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Los puntos cardinales

Castro “Travel Tour” y las trampas en vasos de mojito

Mayo 10, 2011

Hace apenas tres semanas nos hacíamos eco en esta sección del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, centrado en la búsqueda de soluciones a la crisis económica, que en la Isla ha tenido peores efectos que en el resto de los países del hemisferio. Pues bien, dentro de esas más de trescientas medidas de choque, uno de los grandes hallazgos de la nomenclatura ha sido lanzar al aire la idea de que, por primera vez en más de medio siglo, los cubanos podrán viajar al extranjero. Sin embargo, estamos ante un nuevo fuego de artificio sin visos de realidad alguna.

A los sufridos ciudadanos se les crea un limbo de falsa esperanza sin que el régimen sea capaz de decir ni cuándo entraría en vigor el anunciado cambio ni, sobre todo, cuáles serían los límites para su aplicación. Quedan mucha mala hierba por desbrozar, como por ejemplo el infierno al que se tiene que someter cualquier cubano que vaya a viajar incluso por el interior de la Isla o, con mucha menor frecuencia, aquellos que reciben una carta de invitación desde el exterior.


El calvario empezará frente al mostrador del funcionario que decidirá de modo absolutamente arbitrario si el solicitante es merecedor de la gracia revolucionaria. El trámite, por supuesto, no está exento de tasas y pagos diversos, ejemplificando en clave de realismo negro lo peor de las burocracias estalinistas, lentas, caprichosas y desesperantes.

Enemigo que huye, puente de plata

En realidad, el Estado castrista busca aligerar lastre económico porque el sistema económico actual, -si es que damos por bueno que exista alguno-, se basa en las ayudas y los subsidios, pese a la situación de práctica bancarrota. Dicho de otro modo: enemigo que huye, puente de plata. Tenemos un ejemplo ilustrativo de algo similar, cuando en 1980 Fidel permitió un éxodo masivo de balseros desde el Puerto del Mariel. Alrededor de 130.000 personas escaparon de Cuba hacia Florida, y de ellos bastantes buscaron la fortuna fácil en el lado oscuro de la tierra prometida.

De todos modos, el régimen cubano dispone de su propia medicina para paliar cualquier efecto de felicidad en las decisiones que adopta. Si se pretende hacer real esa posibilidad de viajar al extranjero, se puede correr el riesgo de que la isla se vacíe. Para evitarlo, los menores de 16 años no pueden desplazarse fuera de las fronteras naturales del país caribeño. Es decir, son rehenes en su propia casa. Al igual que con las nuevas fórmulas fiscales aprobadas por La Habana, todo este tipo de medidas de avance son interpretadas como las trampas que el propio régimen se coloca estratégicamente para hacer que el camino hacia alguna tímida reforma democrática auténtica se convierta en las doce pruebas de Hércules.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero