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Otras opiniones

Comisión de quejas de la FAPE: toda precaución es poca

Enero 20, 2014

Ya me he ocupado varias veces de la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología de la FAPE (Federación de Asociaciones de la Prensa de España). Ahora me dispongo a escribir de nuevo sobre ella y lo volveré a hacer periódicamente. Mirar para otro lado o resignarse es como querer mantener un corcho en el fondo del agua. Se atribuye a Tomás de Aquino la frase “Temo al hombre de un solo libro” (Timeo hominem unius libri). Con esta frase se refería al dogmatismo y a las mentes estrechas. Ahora, los tiempos han cambiado y no hay por qué temer, por ejemplo, a personas como María Dolores Masana Argüelles, ponente de esa Comisión, porque su forma de trabajar queda muy alejada de los niveles que otros periodistas han demostrado en España y en el extranjero.

María Dolores Masana obtuvo el título de periodista por la antigua Escuela de Periodismo de Barcelona, pero parece que no es Licenciada en Ciencias de la Información. Y si esto último es cierto, podemos decir que ella no consideró que profundizar en sus conocimientos mereciese su tiempo, pero sí lo ha encontrado para dedicarse a puestos como Presidente de Reporteros sin Fronteras o Vicepresidenta de la Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE). Y en sus muchos años de práctica del Periodismo sólo ha escrito un libro. Uno solo. Desde luego, hay cientos y cientos de periodistas que han escrito varios o muchos libros. Y de mucha más calidad que el suyo.

La gran distancia que va de María Dolores Masana a Oriana Fallaci

Me resulta inevitable comparar a María Dolores Masana con la periodista italiana Oriana Fallaci. ¡Qué diferencia entre una y otra! ¡Qué abismo de conocimientos y de prestigio! El libro de Masana se titula Princesas del Islam. Lo publicó en 2004. En el Prólogo aparecen estas palabras: «Este libro se centra especialmente en la condición de la mujer musulmana. No pretende ser un estudio en profundidad». Desde luego que no lo es. De 322 páginas de que consta el libro, Masana sólo dedica el diez por ciento a entrevistas con mujeres árabes. 

Esto contrasta con Entrevista con la Historia, de Oriana Fallaci, de 618 páginas, obra dedicada a entrevistas, puras y duras, con 26 políticos, los más importantes de los años 60-70. Son entrevistas en profundidad, que exigen mucha preparación, en contraste con las breves, por no decir brevísimas, entrevistas de Masana con mujeres árabes. Es que estamos hablando de niveles de conocimientos y de actitud ante la vida muy, pero que muy distantes.  Oriana Fallaci abandonó sus estudios de Medicina, pero tenía muy claro lo que quería: ser periodista con todas las consecuencias. Nada más. En esto se parece, profundamente, a Truman Capote. Éste supo muy pronto lo que quería en la vida. Una maestra de Enseñanza Primaria le enseñó a escribir y la transmitió la pasión por la escritura. Y él decidió dedicar su vida a escribir, sin asistir a la Universidad.

En cerca de cincuenta años de ejercicio de su profesión, Oriana Fallaci escribió doce libros. Algunos lectores pueden estar en contra de los últimos; otros, profundamente de acuerdo. Lo que nadie puede negarle a Fallaci es que estaba muy bien preparada y su decidida vocación. Para ofrecer un panorama de la distancia que hay entre Masana y Fallaci, fijémonos en las seis últimas palabras de la Introducción del libro de Masana: « In cha Allah. Si Dios quiere». Pues bien, la periodista italiana escribió su novela Inshallah, de 720 páginas.

¿Es María Dolores Masana la autora única de su único libro?

Con María Dolores Masana surgen las dudas de si ella fue la autora integral de su único libro.  En la portada, resaltan estas palabras: «Con la colaboración de Caridad Reixa». Y en la página 11, agradece la colaboración de seis personas: Elvira Nadal, Montse Alomà, Isabel Ramos, Farida Aoues, Florence Turbet-Delof y Carla Fibla.

Uno de los campos de aplicación del Análisis de Contenido en las Ciencias Sociales es el de la «autoría disputada». A mí se me han planteado este asunto al leer el Prólogo, Introducción y Epílogo de este libro y, por supuesto, las demás páginas. También, ya lo he dicho anteriormente, cuando he visto la gran desproporción entre el número de páginas del libro y el de las entrevistas de María Dolores Masana.

Entonces, ¿sería mucho pedir que María Dolores Masana haga lo que muchísimas personas que escriben? Especifican lo que han hecho quienes han colaborado en su obra. Que concrete en qué ha consistido cada colaboración. Es muy sencillo de hacer. Vamos, Vicepresidenta de la Comisión de Quejas, es un trabajo muy fácil de hacer. Le puede usted escribir al director de El Extraconfidencial.

En su gran libro The Powers That Be (dedicado a investigar la historia de la revista Time, de la cadena de televisión CBS, y de los periódicos Washington Post  y Los Ángeles Times), el periodista David Halberstam especifica en las páginas 1029-1031 las personas que le ayudaron de manera más directa y en qué consistió esa ayuda.  También hace constar, con sus nombres y apellidos, los cientos de personas a las que entrevistó.  Dice que ha respetado la voluntad de las personas que preferían que su nombre no saliese. Y dice lo siguiente: «Por término medio, cada entrevista duraba entre noventa minutos y dos horas. Algunas personas me vieron cinco, seis y hasta siete veces. Las entrevistas constituyen algo curioso: son, a la vez, la parte más agotadora de esta clase de periodismo pero, al final, la mejor parte de la misma, la más valiosa, no exactamente en un sentido profesional estrecho de conseguir información, sino en un sentido humano más amplio».

Pues sólo hay que comparar las entrevistas de Fallaci y de Halberstam con las de Masana.

A la vista de lo anterior, ¿es un delito suponer que también María Dolores Masana tuvo ayuda al redactar su dictamen, y no precisamente de los miembros de la Comisión? Y sobre todo, es impensable que Fallaci y Halberstam hubieran escrito cualquier dictamen como el de María Dolores Masana en el Comité de Quejas.  Se hubieran negado rotundamente a acceder a lo que se ha prestado Masana.

Un detalle «deontológico» de Masana Argüelles

Ya he dejado constancia en otros escritos lo que a mí me parecen faltas deontológicas de María Dolores Masana Argüelles en su escrito como ponente. Pues bien, en su libro, llama la atención un detalle que sale en la entrevista a Selma Brahimi, periodista argelina.  «He perdido el miedo a los terroristas pero… no al régimen. No pongas mi nombre, por favor- me dijo al pedirle la entrevista-, mi trabajo es imprescindible para la economía de mi casa».

Pues nada, como quien oye llover. Masana Argüelles le hace tres preguntas, sólo tres, y la periodista sale con su nombre y apellido reales. ¿Es que no se planteó Masana lo caro que podrían resultarle a Selma Brahimi esas tres preguntas? (El libro salió dos años después de entrevistarla).

Que se marche a su casa

En resumen: Creo que María Dolores Masana debería abandonar la Comisión de Quejas y dedicarse a estudiar, estudiar mucho más, como Fallaci, Halbertam y miles de periodistas. Creo que no va a hacer ninguna de las dos cosas. Ella se lo pierde. El único motivo de agradecimiento hacia Masana es que nos ha hecho ver a muchos, a demasiados, la gran distancia que hay entre otros países y España en la protección de la libertad de expresión de los periodistas.  La Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología de la FAPE, en su funcionamiento, y dejando al margen la mayor o menor calidad de sus miembros, es una auténtica antigualla en el mundo que vivimos. A ver cuándo la actualizan y la ponen al nivel de los tiempos. Una renovación a fondo, vamos. Y nada de resolver Recursos de Reposición quienes han dictado una sentencia. Si alguna vez, algún año, deciden que los pobres periodistas españoles se merecen el Recurso de Reposición, que no sean los mismos que deciden las sentencias sean quienes  guisen los recursos. Lo mejor que puede hacer la de Comisión de Quejas es auto disolverse.

Como es conveniente insistir en estos puntos, me comprometo a volver a ocuparme de esta Comisión en una próxima ocasión. Por ejemplo, de José Luis Martínez Albertos. Sí, lo reconozco, es una responsabilidad aburridísima de asumir, pero responsabilidad ante miles de periodistas y de contribuyentes.

Felicísimo Valbuena