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Otras opiniones

Carolina de Mónaco pasa de Ernesto de Hannover

Julio 28, 2011

La relación de Carolina de Mónaco y Ernesto de Hannover empezó envuelta en la polémica. Por aquel entonces, el noble alemán estaba casado con Chantal Hochuli, madre de sus dos hijos mayores y buena amiga de Carolina. Sin embargo, eso no impidió que la princesa monegasca y Ernesto hicieran una escapada a Tailandia para vivir su amor. Los comentarios arreciaban y como por arte de magia aparecieron una fotografías donde el alemán y su esposa paseaban enamoradísimos. Aunque en principio Hochuli no daba crédito, al final, se rindió a la verdad. La prensa consiguió captar la evidencia y se impuso el divorcio. Cuentan que Rainiero sufrió un gran disgusto al enterarse de cómo había sucedido todo. No fue plato de gusto para él saber que su hija había sido la tercera en discordia. Sin embargo, el anciano perdonó y estuvo presente en la boda que Carolina y Ernesto protagonizaron en el palacio de Mónaco. Por aquel entonces, se filtró que la princesa ya estaba embarazada de tres meses. Aunque se desconocen los motivos, el caso es que Carolina intentó hasta el último momento utilizar ropas que disimularan su estado de gestación.

Una vez ya formalizada su unión, la pareja inició su vida en común sin tener que esconderse. Les gustaba escaparse a la isla de Lamu, en Kenia, donde Ernesto tiene una casa frente al mar. Por cierto, que allí protagonizó un sonoro altercado con el dueño de un local por una cuestión de decibelios. El príncipe, al no poder conciliar el sueño, se personó en el bar y se lió a puñetazos con el propietario. Su guardia de corps hizo lo propio con otras personas que allí se encontraban, amén de destrozar cuantos objetos encontraban a su paso. Sin duda, uno más de los episodios que han encumbrado al alemán al primer puesto en el ranking de los príncipes que pierden los papeles a la primera de cambio.

Los excesos pasan factura

Tras jugar a esconder su embarazo, Carolina dio a luz a la pequeña Alexandra. Una niña que se convirtió en el centro de la vida de sus padres. La pareja viajaba con frecuencia a Mónaco, donde la hija mayor de Rainero cumplía con sus obligaciones de primera dama. Parecía que el matrimonio funcionaba a la perfección. Sin embargo, Ernesto no había abandonado su afición a la vida loca. Estando su suegro agonizante, tuvo que ser ingresado en un hospital monegasco a consecuencia de una afección en el páncreas. La cosa pintaba mal. De hecho, no pudo acudir al funeral de Rainiero. Antes de recibir el alta, los médicos le advirtieron que debía echar el freno y cambiar su modo de vida. Él prometió hacerlo. Incluso concedió una entrevista para limpiar su imagen. Fue todo un shock leer que Ernesto se definía a sí mismo como un campesino que amaba la vida tranquila y familiar.

Lo cierto es que Carolina puso toda la carne en el asador para que su marido abandonara su afición a los excesos. Intentó que siguiera los consejos médicos. Sin embargo, Ernesto volvía a las andadas una y otra vez. El matrimonio empezó a hacer aguas. La princesa monegasca se dio cuenta que el alcohol y las fiestas se interponían entre ellos. Empezaron las tensiones y el amor se tornó hielo. Cada uno fue por su lado. A él le captaron en amor y compañía junto a otra mujer en Tailandia. Por su parte, la princesa se refugió en Mónaco con su hija menor. Dicen que, desde entonces, apenas han cruzado palabra. Se desconoce si se han divorciado de forma oficial, pues no se ha comunicado nada al respecto a los medios. Es más, cuando se pregunta por el asunto a los encargados de prensa del palacio de Mónaco, se niegan a responder.

Ernesto ha vuelto a la actualidad tras conocerse que había sido ingresado en Ibiza. Otra vez el páncreas le ha jugado una mala pasada. La noticia ha pillado a Carolina de vacaciones en Italia. Sin embargo, no piensa interrumpirlas para visitar al que se supone como su todavía marido. Y es que acabó hasta la peineta de Ernesto y no quiere ni oír su nombre.

 

Por Joana Morillas

jmorillas@extraconfidencial.com