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Otras opiniones

Caso Bretón: un veredicto que se deshace al mirarlo

Julio 14, 2013

Poco antes de que el jurado emitiera el veredicto, estallé. Dije públicamente lo que le escribo a usted ahora. Estoy hastiado de que hablar de legalidad se interprete como que me sitúo en la defensa de José Bretón. No lo conozco, a diferencia de otros periodistas, jamás me ha escrito ni yo a él. Por mi, como si se pudre en la cárcel. Me parece un psicópata repugnante y despreciable. Pero es que yo, cuando planteo dudas o denuncio errores, lo hago porque creo que deben acatarse las reglas del juego, porque anhelo vivir en un país en que se respeten los derechos de todos los ciudadanos, incluido el que se apellide Bretón. Y eso, que tengo el convencimiento personal de que mató a sus hijos.

El fin no justifica los medios

Muchos amigos que me dicen que, en la esencia y en la generalidad de mi discurso, están de acuerdo conmigo, pero que en el caso de José Bretón hay que hacer una excepción. Que si ha habido errores, no pasa nada; Si los indicios son endebles, no es importante; Si se ha vulnerado algún derecho, que se joda; Debe ser condenado. Eso sí, me matizan, estas frases sólo son aplicables a su caso, el resto debemos tener todas las garantías. Me sublevo ante las ilegalidades. La Ley no puede hacer excepciones, todos somos o deberíamos ser iguales ante ella.

Me acuerdo del caso de Dolores Vázquez y me duele el alma pensando en lo que debió sufrir aquella mujer. Recuerdo que afirmaban que había 33 indicios brutales contra ella, de los que no se podía dudar ni cuestionar. Tanto que el jurado popular llegó intoxicado al juicio, Loli era culpable, no cabía otra opción. Aquel enorme error permitió que Tony King siguiera libre y años después asesinó a Sonia Carabantes. Conocí a sus padres y no sabe usted como se me encoge el estómago cada vez que los recuerdo llorando. Tan buenas personas, tan generosos, tan humildes.

Las pastillas

No es el caso de José Bretón. Este capullo es culpable, pero algunas evidencias no se sostienen. La primera es que el jurado popular dio por probado (¡¡de forma unánime!!) que José Bretón dio pastillas a sus hijos: “El acusado les suministró, en el trayecto a las Quemadas o al llegar a la finca, un número indeterminado de pastillas (…) para facilitar su adormecimiento total y/o su muerte”. Basan su convencimiento en que engañó y manipuló al psiquiatra para que se las recetara. Yo estuve todos los días en el juicio y lo que el doctor dijo fue que se las recetó él a José Bretón porque quiso. Argumenta también el jurado que no dio razón de su paradero, que no se lo contó a la policía, que se comprobó que las compró y que se puso muy nervioso cuando los agentes hallaron la receta de los medicamentos en su casa. Todo aceptable.

La pregunta es, ¿todo eso prueba que le dio las pastillas a los niños? Obviamente no. El jurado es tan poco preciso en su respuesta que no puede probar si se las dio en el coche o en las Quemadillas, cómo se las dio, ni qué cantidad, ni si la intención era dormirlos o matarlos. No existe un examen toxicológico que demuestre que fueron drogados. Yo creo que lo hizo, pero mi opinión es subjetiva y como le digo, es tan solo una opinión, la mía. Objetivamente, no hay prueba de que José Bretón diese a sus hijos Motivan y Orfidal, aunque nos joda. ¿Todavía hay alguien que cree que el jurado popular no tenía una idea previa del asunto? ¿Qué no llegó contaminado? ¡¡Vamos, anda!!

La causa de la muerte

Dice el jurado popular por unanimidad que “una vez que llegaron a la finca, sobre las 13,48 horas del 8 de octubre, el acusado telefoneó de nuevo a su esposa, sin que lograra comunicar con ella, por lo que decidió seguir con su propósito criminal”. Me pregunto como leches alguien puede probar algo así. Lo único objetivo es la llamada, está en el registro telefónico. Punto. Incluso, las cámaras de seguridad sitúan a Bretón entrando en su finca a las 13,53. Pero este es un dato insignificante. Lo único cierto es que sólo Bretón puede saber para qué llamó a Ruth y si decidió algo en función de esa llamada. La verdad, la única, la almacena él en su cabeza. Usted y yo podemos suponer, pero no demostrar, y tampoco el jurado.

Sigo. “El acusado, prevaliéndose de su condición de padre y de su mayor fortaleza física, confianza de los niños y autoridad sobre ellos, acabó con su vida”, asegura el jurado, que al tiempo reconoce que no puede determinarse si ya estaban sin vida cuando los colocó en la hoguera o todavía no habían fallecido. Y una vez más no entiendo nada. Si recuerda usted, el profesor Etxberría (al que tengo un enorme cariño y respeto) aseguró que los niños llegaron cadáveres a la hoguera. Lo basó en el estudio empírico de los huesos. De eso, no debería quedar ninguna duda, pero increíblemente el jurado lo deja en el aire. Sin embargo, dice que la muerte es violenta homicida porque lo opina el profesor vasco. ¿Cómo justifica él tan tajante afirmación? Explica que los niños no se suicidaron. Es obvio. Asegura que no fue un accidente. ¿Está probado que no lo fuera? En mi opinión, no. Por tanto, José Bretón tuvo que asesinarlos. Etxeberría asume que es sólo su deducción y reconoce que no puede determinar la mecánica de la muerte. Pero aún así los nueve miembros defienden que hay prueba para demostrar que los mató.

Si sigo analizando, sólo me salen conjeturas, opiniones y deducciones racionales pero no tan lógicas como se exige para sustentar una condena con base en indicios. Creo que Bretón es culpable, que mató a sus hijos, que merece pasar el resto de sus días sufriendo en prisión, pero espero que en España se condene al resto de ciudadanos en base a indicios y pruebas de peso. A Bretón que le den, ¿no?

Nacho Abad