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El mayordomo

Cómo vestir cuando estemos en casa

Diciembre 27, 2009

Durante las vacaciones aumenta considerablemente el tiempo que pasamos en casa. Sin embargo, la búsqueda de la comodidad no tiene por qué significar una pérdida de elegancia.

El ritmo alocado del tiempo que nos ha tocado vivir impone dejar de lado costumbres que no hace muchos años formaban parte del ritual de todo caballero. ¿Quién puede olvidar a Sherlock Holmes desayunando con ese atuendo tan exquisito a pesar de sólo vestir ropa de estar por casa?

Hoy, en la mayoría de los hogares del mundo, apenas se dedica tiempo a la liturgia del desayuno ni siquiera los fines de semana. Algo similar ocurre cuando llega la hora de la cena. El sofá ha sustituido a la mesa, la bandeja al mantel y la televisión a la conversación.

Ante esto cabe preguntase: ¿de verdad es esto más cómodo que cenar en la mesa con su correspondiente mantel mientras se disfruta de un buen vino en su copa Waterford?

Esa elegancia perdida deberíamos recuperarla cuanto antes. Hay pocos placeres como el que proporciona, después de una larga jornada de trabajo, vestirse con un pijama recién planchado, una bata de seda, y volvernos a enganchar a ese capítulo del libro que nos dejó en ascuas la noche anterior.

Como ya hemos apuntado en esta columna en diferentes ocasiones, la elegancia se pone de manifiesto en los pequeños detalles. De ahí que si alguna vez hemos roto la paz de un hogar sin ser esperados y nos reciben como si supieran que esperaban nuestra visita, sin lugar a dudas estaremos ante una persona elegante y no sería extraño que también frente a un caballero.

Debemos vestir de una forma determinada porque nos encontramos a gusto así y no para impresionar a nadie. La elegancia es una filosofía y ésta se debe mostrar en toda situación y lugar. De poco vale que acudamos a reuniones de trabajo de forma impoluta si al llegar a casa nos quedamos en camiseta, unos boxers y nos calzamos unas nórdicas.

Todos necesitamos un tiempo para nosotros solos, poder deleitarnos con un buen libro o simplemente reservarnos el tiempo suficiente para gozar de un vaso de whisky, escuchar a Sinatra y dejar volar nuestros pensamientos sobre una LC4 o sobre una Eames. Son estos pequeños placeres los que más goce proporcionan.

El pijama empieza a ser vestido por los caballeros ingleses en 1870, a su regreso de las colonias de Oriente. En 1890 las camisolas que hacían las veces de pijama son sustituidas por los pijamas de dos piezas. Habrá que esperar a que Coco Chanel convenciera a las señoras a comienzos del siglo pasado de la elegancia de esta prenda para poder verlas también a ellas vestirlo.

A la hora de escoger el pijama debemos conocer el material con el que está confeccionado. El tejido aporta el confort y la temperatura que cada uno desea.

Los pijamas de seda son extremadamente cómodos por su textura y ligereza y se pueden vestir tanto en verano como en invierno. Aún siendo infinitamente más baratos que los de cachemira, su precio sigue siendo elevado.

Si durante estas vacaciones tenemos la suerte de disfrutar unos días en algún país asiático, especialmente en Vietnam o China, no debemos desaprovechar la oportunidad de encargarnos varios pijamas de seda. Si tales viajes no están previstos, podemos decantarnos por pijamas de algodón, franela etc.

La variedad de pijamas no es tan extensa como la de otras prendas; sin embargo, al igual que cuando hablábamos de las camisas, también existen diferentes cuellos y puños.

Debemos siempre huir de los pijamas con forma de jersey y vestir aquellos con forma de chaqueta. A parte de ser más cómodos y ligeros, son mucho más elegantes.

Los estampados de los pijamas son infinitos, pero nunca nos equivocaremos si los elegimos de rayas. Derek Rose, la mítica casa inglesa de pijamas fundada en 1925, ha hecho de las rayas su estandarte y las posibles combinaciones que se ofrecen en ella llegan a ser tan extensas como la de las propias corbatas.

Esta tienda, como muchas otras en Jermyn Street, ofrece la posibilidad de confeccionar el pijama, la bata y los boxers con idéntico estampado; algo que denota por parte de sus elitistas clientes elegancia y conocimiento de la moda más intemporal.

La bata, esa prenda tan querida por el personaje de Iván Aleksandrovich Goncharov, Oblomow, debería igualmente formar parte de todo armario que quiera preciarse como tal. Si bien la seda sigue siendo el tejido preferido por su tacto, no debemos olvidar que cualquier mancha sobre ella nos obligará a pasar por la tintorería.

Para terminar el atuendo que todo caballero debe vestir al estar en casa no podemos dejar de mencionar las slippers. Todas las casas de zapatos de renombre incluyen en su colección, y hoy más que nunca, diversos tipos de zapatillas para estar en casa.

Suelen ser de piel y se puede optar por modelos abiertos o cerrados por el talón. El rey de las slippers sigue siendo el modelo Albert. Este modelo es el perfecto compañero para las casas de campo donde los suelos son más fríos y duros que en las casas de ciudad. El modelo Albert se puede personalizar con el escudo de familia o, en su defecto, con las iniciales del portador.

No obstante, el uso de las slippers nunca debería ser alternativo al del zapato. Debemos huir de la moda más reciente de vestirlas con vaqueros o con cualquier otra prenda. La casa es para las slippers lo que la calle para los zapatos.

Jeeves
elamayordomo@extraconfidencial.com