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Otras opiniones

Caso Bretón: Más errores

Septiembre 16, 2012

Cuando era un adolescente leí El Señor de los Anillos, una novela que disfrute en toda su extensión y de la que muchos años después todavía recuerdo una frase: “No es oro todo lo que reluce”. Le digo esto, porque España entera está convencida de que José Bretón es culpable. Yo reconozco que también. Pero desde que mi padre leyó los informes de los peritos y se mostró mohíno y taciturno, una mosca cojonera no ha dejado de incordiarme. Por eso, con su permiso voy a recapitular un poco los hechos de las últimas semanas y así le explico de dónde surgen las dudas.

Un primer informe de la policía científica, que en realidad era una nota informativa pero alguien se obstinó en convertir en tal, estableció que los huesos de la hoguera de Las Quemadillas eran de animal. Los siguientes informes, el de el Profesor Etxeberría, el de Bermúdez de Castro, el del Instituto Nacional de Toxicología y el de tres peritos de la Escuela de Medina Legal de la Universidad Complutense de Madrid concluyeron lo contrario, que los huesos son humanos.  El escándalo fue monumental. La perito fue destituida, la policía inició una investigación interna y caso cerrado e incluso condena sin juicio. Bretón debía pasarse el resto de su vida en la cárcel. Y objetivamente, si alguien lo mataba, la sociedad no perdía nada. Al revés, se ahorra dinero de mantenerlo con vida. 

Seis ojos ciegos
Confieso sin tapujos que mis pensamientos seguían el planteamiento mayoritario en cuanto a la culpabilidad, hasta que le arranque a mi padre (ver artículo anterior) sus sospechas: “Mira los astrágalos del informe de la Escuela de Medicina Legal”, me advirtió. No perdí un minuto. Bajo el epígrafe “Restos óseos reconocibles” se podía leer, entre otras cosas:

“Astrágalos derecho e izquierdo (correspondientes a una edad aproximada de seis años”

“Astrágalo izquierdo (correspondiente a una edad aproximada de dos años)

“Astrágalo izquierdo infantil, que corresponde a unos dos años de edad”

¡Científicamente el dato implicaba que en la hoguera había huesos de tres niños! ¡¡¡Pero eso era imposible!!! ¿Bretón era un asesino en serie? Aclaro, por si no está ducho en anatomía, que los astrágalos son las tabas con las que jugábamos en la infancia y que en el cuerpo todos tenemos uno izquierdo y uno derecho. No más. Entonces, ¿qué había pasado? Solo cabía pensar que se tratase de un error, pero ¿cómo narices a tres peritos, seis ojos, se les había escapado algo así? Peritos de renombre que encima estaban advertidos del error de la Policía Científica. El fallo se hizo pasar por algo nimio, sin importancia. “Va, no es nada, es que se ha repetido una frase. Un error tipográfico. Nada más”, explicaron estos expertos, aunque después cambiaron el astrágalo izquierdo y dijeron que era derecho. Pero obviaré la primera justificación por apresurada . Muchos pensaron que hacer público este dato era “hacerle”  la defensa a Bretón, pero ¿sabe usted qué habría pasado si no se hubiera conocido el dato ahora? Le pongo en situación.

Más de lo que parece

Comienza el juicio, los tres peritos de la Escuela de Medicina Legal están sentados para declarar, tranquilos, sosegados, incluso en su fuero interno henchidos de orgullo porque su extraordinario conocimiento va a retirar de las calles a un ser inmundo. Ellos externamente aparentan humildad. “¿Se ratifican ustedes en su informe?, les pregunta José María Sánchez de Puerta, abogado de la defensa. Ellos confiados, orgullosos de su saber, no permitirían que nadie los cuestionase: “¡Por supuesto!”. “¿Me pueden explicar entonces cómo hay dos astrágalos izquierdos de niño de dos años?”, insistiría el abogado. Los tres como locos buscarían la página seis donde quedaba constatado el error. Tragarían saliva, pensarían “tierra trágame”, para finalmente responder: “Bueno, es un error informático, en realidad queríamos decir derecho. Está usted tratando de buscar tres pies al gato”. Y en ese momento, el abogado de Bretón habría logrado destrozar la credibilidad de todo el informe: “Si han cometido ustedes ese error, ¿por qué no puedo yo pensar que han cometido más? Por ejemplo en sus conclusiones”.

Desde un punto de vista jurídico el informe perdería toda su credibilidad. No serviría para ayudar a la condena de Bretón, sino todo lo contrario, para absolverle, porque le recuerdo que el principal indicio son los huesos, pero que si los informes no son creíbles, la conclusión es obvia: quedaría libre. Por eso se hizo público el dato, para que sus responsables lo arreglaran antes de que fuera tarde. Pero su orgullo les ha impedido reconocer que era escandaloso, de una enorme gravedad que estoy seguro que ahora usted entenderá. En esta España, a veces de pandereta, no les oirá usted ni dimitir ni pedir perdón porque su fabuloso informe, tras el arreglillo, sigue reluciendo como el oro, pero ¿no se pregunta usted si en realidad, al final, será bisutería?

Nacho Abad