Menú Portada
A renglón seguido

Ciudadano Zero: Kamikaze Lubitz

Abril 6, 2015

Desde que a principios de los años setenta alzara el vuelo la formación musical de Wings, liderada por Paul McCartney, planeando sobre las nubes musicales y tocando el cielo del éxito en el top ten de las listas, nunca unas alas, con excepción –la que cumple con la regla- de su aplicación en ciertos adminículos de celulosa usados por las féminas para su higiene íntima, levantaron tanto revuelo.

Bueno, pues ahora el protagonismo ha pasado a manos, o mejor dicho a pies –por la altura-, de una compañía de altos vuelos (highs flights) y bajo coste (low cost) por nombre Germanwings, quien ha revertido los anglicismos en low flight: bajo vuelo, gracias, por desgracia, al siniestro habido recientemente en los Alpes franceses. La zona es conocida como el macizo de les Trois Évêques (los Tres Obispos), quizá por su similitud de las cumbres con el tocado –“mitra” tú por dónde-, que portan.

Un demencial ángel caido

El demérito –siempre a juicio de los velocistas especuladores del cuerpo de la noticia- le correspondía inicialmente a la propia empresa de transporte aéreo o al fabricante: a falta aún de las confesiones y lecturas técnicas en el soporte de grabación de las siempre luctuosas cajas negras… tan fúnebres ellas. Y es que, con ese apellido, a pesar de ser de un naranja intenso, nada bueno cabe esperar; sobre todo si se es supersticioso.

Una vez desgajada la tripa informativa de la primera, el zumo de la verdad apuntó a la responsabilidad directa del vecino de pupitre del comandante de la nave: el copiloto Andreas, un demencial ángel caído que, en su diabólica perversión, se hizo acompañar en su descenso por 149 arcángeles hacia la cima de su gloria personal. “Algún día haré algo grande, de lo que todo el mundo hablará” – dixit-. Se equivocaba, no había descontado de ese totum la lista del pasaje y empleados de a bordo.

El papel de la compañía aérea

Aparecida la segunda, se ha confirmado la nada sospechosa certeza de su deseo de estrellar voluntariamente la aeronave; incluso a su comodidad: con el piloto automático a los mandos del Airbus. Quizá para no perderse ni un solo detalle del tridimensional magnicidio. Ahora, mientras se recolectan las pepitas de la parca, fruto de la mala uva del teutón, para su identificación, la fiscalía tendrá que evaluar, si el retiro vital infligido a sus semejantes es catalogado como homicidio, asesinato, o cualquier otra variante legal de carácter punitivo.

Cierto es, que, aunque sin servir de consuelo para los cognados, en su pecado lleva la penitencia… que nunca podrá cumplir; si bien, es posible que comparta su irresponsabilidad con la compañía matriz Luftfalsa, que no informó a la Oficina Federal de Aviación alemana de los episodios de depresión severa del angelito.

El papel de la compañía aérea

Es posible que estuviera alienado creyendo pilotar en la Luftwafe a la búsqueda de la heroicidad en su propio combate mental, pero aterrizó en el fuselaje de la psicosis del ciudadano Zero: kamikaze Lubitz. Acaso no se aprovisionó de una buena partida de Red Bull –“te da alas”-, o comulgaba con: “volando voy, volando vengo, por el camino yo me entretengo…” (Camarón), o “vuela amigo, vuela alto, […] la gente tira a matar, cuando volamos muy bajo…” (Julio).

Cabría también, ya metidos en faena –la que generó-, la opción de: “Y construyó castillos en el aire […], en un lugar a donde nunca nadie, pudo llegar usando la razón […]. “En los demás –llamados cuerdos-, al verlo tan dichoso, cundió la alarma, se dictaron normas –modificación en materia de seguridad-, no vaya a ser, que fuera contagioso –sui caedere-, tratar de ser feliz de aquélla forma”… (Gracias Don Cortez).

Somos capaces de enviar a las alturas artefactos no tripulados teledirigidos, y no de modificar, in extremis, el gobierno de un avión anulando una posible descabellada decisión tomada en la cabina de mando. ¿Tanto habrá qué discurrir, o se pretende fomentar, sin plan PIVE, la industria aeronáutica? ¿Y qué opinan las aseguradoras, se habrán vuelto manirrotas?

El Pantocrátor acoge de nuevo a un centenar y medio de los suyos, que hasta ese momento, era de los nuestros.

Paco de Domingo