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Otras opiniones

Caso Karate: condenado a 302 años de cárcel, sólo cumplirá 20, pero íntegros

Marzo 18, 2013

Una buena alimentación, vida sana, un poco de deporte… Supongo que todos nos marcamos en algún momento de nuestras vidas esos objetivos. Así que hace tiempo abandoné el sedentarismo y comencé a nadar. No es como estar en el gimnasio. En el agua no puedes escuchar música ni te distraes con las pantallas de televisión ni te entretienes hablando con los amigos y conocidos. Nadar es un deporte silencioso, educado, elegante y con múltiples ventajas. Una cabeza efervescente convierte en rítmicos y mecánicos los movimientos y elimina el cansancio, simplemente porque no piensas en el.

Hoy mismo mientras desplazaba el agua con los dedos de las manos bien juntitos, como pegados, iba dándole vueltas a un asunto del que le quiero hacer partícipe. No se si recordará usted el caso Karate, pero por si acaso se lo resumo en unas pocas líneas. Un tipo, con numerosos títulos y reconocimiento internacional, y sus dos ayudantes mujeres daban clases de kárate a menores de edad. Muchas familias pensaron que el gimnasio de Fernando Torres Baena era el mejor para sus hijos e hijas. Allí, este individuo les lavaba literalmente el cerebro.

Una tela de araña

Todo era una cuestión de presión y de técnicas de manipulación psicológica. Al final siempre doblegaba sus voluntades. Las víctimas solo se relacionaban con gente del gimnasio y si querían triunfar como él y mejorar debían obedecer todas sus órdenes. Tejió durante quince años una tela de araña en la que los pobres chavales iban quedando atrapados. Torres Baena encabezaba una especie de secta sexual. Les explicaba las bondades del sexo y les animaba a practicarlo porque así alcanzarían el éxito en el deporte. Chicos y chicas, alguno incluso de tan sólo 12 años, debían acostarse con él y con quien él dijese, hacer tríos y mantener relaciones con personas del mismo sexo, tanto con sus compañeros como con monitores.

Es todo de una sordidez tan vomitiva que sólo mencionaré el caso de un chaval de quince años. Torres Baena quería saber si podía confiar en el chico, si le podía incluir en el grupo de los elegidos. Para probar su absoluta obediencia y fidelidad le hizo caminar a cuatro patas como un perro sobre el tatami. El maestro satisfecho al ver doblegado al alumno supo que no tendría ningún problema. Así que le obligó a practicar sexo oral y anal con él y luego le ordenó que hiciera lo mismo con sus profesoras que le doblaban la edad. Por este y otros delitos, la Audiencia Provincial de las Palmas condenó la pasada semana a Torres Baena a 302 años de cárcel y las monitoras secuaces María José González a 148 años de cárcel e Ivonne González a 126 años.

Podríamos pensar que Torres Baena, de 57 años, con semejante carga punitiva morirá en la cárcel, porque no tiene vidas para redimir el dolor y el daño ocasionado ni tampoco para pagar entre rejas sus delitos. Sin embargo, mientras contemplaba la línea negra del suelo de la piscina que marca mi calle, me di cuenta de jamás cumplirá esa pena. Y no por una cuestión de imposibilidad sino porque en el Código Penal español hay una serie de reglas matemáticas y en este caso el límite máximo de cumplimiento es de tan sólo veinte años de cárcel.

Los cumplirá, al igual que sus compinches, integra y efectivamente. Puede que pase todo ese tiempo entre las alambradas de espino, pues según nuestro Código Penal, cuando el límite máximo de cumplimiento (20 años) se sitúa por debajo de la mitad de las penas impuestas en sentencia (151 es la mitad de 302 años), como es el caso, tanto los permisos, como el tercer grado y la condicional se aplicarán a dicha condena y no al límite máximo, como dice el artículo 78 del C.P.

La doctrina Parot

Pero ojo, a pesar de la confusión habida al respecto, esto no tiene nada que ver con la tan llevada y tan traída Doctrina Parot, ya que esta solo es aplicable para los delitos cometidos mientras estuvo vigente el Código Penal de 1973. A Torres Baena le afecta el de 1995. En aquel Código había algo llamado redenciones por el trabajo, que reducían considerablemente una pena, los llamados beneficios penitenciarios que en el actual no existen. No había ningún artículo que, como ahora, ordenara aplicar estos beneficios a la totalidad de las condenas. Por tanto, dichos beneficios se computaban sobre el mencionado límite de cumplimiento, hasta que el 28 de febrero de 2006, el Tribunal Supremo decidió que iba a “inventar” un doctrina para que los condenados por el Código del 73 a cientos y cientos de años no pudieran ver reducidas tan escandalosamente sus condenas, equiparándolos a los condenados por el código de 1995, de acuerdo a su artículo 78. Sin embargo, pretender arrebatar al condenado los beneficios que el Código por el que ha sido condenado le otorga, es una ilegalidad tan manifiesta que posiblemente el miércoles Estrasburgo le arree otra “leche” jurídica a España.

Usted y yo estamos al lado bueno de la Ley y debemos recordar que hay que apostar, no por la venganza que no es Justicia, sino por la reinserción del preso que es lo que defiende nuestra Constitución. Es por eso que Torres Baena sólo cumplirá 20 años de los 302 a los que ha sido condenado. Eso sí, los 20 íntegros porque en primer lugar no existen las redenciones y en segundo lugar, los permisos, el tercer grado y la condicional se le aplicarán a los 302 años, en base a la actual Ley (artículo 78 C.P.) y no a una doctrinal ilegal y oportunista desde el punto de vista contextual a la que, en justicia, le quedan horas.

Nacho Abad