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¡Qué fuerte!

Cariño, esto no es lo que parece

Diciembre 2, 2010

Mientras medio país sigue de resaca por el atracón de goles del lunes y el otro medio está con la cabeza bajo tierra cual avestruz. Mientras el Senado se devanea los sesos para tener contenta a una gran parte -que fuma o que no-, pero que se perjudica seriamente su negocio si se prohíbe. Mientras las nuevas cifras del paro nos ponen a 25.000 personas más en la calle. Mientras soportamos gélidas temperaturas en este otoño que aguantó el calor todo lo que pudo y, sin esperar a que llegue el invierno, nos está abofeteando con el frío y la nieve. Mientras los de AENA anuncian huelgas para Navidad contra la privatización.

Mientras todo esto, sale una encuesta sobre la infidelidad en España. Aunque, en realidad, lo que más debería aterrorizarnos y preocuparnos es que Zapatero haya dado plantón a la Cumbre Iberoamericana. Con lo que le gusta a él un codo a codo con los grandes líderes como Evo o Hugo, que los haya plantado porque tiene que presentar las medidas anticrisis, debería dar más miedo que confianza. Por eso, para no asustarnos antes de tiempo y tener la mente ocupada, les voy a contar la última encuesta sobre infidelidades. Es mejor hablar de cuernos que de abrocharse los cinturones porque la que se nos viene encima son gordas.

Así que, retomando la encuesta y, suponiendo que los encuestados no mientan -cosa que me extraña muchísimo porque en estos asuntos es muy difícil ser sincero y decir la verdad-, un 44% ve en el hecho enamorarse de otro un signo de infidelidad. Un 39% ya ha sido o podría ser infiel; es decir, 4 de cada 10 españoles. Besar a otra persona en la boca no es infidelidad para el 33%. Menos mal que casi todos, el 96%, considera que sí es infidelidad mantener sexo con otra persona que no sea tu pareja. El 17% de los españoles confiesa haber sido infiel alguna vez. Y hay un 22% que, aunque no lo ha sido, está predispuesto a ello. El 21 % de los hombres confiesa haber sido infiel a sus mujeres. Sin embargo, uno de cada diez reconoce haber engañado a su marido. Un 14% piensa que es posible amar a tu pareja mientras se le engaña. Y por último, el 60% de los hombres son más propensos a perdonar la infidelidad que las mujeres, un 54%, aunque son éstas las que más han admitido haberlo hecho.

Pese al baile de cifras, que me sorprende y no me cuadra, porque no es normal que el 17% reconozca haber sido infiel y un 39% lo haya sido o podría serlo, por ejemplo. Como tampoco me parece lógico que se piense que un beso en la boca no es infidelidad pero sí lo es si te metes en la cama. Que sólo el 17% de los españoles sea infiel no se lo creen ni ellos mismos, los encuestados me refiero. De todos los hombres que conozco -y cuando digo “conozco” me refiero a tener trato y amistad y no de vez en cuando y por lo tanto no estoy generalizando-, podría contar con los dedos los que no han sido infieles alguna vez. Al igual que podría contar con los dedos, las mujeres que sí lo han sido.

Creencias irreales

La culpa de todo esto la tienen nuestras madres y las películas románticas, que nos han hecho creer que existen las relaciones fieles y perfectas, para toda la vida y hasta que la muerte nos separe. Y no es verdad. Nos tendrían que haber educado con la mente y las actitudes de los animales, para no sufrir tanto por los dichosos cuernos tan típicos españoles. Líos de oficina, parejas de matrimonios amigos que se intercambian sin saberlo a los maridos o a las mujeres, noches de borrachera y si te he visto no me acuerdo. Y si no, pues se paga, que para eso están, y la prueba está los domingos por la tarde en los clubs de carretera con los aparcamientos llenos de coches.

Conocí a un machote que, durante un mes, estuvo con cuatro mujeres diferentes, además de tener a la suya en casa, una por semana y no era algo esporádico. Indignante. No estoy en contra de las relaciones libres, pero si se es infiel por naturaleza y se practica, mejor no comprometerse y no hacer daño a nadie, antes que tener que decir la frase: “Cariño, esto no es lo que parece” pero, desgraciadamente, vivimos en una sociedad hipócrita donde las apariencias engañan y la cara no es el espejo del alma.

Rosana Güiza

rosanaguiza@extraconfidencial.com