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Entre alfileres

Carolina de Mónaco: “arreglá” pero informal

Abril 7, 2014

“Estoy atacá. Pero que estoy atacá”, que diría Martirio. Desolada. Hundida en la miseria. No quepo en mí de desdicha. Que no. ¡Cómo es posible! ¡Cómo puede levantarse por las mañana en cualquier lugar del mundo y NO LEERME! Si, señores, lo reconozco, me ignora, le dan igual mis artículos, no me sigue. Carolina de Mónaco, la hija de Rainiero, una de las mujeres más elegantes del mundo no me lee. Y desde entonces, “vivo, sin vivir en mí”.

Me encanta el Baile de la Rosa. Vaya momentazo. Todos los Grimaldi reunidos, cada cual más guapo, felices -¿felices?- cual perdices. Guapos, ricos, famosos, elegantes… además, pasan los años, Carolina se hace abuela y da igual. Ella es… como podríamos decir, como la Preysler. Por ellas no pasan los años, no pesan los kilos, no… nada. Nunca defraudan.

Carolina en zapatillas en el Baile de la Rosa

Pues, decía, esperaba yo, ansiosa estaba de ver el momento vestido que había lucido la madre del heredero y su hija, su clon Carlota, cuando se me fueron los ojos, ojipláticos, a sus pies. Ni me fijé ni en su Chanel de inspiración oriental, ni en Karl Lagerfeld, quien iba a su lado, ni en el resto de acompañantes. Mis sentidos, todos, los cinco, se dirigieron a sus partes más bajas. A las, por supuesto, también Chanel que lucía en sus pies.

¡Qué se ha puesto unas sneakers con un vestido de gala, en una gala rosa! Ahhhhhhhhhh. Y por cierto, por si alguien lo ha olvidado, unas sneakers son unas zapatillas de deportes con brillantes, algunas incluso tienen cuña. Las suyas, dentro de lo malo, no tenían tacón. Uffffffffffff. Menos mal. 

Para todo hay una excusa, y sobre todo si eres Carolina y la reina de la elegancia. Las zapatillas pertenecen a la última colección que ha diseñado su diseñador favorito para su marca ideal, quien por cierto diseñó la gala. Hablamos, of course, del “káiser”, del gran Karl Lagerfeld.

Una chica divina que se llama Carolina

Pero, seguro que te preguntas, ¿qué pasaría si tú o yo nos presentáramos en una cena de gala con lentejuelas y zapatillas con brillantes? Yo también me lo pregunto. Y la respuesta seguramente es la misma. Carolina tiene una excusa, pero da igual. Ella acaba de ser operada de la rodilla y aún se encuentra convaleciente. De ahí, el bastón negro que la acompaña en todo momento.

Ella puede ponerse lo que quiera y tú y yo no. De largo y en zapatillas estaríamos ridículas y seríamos el haz me reír de cualquier fiesta.

Lo escribí hace un par de semanas, una cosa es que se lleva el sporty look y otra muy distinta que mezcles el chándal y los zapatos o el vestido largo con deportivas por muy de moda que esté o por muchos brillantes que tengan. No lo hagas a no ser que seas, como dice la copla, “la hija de Rainiero, una chica divina que se llama Carolina”.

Garbo