Menú Portada
Los puntos cardinales

Cardiff, la OTAN y la nueva diplomacia

Septiembre 2, 2014

Comienza septiembre y es, sin duda alguna, el inicio de una nueva temporada, de un periodo de especial significado en política internacional. Entre mañana y pasado, los veintiocho países de la OTAN se reúnen en la capital del País de Gales para definir y rediseñar el futuro de una organización que surgió en la Guerra Fría como instrumento defensivo ante el expansionismo soviético del Pacto de Varsovia y que hoy, sesenta y cinco años después, vuelve a mirar a Moscú con casi el mismo recelo.

Los aliados habían convocado esta Cumbre en Cardiff para analizar casi monográficamente el fin de la misión en Afganistán, la más ambiciosa de cuantas han sido puestas en marcha por el bloque occidental a lo largo de su historia. Sin embargo, el final de la operación ISAF va a pasar casi a un segundo plano por los nuevos retos a los que hace frente la mayor organización militar del planeta.

El problema de Ucrania
 
La actitud de Rusia respecto de Ucrania es uno de los quebraderos de cabeza de este conjunto de países que cada día ponen más en evidencia sus diferencias sobre el modo en el que enderezar la política provocadora y anexionista de Vladimir Putin. El presidente ucraniano, Petro Poroshenko, acudirá invitado a la cita de Cardiff y hay en el seno de la Alianza Atlántica quien apuesta por incorporar al Gobierno de Kiev como nuevo miembro del Tratado Atlántico.
 
En este contencioso, de cualquier modo, la OTAN está atada de pies y manos, toda vez que si abre sus puertas a Ucrania, el Kremlin lo interpretaría como un desafío. De igual manera, en virtud de los términos suscritos cuando se creó el Consejo OTAN-Rusia, los aliados no pueden realizar despliegues militares en las fronteras de la Federación Rusa. Desde que llegó al poder, Putin ha sido un problema para Occidente, y en especial, para Barack Obama.
 
La moderación de Obama y el surgimiento del yihadismo
 
El presidente norteamericano ha optado por la moderación, a diferencia de su antecesor George W. Bush, consciente del coste material y humano que supusieron las misiones en Irak y en Afganistán. Obama parece renunciar a la tradicional pax americana porque desde la campaña electoral de 2008 defendió la multipolaridad de un mundo en el que Washington ya no ostentaba la hegemonía. En Cardiff, pues, se van a poner sobre la mesa aspectos tan diversos y a la vez tan complejos de resolver como el contencioso ruso-ucraniano, por un lado, y la expansión del yihadismo desde el Magreb hasta la antigua Mesopotamia.
 
Y es éste el asunto que más preocupa al presidente de Estados Unidos, a quien no le gusta que le recuerden que después de ocho años de operaciones en Irak, buena parte del país y de la vecina Sira han acabo convertidas en una califato irracional de sangre y terror. Obama sabe que sólo puede contar con pedir el apoyo material limitado de algunas naciones aliadas, desde algunas de las cuales se ha nutrido la causa yihadista con voluntarios volcados en la defensa de la Guerra Santa contra Occidente.
 
Muchos frentes abiertos
 
La Casa Blanca logrará respaldo entre sus países amigos, pero en ningún caso un bloque dispuesto a una gran movilización de tropas en toda regla contra un enemigo muy difícil de identificar. El dilema para Obama, además, es que gran parte del pueblo americano espera decisiones, firmeza y acción, esa misma ciudadanía que en noviembre volverá a votar en las Legislativas Parciales en el ecuador del mandato presidencial.
 
La OTAN aprovechará también esta reunión de jefes de Estado y de Gobierno para ultimar un modelo de financiación que todos los miembros sean capaces de cumplir, y que en algún caso puede sustentarse en la potenciación del I + D con base en la industria militar. La redefinición de la Alianza Atlántica coincide con los nuevos cargos en las instituciones de la Unión Europea. La Comisión Juncker se completa con el polaco Donald Tusk como presidente del Consejo y de la italiana Federica Mogherini como responsable de la Política Exterior comunitaria, a la que se acusa de tibieza respecto de Rusia. Arranca, pues, un nuevo quinquenio para una Europa que hasta el momento se ha limitado a centrarse en las repuestas que exigían los mercados, dejando a un lado la necesaria identidad y el discurso de una sola voz en los grandes desafíos diplomáticos. Cardiff va a ser el escenario de las discrepancias entre las potencias que, sin embargo, comparten un problema común. A Obama le quita el sueño el terrorismo yihadista y a Putin, también.
 
Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.