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Los puntos cardinales

Carambolas del acuerdo nuclear con Irán

Noviembre 26, 2013

El acuerdo alcanzado entre el denominado Grupo 5 + 1 y las autoridades iraníes tiene que ser valorado en su totalidad como lo que es, sin aspavientos, con una razonable dosis de templanza y moderado entusiasmo. De entrada, el resultado de las intensas conversaciones de Ginebra rompe casi diez años de bloqueo en un asunto tabú y abre un marco de confianza mutua, aunque por el momento se limite a una primera fase de seis meses. Será cuando concluya ese periodo, y no antes, cuando puedan extraerse conclusiones y argumentar si se ha tratado de un compromiso real y beneficioso o simplemente de una maniobra de distracción de los ayatolás. De momento, lo que sí podemos hacer es analizar cómo se ha acogido lo ocurrido en la ciudad suiza en tres escenarios bien diferentes.

El primero, claro está, Estados Unidos, donde Barack Obama recupera iniciativa en política internacional, algo a lo que suelen dedicarse los presidentes que agotan su segundo y último mandato. Se le nota más tranquilo porque sabe que está más cerca la resolución del dossier que realmente le preocupaba por sus repercusiones en la región, más incluso que la crisis siria, como ya contamos en su momento en esta misma sección. Simultáneamente, ha logrado que pueda convocarse la  conferencia internacional para la crisis de Siria también en Ginebra el próximo 22 de Enero. Los grandes periódicos norteamericanos apoyan esa apuesta de Obama por la diplomacia pero el presidente tendrá ahora que emplearse para convencer a los escépticos, tanto en el Capitolio como en la opinión pública, a sabiendas del enorme peso del lobby de judíos americanos.

Distanciándose de Israel

Se rubrica, pues, el distanciamiento entre Obama y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, para quien lo acordado es un fenomenal error histórico. El Gobierno de Israel empleará toda su gigantesca capacidad propagandística para destacar las maldades y las trampas que esconde el acuerdo. Lo curioso es que Israel siempre elude responder con claridad cuando se le pregunta sobre sus arsenales atómicos, defendiendo esa ambigüedad en clave de estrategia de seguridad nacional.  La división es especialmente significativa entre las monarquías del Golfo Pérsico, donde observamos el beneplácito en Emiratos Árabes Unidos o, especialmente, en Bahrein, de mayoría chiíta. En contra, la poderosa monarquía saudí, consciente de que con esta decisión las potencias nutren las ansias de liderazgo de Irán en el mundo musulmán, a merced de la pugna entre los chiítas encabezados por los ayatolás de Teherán y los sunníes seguidores de la Casa Real saudí. Además, en Riad se teme la competencia del crudo iraní, hasta ahora sujeto a las sanciones.

Ahora toca la Unión Europea

Otro foco de interés es la Unión Europea, actor fundamental en el desarrollo de las difíciles conversaciones pero con una gran visión de futuro desde el comienzo de los contactos. De hecho, funcionarios próximos a la Alta Representante de la Política Exterior, Catherine Ashton, que ha cobrado un merecido protagonismo, ya daban a entender a comienzos de este año que se experimentaría un cambio muy significativo en las relaciones con la República Islámica. Los iraníes, el gran pueblo heredero de los persas, son muy conscientes de que el acuerdo de Ginebra les beneficia, económica y socialmente. Aceptan limitar el enriquecimiento de uranio con fines pacíficos a un 3.5 por ciento y parar la construcción de un reactor de agua pesada. La contrapartida a esas concesiones se traduce en cifras, en una horquilla entre tres mil seiscientos y casi siete mil millones de dólares que permanecen congelados como parte del programa de sanciones. El mercado iraní, por tanto, puede abrir sus puertas al mundo. Los efectos han sido instantáneos: subida de las bolsas y bajada del precio del crudo. Es un nuevo marco al que se debe dar un margen de esperanza. Porque es bueno para todos, incluso para Israel.

Ángel Gonzalo, Redactor Jefe Internacional de Onda Cero.