Menú Portada
A renglón seguido

Como Dios manda

Octubre 12, 2011

A estas alturas -menos celestiales y más materiales-enfrentar a evolucionistas y creacionistas, con la canícula otoñal que padecen unos y disfrutan otros tantos, resultaría farragoso y algo bizantino negociar un intento de aproximación a una improbable verdad ecléctica.

Todo el mundo tiene derecho a acertar, pero también el deber de equivocarse, ya que de humanos es el errar –con “hy mucha pericia lo efectúan algunos- y de los errores dicen que se aprende; incluso a repetirlos. ¿Quién está dispuesto a no aprender si en especial los cometen los de enfrente?

Un representante sacerdotal del cristiano-catolicismo manifestaba, ante una pila bautismal, que teníamos que hacer “lo que Dios manda”. ¿Y qué nos manda Dios? -inquiría a sí mismo-, pues que lo amemos sobre todas las cosas, así como querer a nuestros semejantes, bien deudores bien acreedores.

Al instante estudié el comentario –entre orientativo e imperativo- y pensé en el intermitente piloto de cariño que con su luz guiadora nos dedica el Señor, dado que su amor no es continuado. Sabedor es el Altísimo –podría haberse dedicado al baloncesto celestial- de que nunca abandona a sus hijos sean o no practicantes.

Todavía está templado el cadáver de una madre que cayó abatida a tiros por la maldita destreza de un bendito que portaba un arma de fogueo rectificada para rectificarle la vida a dos conciudadanos: la víctima y el victimario.

La fallecida contaba con un ser vivo en el interior que, inicialmente, se salvó de la quema, o mejor dicho de la quemarropa a que se vio sometida su Santa madre.

No se ha podido contrastar si el autor del doble crimen y medio, quedó otra persona herida, era un buen conocedor del latín y por ende de su luctuoso verbo caedere (matar), lo que sí ha quedado acreditado es que, aunque no supiera enunciarlo, sí ha sabido practicarlo, haciendo bueno el refranero-en lo que a la mujer se refiere-: “de Madrid…al cielo”.

El hecho –que ha sido “la de Dios”- ha tenido lugar en uno de los recintos donde se imparte su divina palabra. No sabemos si se pondrán en práctica las pesquisas sacerdotales encaminadas a presentar sus conclusiones ante algún tribunal eclesiástico. Quizá se silencien, en su caso, por temor a alguna resolución inculpatoria hacia el Todopoderoso en forma de responsable civil ectoplasmático principal de los hechos.

¿Cómo podemos amar al Omnipresente Señor, además de Omnímodo, si al menor descuido nos da la espalda hasta en su propia casa? Quizá sea solo su espíritu de mal centinela el que nos custodia y vigila. En esta vida y en las que nos esperen, tiene que haber un “daca” no puede ser siempre “toma” sin recibir algo a cambio.

Ya sabemos que no sólo de pan vive el hombre, pero la Fe tiene que alimentarse, además de ciegas creencias, de pruebas palpables-no papables- de afecto y protección del Jefe de todos los Estados del Universo universal.