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¡Qué fuerte!

Cavadas, el hombre casi perfecto

Mayo 17, 2012

La perfección no existe y menos en las personas. Nadie lo es y si se pretende ser, será un fracaso estrepitoso porque es imposible. De todas las facetas que conforman la vida de una persona, en unas se es mejor, en otras peor, brillante o corriente, pero nunca perfecto. Pero cuando alguien llega a la “casi perfección”, que no es otra cosa que el éxito en lo que se hace y en lo que se es, la envidia que se provoca en el resto de humanos que hubieran querido ser como él se convierte en el peor arma que pueda existir. Puedes tener una vida impecable, una acción intachable, una ejecución ejemplar en tu trabajo, ser el mejor, el más, casi perfecto, puedes ser todo esto, pero siempre habrá alguien al otro lado esperando a que metas la pata, a que te equivoques en lo más mínimo, a que seas incorrecto e imperfecto para darte la puñalada, acosarte y sacar lo peor de ti, sin tener en cuenta todo el bien que hayas podido hacer a excepción de esa pequeña mancha que en realidad no es tal, si no fuera por lo engrandecida que parece por esos personajes que le dan la importancia que no tiene.

Las consecuencias de ser uno de los mejores

Es el problema que tiene ser grande, las consecuencias de ser uno de los mejores, que siempre hay alguien pendiente de ti esperando que te equivoques para acribillarte y hacerte peor. Todo esto es aplicable al doctor Pedro Cavadas. Cavadas es grande, un número 1 que ha hecho feliz a mucha gente. Ha puesto caras, brazos, piernas, ha devuelto la sonrisa a cientos de personas a través de su genialidad como médico y como persona a través de su fundación. Pero sus enemigos le estaban esperando, agazapados, silenciosos, pacientes y, en el momento en que ha metido la pata, van a comérselo y a intentar hundirlo, no sólo como persona sino también como médico.

Todo por unas declaraciones incómodas que ofenden sólo a quien se da por aludido y que, a la mínima que conozcas el mundo en el que se mueve, no tienen nada de escandaloso ni de exageradas. Por eso van a por él, a cargárselo, a intentar que le quiten premios, reconocimientos y a soltarlo al circo para que se lo coman los leones, todo por decir que ser médico no es tirarse a las enfermeras. Precisamente entiendo que es justo lo que ha querido decir en sus declaraciones, intentar tirar por tierra ese estereotipo preconcebido que tampoco es tan incierto si ahondas un poco entre el mundillo de la bata blanca y azul. Al igual que ocurre y se da en el mundo de los jefes y las secretarias o en cualquier otra profesión, porque se trata de relaciones personales y es lo normal.

Esto no quiere decir que sea una norma general pero, que es evidente, lo es y no tiene nada de malo. Pero un grupo de enfermeros envidiosos estaba esperando a su presa para intentar hundir a un grande con exigencias absurdas que no llevan más que a ridiculizarse a sí mismos. El doctor Pedro Cavadas es un gran médico, uno de los mejores, y eso duele y crea envidia, mucha envidia. Es el deporte nacional, la envidia, alegrarse del mal ajeno, ocuparse de los demás en lugar de si mismo, así que, paciencia, doctor, mientras tanto, siga haciendo felices y alegrando la vida a los demás.