Menú Portada
Mensaje en una botella

Comunistas de salón

Septiembre 8, 2011

“Me fui en espíritu y dejé mi cuerpo para vetar”. Esta frase de Gaspar Llamazares, que parece el epitafio parlamentario del único diputado de Izquierda Unida, es la viva imagen del españolito que se queda en pelotas después de haber gastado mucho oropel. Llamazares pronunció esa frase después de intentar llamar la atención durante el pleno del Congreso que aprobó la reforma constitucional que impone un límite al gasto público. Su Señoría vetó una enmienda parlamentaria que hubiera dejado en mejor lugar a los nacionalistas catalanes. Fue la venganza del diputado de IU contra el PSOE y el PP, a los que responsabilizó de haberse “pasado convenientemente por la piedra” a las minorías.

El médico que lideró Izquierda Unida y que ahora va a quedarse sin su escaño (Cayo Lara es el candidato para las elecciones del 20-N) es la viva imagen del españolito que tenía una vivienda y la ha perdido por dejar de pagarla. El escaño es como aquella vivienda: fácil de conseguir entonces e imposible de mantener ahora. La culpa siempre es de los otros. A banqueros, constructores y especuladores les pitan los oídos. El españolito medio nunca tiene la culpa. ¿O hay algún caso en el que quizá la tenga?

¿Qué me dicen de quien aún no había acabado de pagar el piso y ya se había metido en la hipoteca del apartamento en la playa? Y, ¿qué me dicen de quien no había acabado de pagar un coche y ya estaba pidiendo el préstamo para comprarse otro porque no podía ser que el del vecino molara más? Si han sonreído al pensar en la respuesta a alguna de estas dos preguntas, tal vez usted conoce a algún españolito medio que quizá tenga algo de culpa.

Ver las orejas al lobo

Ha sido reconfortante para los españolitos medios poder arremeter contra quienes han prestado dinero y contra quienes han especulado con él, convirtiendo a una gran mayoría en rehenes de todos sus caprichos domésticos. Esos españolitos medios se han sentido reconfortados al oír las proclamas iniciales del 15-M, compartidas por una inmensa masa social. Pero la realidad los ha devorado.

Igual que ha devorado a Gaspar Llamazares, que ha lanzado un SOS una vez que ha visto las orejas al lobo que va a dejarle sin su escaño. Después de haber anunciado en su día que se retiraba (ante el desembarco de Cayo Lara al frente de  Izquierda Unida), ahora dice que el 15-M “le ha dado ganas de volver a presentarse”. O sea, que tampoco se está tan mal en el Congreso con tu sueldo, tu coche, tus viajes en avión gratis o tu iPhone. Y si eres eurodiputado, tienes un iPad.

Debajo de un puente

Esto me recuerda una escena inolvidable que presencié hace unos meses en una de las concentraciones del 15-M en una capital española. Uno de los portavoces del grupo no dejaba de agachar la cabeza a la vez que hablaba con sus colegas. Después de acercarme comprobé lo que ocurría: estaba interactuando con su iPad, al que protegía como su tesoro más preciado. En ese instante cómo un paisano acusaba al activista del 15-M de contribuir al enriquecimiento de una multinacional norteamericana, encarnación del más puro capitalismo, que se llena los bolsillos mientras vacía los de los demás.

Aquel paisano estaba verdaderamente indignado. Gaspar Llamazares seguramente también. Pero, al igual que su colega de aquella concentración del 15-M, prefiere pasar la vida en compañía del iPad o del iPhone. Así no se siente tan solo. Como dice Llamazares, los que son de izquierdas no tienen que “ir vestidos de mono y vivir debajo de un puente”. Eso ya no se lleva. Ahora se llevan los comunistas que pasan por capitalistas y viceversa. Francisco Umbral lo definió como nadie: “Me encanta pensar como los de izquierdas, pero vivir como los de derechas”. Ahora se llevan los comunistas de salón.

 

Juan Diego Guerrero es director de Noticias Fin De Semana en Onda Cero

@juandiguerrero