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Mensaje en una botella

Como un huevo a una castaña

Noviembre 4, 2015
rajoy sanchez

Santiago Carrillo volvió del exilio en 1976, después del final de la dictadura franquista. A su regreso a España supo entenderse con Manuel Fraga, uno de los ex ministros de la dictadura franquista de los que huían los comunistas como alma que lleva el diablo. Carrillo y Fraga se dieron la mano y se pusieron manos a la obra. La obra fue la Constitución de 1978, que contó con un comunista entre sus padres fundadores: Jordi Solé Tura, designado por Santiago Carrillo. Actualmente Izquierda Unida (IU), federación a la que pertenece el PCE desde 1986, es la fuerza política a la que los sondeos sitúan en quinto lugar en intención de voto.

Felipe González fue elegido secretario general del PSOE en 1974, durante el congreso celebrado en la localidad francesa de Suresness. El cónclave tuvo que celebrarse fuera de España porque los socialistas actuaban en la clandestinidad durante la dictadura franquista. Isidoro, que era el alias utilizado por Felipe González en la época de la clandestinidad, también se dio la mano con Manuel Fraga tras la muerte de Franco y en 1978 eligió a un socialista para que se convirtiera en uno de los padres fundadores de la Constitución: Gregorio Peces-Barba. El PSOE es actualmente la fuerza política a la que las últimas encuestas colocan en tercera posición en intención de voto.

Manuel Fraga fue ministro durante la dictadura franquista entre los años 1962 y 1976. Cuando se encontraba al frente del Ministerio de Gobernación, recién fallecido el general Franco, se reunió con Felipe González y permitió la celebración del congreso de un todavía clandestino sindicato UGT. Ya entonces reconoció que sería necesaria la legalización del PCE, algo que ocurriría el 9 de abril de 1977. En 1976, Fraga fundó Alianza Popular, que en 1989 pasaría a llamarse Partido Popular (PP). Manuel Fraga fue uno de los padres fundadores de la Constitución que el 6 de diciembre de 1978 aprobaría el pueblo español en referéndum. El PP es actualmente la fuerza política a la que los sondeos sitúan en primer lugar en intención de voto.

Democracias occidentales

Los actuales candidatos de IU y PSOE se han reunido en el palacio de la Moncloa con el presidente del Gobierno, que también es presidente del PP. También han acudido a la Moncloa los candidatos de Ciudadanos, segunda fuerza en intención de voto según las últimas encuestas; y de Podemos, cuarta fuerza política según estos sondeos. Albert Rivera ha reconocido haber acudido hace años a actos políticos del PP y del PSOE. Pablo Iglesias militó tiempo atrás en las Juventudes Comunistas del PCE. Todos ellos son pues, en mayor o menor medida, herederos de los partidos cuyos líderes se dieron la mano y construyeron juntos las Constitución de 1978. La Carta Magna todavía perdura y está sirviendo para que disfrutemos del período democrático más longevo de nuestra historia.

El presidente del Gobierno ha recibido a los líderes de los cuatro partidos que, junto al que él preside, ocupan actualmente los cinco primeros puestos en intención de voto. Mariano Rajoy ha hecho lo que acostumbran a hacer los jefes de Gobierno de las Democracias occidentales: hablar con los líderes de las fuerzas políticas para ponerse de acuerdo en los asuntos de Estado. El desafío secesionista de los independentistas catalanes es, sin lugar a dudas, un asunto de Estado. Se trata de una amenaza a la Democracia porque propone saltarse la Constitución, que está garantizando nuestra convivencia desde el final de la dictadura.

Se cura con la práctica

¿Acaso el respeto a la Constitución que nos mantiene unidos desde 1978 no es un asunto de Estado? ¿Acaso no reclamamos con frecuencia que los partidos políticos aparquen el partidismo y actúen con altura de miras en los asuntos de Estado? Me cuesta creer que los ciudadanos de Estados Unidos, Francia, Alemania o Reino Unido se asustaran si Barack Obama, François Hollande, Angela Merkel o David Cameron recibieran a los líderes políticos nacionales para hablar de cuestiones de Estado. Lo que les asustaría sería que sus líderes políticos no hablaran entre sí de estos asuntos.

En España no estamos acostumbrados a que el presidente del Gobierno reciba a los líderes políticos de la nación para hablar de asuntos de Estado. Y no sólo es necesario que esto ocurra: es imprescindible que esto ocurra. Sólo así nuestro país parecerá una Democracia avanzada. Sólo así nuestra Democracia demostrará su fortaleza frente a quienes no la toman en serio. Artur Mas debería tomar en serio a España, ahora que Mariano Rajoy se ha tomado en serio a los líderes políticos y ahora que los líderes políticos se toman en serio los asuntos de Estado. Pero todavía falta algo más importante: que el presidente del Gobierno y los líderes de las fuerzas políticas democráticas firmen un acuerdo para preservar el respeto a la Constitución, y que comparezcan en público para transmitir la imagen de la unidad.

IU dice que “Alberto Garzón rechaza sumarse al teatro del pacto de Estado de Mariano Rajoy”; Pablo Iglesias deja claro que al presidente del Gobierno ni se le ocurrió proponerle un pacto de Estado cuando se vieron en Moncloa  “porque sabía muy bien con quién se estaba reuniendo”; y Pedro Sánchez no ve “necesario firmar un pacto para proteger la soberanía nacional y la unidad territorial de España”. Estos líderes se parecen a Santiago Carrillo y a Felipe González tanto como un huevo a una castaña.

Desdeñar la unidad en un asunto de Estado como el que nos ocupa puede llegar a ser peligroso. Esa alergia a la unidad que muestran algunos de los líderes que han visitado al presidente en la Moncloa, se cura con la práctica. Después de lograr la unidad por primera vez, cuesta menos conseguirla en una segunda ocasión. Y así sucesivamente. ¿Será que hay elecciones dentro de 45 días? Pero, ¿no habíamos quedado en que lo verdaderamente democrático es no hacer campaña electoral con los asuntos de Estado?

Juan Diego Guerrero dirige Noticias Fin De Semana en Onda Cero

@juandiguerrero