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Mensaje en una botella

Con selfies y a lo loco

Julio 30, 2014

Prometo mandarte un selfie desde cada sitio que visite este verano. No voy a perder la oportunidad de correr en el encierro del pueblo sin hacerme un selfie delante de una vaquilla. Mi héroe es el individuo que fue descubierto mientras se hacía un selfie delante de aquel morlaco en los sanfermines. Nunca llegaré a tener su valentía, que ése los tenía bien puestos aunque su bolsa escrotal estuviera a punto de salir por los aires. Pero qué más da. Lo importante es hacerse selfies. Y yo no voy a parar.

De noche, de día, en casa, en los bares, cuando vaya a la playa, cuando suba al coche, cuando un poli me ponga una multa de tráfico, cuando el mismo poli me lleve a comisaría por pasarme de listo, cuando vaya al súper, cuando esté intentando ligarme a una guiri, cuando cruce la calle sin mirar si vienen coches y me arriesgue a ser atropellado… O sea, en todo momento y en todo lugar. No puedo perder la ocasión. Tengo que hacer selfies sin parar.

Qué bonita es la vida cuando haces selfies. Los selfies te hacen sentir único e importante. Para ello, nada mejor que las redes sociales. La clave es que los demás vean que sólo tú eres capaz de hacer las fotos que haces y que reconozcan la valía de tus autofotos. Porque es esencial que tus selfies circulen por el mundo entero sin trabas, sin obstáculos, sin las absurdas fronteras de lo cotidiano. Un selfie en una red social no tiene límites. Y no hay nada mejor que vivir al límite.

 
El teléfono móvil normal de un país normal
 

Sólo necesito que mi imaginación también sea ilimitada, para que no deje de idear lugares en los que posar para los selfies. Lo conseguiré. Llevo entrenando duramente desde hace meses. La temporada ha sido larga, pero siempre he encontrado mi momento selfie en cada lugar que me ha llamado la atención. El entrenamiento es útil para un selfieadicto. Aunque es duro. Pero no importa.

Porque la fama cuesta y aquí es donde voy a empezar a pagar con sudor, el sudor de las carreras que pienso meterme entre pecho y espalda para lograr mi objetivo de saturar la memoria de mi smartphone a base de autofotos. Los selfies son para el verano y ríete tú de las bicicletas (cuando Fernán Gómez escribió el libreto, ni siquiera se había inventado el teléfono móvil normal de un país normal y no digamos ya el teléfono inteligente).

Me haré a la mar de los selfies y surcaré las aguas del veraneo ruidoso, que es donde suelen anidar los lugares ideales para posar. No me detendré. Y si alguien osa intentar detenerme, iré a buscarte para que subamos a una lancha y naveguemos juntos en dirección desconocida. Y tú, mi pequeña, te acurrucarás a mi lado hasta comprobar por ti misma que sigo haciendo selfies a diestro y siniestro.

Y cuando entre en coma autofotográfico y me convierta en un tipo con selfies y a lo loco, tú mirarás a uno y otro lado como quien busca desesperadamente una salida. Y en ese preciso instante tú te girarás y, mirándome fijamente a los ojos, exclamarás: “¡Soy un hombre!” Será el momento de acercarme a ti para capturar el último de mis selfies mientras, como Osgood, sólo alcanzo a responder: “Bueno, nadie es perfecto”.

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

Sígueme en Twitter: @juandiguerrero