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Otras opiniones

Colau: De la burbuja inmobiliaria al derecho a la alcaldía

Julio 25, 2016
colau

Puede que algunos piensen que la política es esencialmente representación, incluso farándula, y que el saber y capacidad para gestionar lo público puede ignorarse.

La nueva política ofrece nuevas oportunidades, ahora podemos sube como la espuma, unidos podemos se sitúa en la cresta de la ola y todos a una se levantan un salario en comuna.

El sueño español se aúpa a la posición que le asegura una renta superior a la que le pueda corresponder al mejor de nuestros profesionales. Se burla la confianza del mejor ciudadano y se entrega la gestión al mayor de los iletrados.

¿Qué ha hecho Barcelona para merecer una alcaldesa sin formación? Nada. Jamás una empresa que maneja 2000 millones de euros contrataría a un gestor sin experiencia, que chapurrea la lengua propia y que carece de sentido común para examinar las consecuencias de sus propias decisiones. El ciudadano estupefacto admira como se les entrega a otros gratuitamente lo que nunca aspiró a merecer.

La lógica de la alcaldesa de Barcelona

Desde luego la imbecilidad y la estupidez puede ser algo pasajero, o formar parte del carácter en tal grado que a cualquier ciudadano de la pobre y multirracial Barcelona se le quede la cara de gilipollas cuando descubre que la lógica de su alcaldesa es la de un ama de casa que acabara de entrar por primera vez en el supermercado sin conocer un ápice el precio de las cosas.

¿Puede ser que en un Estado democrático sus ciudadanos puedan elegir a sus representantes mas ineptos?, Si. Parece obvio que no está asegurado en una sociedad que reniega de la meritocracia elegir al mejor, pero ¿qué representa Colau del pueblo que dice representar?.

Colau solo se representa a sí misma y a su familia, a la que ha decidido colocar entre bambalinas mientras al escenario salen los intérpretes que substituyen el compromiso de gobierno por la consulta popular, por una modalidad de opinocracia, de llevar a la plaça pública la encuesta para distraer en el juicio de todos una decisión arbitraria previamente tomada, no importa quien la apoye. Un modo de proceder que no es sino la punta del iceberg. La Catalunya profunda se parece más al pijoaparte que busca desclasarse en los brazos de la burguesía con complejo de culpa, en los brazos de la Teresa del universo de Marsé, más que a la Catalunya que experimenta el valor del trabajo diario.

Fenómeno pasajero

Colau es un fenómeno pasajero que por la aparente novedad de sus propuestas parece más bien, la versión femenina de ese político considerado por Don Pablo como el más bello e insigne. Colau es Zapatera. Puro nominalismo. Su profesión de agitadora, de mediadora social a comisión, es un excelente currículo, y una profesión opaca al fisco. Sabe que sólo puede hacerse perdonar aparentando ser informal, de tal modo que pasen desapercibidas las comisiones que cobrara por sus gestiones, el cobro de subvenciones de las instituciones que criticaba, su salario y el tráfico de influencias, con el más puro estilo jesuítico, a través del ejercicio de la apariencia. Primero se conquista el poder, luego se obtiene la sumisión de quienes se oponen comprando sus voluntades. Y aquí paz y después gloria. Aquí Trías y después Colau.

Graham Green retrató en su novela El poder y la gloria lo que ha tomado  cuerpo en estos,  nuestros protagonistas, Colau en el papel de teniente y Trías en el papel de cura. Ella es una mujer austera y rectilínea, que vive en perfecta armonía con sus ideas. Su plataforma antideshaucios ocupa toda su vida. No bebe y, pese a su juventud, no le tientan los hombres. Tiene una idea precisa de la injusticia social, odia a la Iglesia y a Trías porque ve en él al cómplice del abuso y la explotación de los humildes. Se lo dijo a Trías el día que lo sustituyó en la Alcaldía. Y ha vivido a costa de su culpabilidad.

Excrecencia de la izquierda

Colau no puede aceptar una religión que presta oídos en el confesonario a los pecados de CIU  que cobra a sus siervos el 3% pero absuelve a Pujol y, sus curas comparten mesa y mantel. Trías untaba a la organización parapolicial, la policía política de Colau. Es el materialismo rampante del que se cree acreedor a una renta sin haber pegado ni chapa, el dinero como mecanismo articulador de voluntales, la historia de esa izquierda que a nadie representa, que cobra por despido y que vive de la subvención en ausencia de afiliados y cuotas. La manteca del poder, la grasa política que mantiene sin chirriar la maquinaria de la mordida. Si no ha sido favorecida por el saber, si no ha tenido éxito en los estudios, si busca desplazar a los depredadores de la patria catalana, a los Maciá, a los Alavedra, a los Pujol, a los Serra, y tantos otros apellidos ilustres, representativos de las haciendas catalanas no es simplemente para desplazarlos sino para substituirlos, para simular un saber que no posee y para demostrar que sobran los estudios para triunfar, es la Colau, desayuno y merienda, ideal, ideal.

Colau es una excrecencia de la izquierda intrépida que obtiene el apoyo popular viviendo a costa de los que dice representar, el pueblo, de ese pueblo heterogéneo que quiere vivir al otro lado de Vallvidriera, siendo ella una pequeña representante de ese pueblo postergado  sea del maresme, de la Barceloneta, hoy convertida en un muelle del pelotazo social de la Olimpiada o del industrial Baix Llobregat. Colau nos ha redimido. Por fin uno de los nuestros, con el mismo discurso de éxito que cualquiera querría oir de sus hijos, ha conquistado los cielos. Gana dinero representando a un pueblo agotado. Al menos uno de los nuestros se salva de la miseria. Disfrutamos en ella lo que no hemos podido obtener para nosotros mismos. Como en la caridad cristiana, ayudar a uno para negarle todo a todos. Colau es la pijoaparte que ha bajado a Sant Jaume a hacer esa justicia social que el pueblo demanda, que busca redimir al pueblo atravesando el túnel que conduce a San Cugat. El pueblo es ella. Ella lo encarna e Iglesias quiere feligreses.

Pobre Barcelona

Pobre Barcelona, pobre. Trías, Colau, Iceta, herederos de ladrones, de trasnochados antiCiu y de esa generación perdida del pansocialismo catalán. ¡Ay mi Cataluña!, ¿adónde vas?. Ya no hay fueros, ni prebendas obtenidas a golpe de apoyos en el Congreso, solo queda delante de los ojos una ciudad descarnada, abierta en canal, dispuesta a ser sacrificada, mirando a la Meca, para que los más bajos instintos de la democracía prevalezcan, la conviertan en el sucedáneo de una nación en un mundo global.

Ada Colau ha sacado tajada, su tajada sin hacer nada, pero con una biografía de activista, de experta en igualdad y dinamizadora vecinal. ¿Cuántos gastan su vida en sobrevivir y luchan cada día por prestar el servicio que los demás puedan retribuir en función de su utilidad? Colau no lo ha necesitado. Ha llegado a los 36 años sin trabajar, una vida por completo inútil;  su principal mérito ha sido vivir del cuento, obteniendo salarios y subvenciones exclusivamente por protestar contra las instituciones que se los daban. 2.000 euros al mes por asesorar sobre hipotecas cuando jamás pagó una y ahora ¿más de 160 billetes de 500 por asesorar como se debe dirigir la urbe catalana?.

No hay religión, ni fe que salve a los barcelonistas; el paraíso perdido, está perdido, solo queda el estupor de una política ambientada en los anales de la historia. Tendrán que venir nuevos políticos, con más mérito, más dominio del saber, nuevos e inteligentes, que sean los encargados de reconstruir piedra a piedra los cimientos derruidos de la sociedad en la que nos ha tocado vivir. Solo la consciencia y no la religión, solo la razón,  nunca las iglesias serán el paradigma de las sociedades modernas..