Menú Portada
El mayordomo

Cómo escoger un traje (Primera Parte)

Enero 2, 2011

Un cuello desbocado, unas solapas que se abren o una chaqueta demasiado larga son algunos de los errores a evitar


La correcta hechura de una prenda habla de la calidad de la misma con mayor rotundidad de lo que pudiera hacer cualquier marca que llevara grabada en la etiqueta. Las marcas industriales, es decir, casi el 99% de los nombres que se pueden encontrar en el mercado, fabrican su ropa pensando en las medidas de un cliente estándar. De esta forma establecen diferentes “tallas” pero sin tener en cuenta las particularidades físicas de cada caballero. 

Por ello, cuando nos encontremos enfrente del espejo del probador o de cara al dependiente se debe tener muy claro cómo debe quedar un traje y consecuentemente conocer las modificaciones que deberán hacerse a éste antes de comprarlo. Incluso en las mejores tiendas, ya sea por comodidad o simplemente por ignorancia, los dependientes propondrán, en el mejor de los casos, coger el bajo, acortar las mangas y entallar la chaqueta. Sin embargo, esto debería ser solo el comienzo para conseguir una buena hechura.
 
El cuello 

En primer lugar, se deberá tener en cuenta que la chaqueta del traje debe permitir ver la parte superior del cuello de la camisa. Tanto cuando este desabotonada como cuando esté abotonada, el cuello de la chaqueta nunca deberá tapar al de la camisa en su totalidad. Igualmente, esto deberá ser así tanto cuando se esté de pie como cuando el caballero se encuentre sentado. 

El cuello de la chaqueta deberá, igualmente, estar en contacto permanente con la camisa. Se deberá, por tanto, evitar que el cuello de la chaqueta se “desboque” abriéndose por la espalda De la misma forma, se vigilará que el cuello de la chaqueta no se suba en exceso sobre el cuello de la camisa ya que de hacerlo la chaqueta terminará abriéndose y consecuentemente despegándose las solapas de la pechera de la camisa. 

Las solapas 

Deberemos intentar evitar la extendida costumbre de probarnos la chaqueta frente a un espejo sin ni siquiera antes haber dado un paso con ella puesta. Resulta siempre recomendable pasear con ella y ejecutar los movimientos que se realizarán con ella en el día a día. Así pues, ningún caballero deberá sonrojarse de caminar con ella o incluso agacharse. 

Una de las personas que llevaba hasta las últimas consecuencias este consejo era el famoso bailarín Fred Astaire quien acostumbraba, antes de dar el visto bueno definitivo a su sastre, bailar con el nuevo traje algún número para comprobar si efectivamente dicho traje se adaptaba a él y le permitía moverse con la soltura que luego necesitaría ante las cámaras. 

Será tras la realización de todos esos movimientos cuando se vuelva sobre el dependiente que nos ha atendido para mostrarle el aspecto de la chaqueta para que ahora sí haga los ajustes pertinentes. 

Las solapas de la chaqueta deberán siempre estar en contacto con la camisa. No se deberá abrir ninguna de ellas. Éstas caerán limpiamente sobre el torso sin que en su transcurrir se separen de éste o se abran. 

La longitud correcta 

Sobre la longitud de la chaqueta, a pesar de los gustos personales de cada caballero, hay unas normas básicas que no se pueden dejar de observar. 

La longitud de la chaqueta se establecerá atendiendo a la longitud del brazo. Permaneciendo de pie y dejando caer libremente el brazo, la altura de los nudillos de la mano establecerá hasta donde se deberá alargar la chaqueta. 

Otra forma de asegurar de que la chaqueta tiene la longitud adecuada es comprobando si ésta efectivamente parte en dos partes iguales el cuerpo; o más concretamente si la distancia que va desde el cuello de la chaqueta hasta donde ésta termina es igual a la que va desde donde termina la chaqueta hasta el suelo. 

Las mangas 

Uno de los fallos más extendidos cuando se viste de traje es llevar las mangas de la chaqueta excesivamente largas y en cambio las de la camisa demasiado cortas. Como indicación general, el largo de la manga de la chaqueta debería prolongarse hasta donde se agranda el hueso cúbito a la altura de los huesos carpianos mientras que la camisa debería extenderse hasta donde empieza a ensancharse la mano. 

Se deberá insistir, hasta el punto, si es necesario, de negarse a comprar la chaqueta, en que si se tienen que acortar las mangas esto se haga por la parte superior de la manga, a la altura de la costura del hombro, pero nunca en la inferior. Lo más cómodo para las casas de arreglos es siempre cortar las mangas a la altura de los botones sin tener en cuenta que la chaqueta desmejora en gran medida si al comienzo de las mangas aparecen inmediatamente los botones. 

El talle 

Los señores más observadores habrán apreciado como cada día es más frecuente cruzarse con señores con chaquetas excesivamente ceñidas. Cuando los dependientes entallan la chaqueta no son pocos los caballeros que tiene la costumbre de encoger el estomago. Sin embargo, al abandonar la tienda aquellos centímetros que se escondieron durante unos pocos segundos, de repente, y sin pedirnos permiso, vuelven a aparecer. 

La chaqueta debe tener el suficiente espacio entre ella y su portador para que le permita moverse con libertad. Por ello, no debería darnos vergüenza alguna introducir en los bolsillos interiores de la chaqueta la cartera y el móvil antes de que el dependiente marque la hechura final y mande la chaqueta al taller de arreglos. 

Jeeves
elmayordomo@extraconfidencial.com

Síguenos en: http://www.facebook.com/profile.php?id=100001919406282