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Atando cabos

Cerco a la infanta

Febrero 3, 2013

En el caso Urdangarin, como en los numerosos casos de corrupción que nos inundan, “el marrano ha echado andar y ya no hay quien lo pare“, tal y como me apuntaba un viejo compañero de fatigas periodísticas. De forma justa o injusta lo de la presunción de inocencia es una broma del pasado, y lo de la figura del imputado es ya casi más que condenado, porque cuando llega la sentencia el castigo de la opinión pública está ya casi descontado.

Esto es una realidad, justa o injusta insisto, pero una realidad. Le puede ocurrir a los dirigentes del PP en el caso Bárcenas, y le ha ocurrido ya a la infanta Doña Cristina. La diferencia, de momento, es que en el caso Bárcenas, o mejor dicho en el caso de los supuestos sobres de dinero negro pagados a dirigentes populares, es la palabra del Presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, frente a la palabra de unos papeles publicados en el diario El País; mientras que en el caso Urdangarin ya existe una investigación judicial y un auto que es el preámbulo del procesamiento del yerno del Rey. En el caso de los supuestos sobres es la palabra de uno contra otro. En este caso “el otro” son unos papeles publicados. Y para dirimirlo, la única alternativa es la Justicia. En el caso Urdangarin ya está hablando la Justicia.

El juez habla de la continua presencia de la mujer de Urdangarin

El último auto del juez instructor del caso Noos es demoledor. Y quizá lo más llamativo son las continuas referencias que se hacen, no a Iñaki Urdangarin, sino a la infanta Doña Cristina. El Duque de Palma, según el escrito judicial, ofreció en presencia de su mujer contratos presuntamente irregulares a empleados que llevaron tareas doméón de múltiples testigos y diversa correspondencia electrónica, lleva al juez a aseverar cómo los trabajadores eran adscritos “caprichosamente” a las distintas empresas “con independencia de para cuál de ellas prestaran materialmente sus servicios“, dato que “ni ellos mismos conocían“, y cuando “a fines inconfesables convenía, se pasaban de unas a otras en clara concurrencia de prestamismo laboral”.

Así, una de las empleadas, al ser preguntada por su vinculación con la inmobiliaria, afirmó que pese a estar dada de alta en la Seguridad Social como trabajadora de esta mercantil “nunca” trabajó para esta empresa. Según manifestó, tanto Urdangarin como la infanta le entrevistaron para ver si la aceptaban como empleada del hogar, momento en el que el Duque, delante de su esposa, le comentó que no le harían contrato de trabajo sino que “cobraría en negro“. Sin embargo, cuando le dijeron que “estaban contentos” con ella y que se podía quedar, la empleada le solicitó a Urdangarin un contrato de trabajo dado que estaba en trámites de obtener la nacionalidad española, a lo que accedió el yerno del Rey Don Juan Carlos contratándola a través de Aizoon. “Cuando lo leí y me di cuenta de ello no protesté porque me interesaba más un contrato como empleada de una empresa que no como empleada doméstica“, apostilló.

Otro de los empleados que fue contratado para llevar a cabo tareas domésticas explicó que tanto él como su esposa estaban dados de alta en “Aizoon”, la empresa supuestamente participada al 50% por Urdangarin y su mujer, pero que en realidad se dedicaba a prestar servicios domésticos. Por su parte, su esposa recordó como tanto Urdangarin como la Infanta les propusieron hacerles un contrato a través de Aizoon, que “era de los señores“. De hecho, en este sentido la Agencia Tributaria acusa a Urdangarin de haber “interpuesto” a la sociedad Aizoon para facturar “ciertos servicios de carácter personalísimo” que nada tenían que ver con la actividad de la inmobiliaria, todo ello con el objetivo de reducir su propia tributación en la declaración del IRPF.

Es la primera vez que el juez habla de forma tan clara de la infanta Doña Cristina. De momento no está ni tan siquiera imputada, pero es evidente que el cerco sobre la infanta está marcado. La Justicia seguirá hablando. 

Juan de Dios Colmenero es Redactor Jefe de Nacional de Onda Cero Radio