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Los puntos cardinales

Chávez vuelve a la carrera en pleno posoperatorio

Julio 5, 2011

El estado de salud de Hugo Chávez es un misterio, como misterioso es el ambiente político que se vive en Caracas y que solo da lugar a especulaciones. El episodio del absceso pélvico degenerado en un cáncer, reconocido días después en una sentida y teatral confesión de Chávez ante las cámaras, genera preguntas de complicada respuesta. En primer lugar, se cuestiona la eficacia de la sanidad venezolana, que obliga a que el jefe del Estado sea tratado en Cuba, todo un paraíso de las carencias. Si cuando los turistas regalan aspirinas al término de sus vacaciones en la isla ven lágrimas de agradecimiento en los ojos del receptor, es lógico imaginar que la situación hospitalaria para la gran cirugía sea todo un caos. ¿O es que acaso hay una sanidad especial y reservada a la nomenclatura y a los amigos poderosos fuera del alcance de los obedientes ciudadanos? Y lo que también resulta incomprensible de todo punto desde la Europa de las instituciones democráticas es que un gobernante se lleve el bastón de mando a otro país para dirigir el suyo en la distancia.

En menos de una semana hemos sido testigos del proceso desde el anuncio de la complicada operación a un “volveré pronto”, mientras el vicepresidente, Elías Jaua, se deshacía en empalagosos elogios hacia su jefe, que le dejó en Caracas más como vocero apagafuegos que como jefe del Estado en funciones. En toda esta truculenta historia, quien ha ejercido de hombre fuerte ha sido el general Henry Rangel, el responsable de las unidades operativas del país. Cuando desde la cúpula militar se tiene que asegurar con firmeza y marcialidad que el ejército garantiza la estabilidad del país es que algo no va bien. Todo esto, en plena celebración de los fastos del bicentenario de la independencia.

Ante la ausencia del presidente, la oposición ha venido argumentando que la Constitución contempla que si el mandatario supera los noventa días, se tipifican mecanismos para su relevo por falta continuada del puesto. Lo cierto es que nadie sabe de verdad qué le pasa a Chávez, y los venezolanos y el resto del mundo se han limitado a contemplar esas casposas imágenes de dos amigos en chándal, Fidel y Hugo, leyendo puerilmente la fecha del ejemplar del Granma que hojeaban, al estilo de las pruebas de vida que utilizan los secuestradores cuando quieren dar constancia de la salud de sus cautivos en una fecha determinada.

Pero el calendario sigue pasando rápida e inexorablemente y la duda se asienta en la sede del Partido Socialista Unido de Venezuela. Nadie ha tocado aún a rebato porque el liderazgo chavista no se cuestiona y tampoco nadie osa a ofrecerse públicamente como alternativa, dando la sensación de querer enterrar al jefe antes del tránsito final. El año próximo se celebrarán Elecciones Presidenciales en el país caribeño y sólo el sanedrín de médicos que atiende al antiguo golpista de boina roja puede saber cual será el porvenir de este experimento que el convaleciente ha dado en llamar nueva revolución bolivariana.

Angel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero