han perdido su hogar; pero no por un imperdonable despiste, sino gracias en parte a la magnífica e impagable Obra Social emprendida por las Cajas (denominadas por algunos de “ahogos”), dejando el resto al profundo conocimiento del contenido de Ley Hipotecaria mostrado por los Bancos. Ambas entidades han privado de la identidad personal patrimonial, en forma de desahucio, a ese medio millón de clientes, “fidelizándolos” de por vida para no volver: ni a serlo, ni a sus viviendas, en una perfecta comunión acreedor versus deudor.

Todo esto en medio de lo que hemos venido en llamar Estado del Bienestar que, al parecer, ha sido logrado entre todos para malestar de algunos cientos de miles de conciudadanos. Pero ¿qué es el Bienestar?; pues si acudimos a la celulosa de la RAE, ésta nos ofrece tres acepciones bien diferenciadas. 1-.Conjunto de cosas necesarias para vivir bien. 2-.Vida holgada abastecida de cuanto conduce a pasarlo bien y con tranquilidad. 3-. Estado de la persona humana en el que se le hace sensible el buen funcionamiento psicosomático.

Seguro que nosotros en algún momento de nuestra caduca existencia nos hemos visto inmersos de forma participativa y/ó anímica en alguna de ellas. En las dos primeras se observa una inevitable invitación –  entrada numerada en euros- al consumo para poder conseguirlas, y ya se sabe que, como decía el irrepetible Groucho, “hay muchas cosas en la vida más importantes que el dinero; ¡pero cuestan tanto!”. La tercera resulta bastante más orteguiana, dejando un leve aroma del posible disfrute de las “pequeñas cosas”, que no pasa por: tener una pequeña mansión, un pequeño yate, o una pequeña cuenta en Suiza. Estaría más próxima al est modus in rebus (por la moderación en las cosas) de Horacio. Cerca de lo que entenderíamos como Calidad de Vida dentro de los posibles contenidos de una buena Educación Para La Ciudadanía.

 Una de las mejores expresiones del consumo es la adquisición de bienes y servicios con dinero  ajeno en forma de préstamos. Hemos gastado… hasta la paciencia –o estamos a punto de ello- de nuestros acreedores, consiguiendo llegar a deber… hasta de callarnos ante las bien timbradas voces de nuestros “prestadores”.

Se recoge lo que se siembra y lo hemos hecho en sal, dado el germen de dudas generado para devolver las oleadas de dinero de otros solicitado y concedido para “gastarlo a mares”. No olvidemos que en España la deuda privada (particulares y empresas) es superior a la Pública (Estado Central, CC. AA. y Corporaciones Locales).

Cierne sobre nosotros la sospecha de que consigamos lo que el humorista Pedro Reyes acuñó con su coña y letra tiempo atrás, al afirmar –visionario- “que este año, por aquél, va a ser el del consumismo; con su mismo pantalón, con su mismo traje, con su mismo coche…

Paco de Domingo