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Los puntos cardinales

Chávez se escribe con che, como China

Diciembre 6, 2011

Los cuidados clínicos le han sentado bien a Hugo Chávez. Es más, me atrevería a decir que muy bien, a juzgar por el éxito que ha cosechado al programar en Caracas tres reuniones hemisféricas de gran calado. Porque más allá de la importancia que pueda tener la de Petrocaribe, -el encuentro de las naciones que producen crudo en esa parte del mapa-, y de la cita de Unasur, el comandante que se atribuye a sí mismo la herencia del cetro de Simón Bolívar ha logrado una victoria sin precedentes.

Chávez ha conseguido juntar a treinta y tres países del continente americano en torno a la misma mesa, excluyendo por razones obvias a Estados Unidos y a Canadá. De acuerdo; son vecinos, aunque muy poco tienen que hacer en esta exaltación reivindicativa del “patio trasero”. Washington ya rentabilizó en su momento la Cumbre de las Américas, en la que se ponía de manifiesto que los intereses de la Casa Blanca se parecían demasiado a una forma de neocolonialismo con los vecinos que labraban su futuro en la parte sur del Río Grande.

Iberoamérica, una única voz

El comienzo del siglo era un canto a la hegemonía anglosajona. Los canadienses, por su parte, pertenecen a la órbita Commonwealth, lo que les ha permitido que, pese a ser parte integrante del Tratado Norteamericano de Libre Comercio (NAFTA), tuvieran el valor de ignorar las tesis estadounidenses en formato Helms-Burton y no dudaran en invertir en Cuba sin ningún problema.

Lo meritorio de Chávez es, en primer lugar, su capacidad de convocatoria. Habían sido llamados a la capital venezolana esos treinta y tres gobernantes, y sólo el salvadoreño, la costarricense y el peruano han excusado la asistencia. Ello se traduce en que, más allá de la división en bloques ideológicos de integración regional, superando diferencias entre bolivarianos y liberales, Iberoamérica ha querido alzar la voz, casi al unísono.

Un disimulado corte de mangas

El nacimiento de la recién bautizada Comunidad de Estados de Latinoamérica y el Caribe (CELAC), es una proclama de independencia. Porque no se trata únicamente de celebrar lo que recogen los libros de historia, con ese bienio 1810-1812 trufado de logros. El bicentenario de la soberanía iberoamericana, que tendrá una gran celebración en otoño del próximo año en la Cumbre de Cádiz, ha coincidido con el examen global de los modelos dominantes. Estamos de acuerdo en que la ciudad andaluza representa el valor de ese espíritu de libertad que hizo la travesía entre las dos orillas atlánticas, con militares ilustrados como José San Martín y otros pensadores que en las logias masónicas gaditanas cincelaron la piedra sobre la que se levantaría buena parte de la independencia americana.

En el momento en el que la todavía primera potencia y la Europa unida de los valores piden la cuenta de protección, noqueadas por esa crisis de los mercados que confieso ser incapaz de explicar, América Latina ha sido capaz de aguantar los golpes. Durante veinte años de experiencias fallidas y logros plausibles, los del otro lado del charco han sobrellevado el terremoto financiero.

Así que de todo ello deberíamos extraer algunas conclusiones. De un proyecto que surgió en el comedor habanero de los hermanos Castro hemos visto a gobernantes ideológicamente tan antagónicos como al conservador chileno Sebastián Piñera entenderse como nadie con el socialista real, Hugo Chávez. Unámoslo también la devaluación de las cumbres iberoamericanas, como la última de Paraguay, donde el desinterés de algunos de los invitados degeneró en la más absoluta descortesía. Lo de Caracas ha sido, pues, un disimulado corte de mangas. No perdamos de vista tampoco el excelente estado de salud diplomática del presidente venezolano entre los suyos, en su calidad de mentor y anfitrión. Y, sobre todo, no dejemos de olvidar que los intereses iberoamericanos se orientan hoy en día más allá de los apellidos familiares y de la epopeya del descubrimiento. ¿O es que no se han dado cuenta de que cada vez hay más arroz tres delicias en las capitales latinoamericanas?

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.